Opinión

Anillo y lección

PÁLIDA CONDENA

Miguel Ángel Gómez | Martes 05 de mayo de 2026

Uno arde como el papel como en aquella novela de Bradbury, se ha repetido frecuentemente. La literatura, entonces, es -o puede ser- esto: alguien que enciende una cerilla y trae lo inagotable. En El anillo del nibelungo (Edhasa) afirma Enrique García Revilla que es la suya “una novela que recoge el argumento de la tetralogía wagneriana y lo presenta el lector de una manera asequible”. Y añade que su lectura suena “a poema épico al oído del lector en los epítetos épicos de dioses y héroes o en multitud de guiños y referencias literarias”.

Digamos, para empezar, que Enrique García Revilla ha optado en El anillo del nibelungo -el título está tomado de la partitura más sublime del músico de Leipzig- por apartar el polvo que ha ido dejando el tiempo en el antiguo cantar (sobre todo Sigfrido y El ocaso de los dioses), y convertirlo en otra cosa, exprimiendo un poco de la esencia de la perpetua melodía interior de Wagner. Y lo ha hecho de ejemplar manera. Aquí no parece un pretexto forzado. Una obra puede contener mestizaje, ser un pájaro ligero por el árbol del ejercicio estilístico.

De dioses que son como monstruos del doctor Frankenstein, pero de una nueva especie, nos habla García Revilla. Sabe contar, sus páginas brillan y arden convertidas en una fuente de invenciones creando una atmósfera inquietante. Abundan, honestamente, gigantes que se retiran hacia lo hondo de nosotros mismos, por supuesto paisajes que tienen algo de lunar, bosques donde no suena del mismo modo el viento al moverse entre fresnos que entre abetos o hayas (“las sonoras hayas me enviaban desde la altura sonidos de alivio y regocijo en los rumores del viento amigo”).

Doctor en Filología -leemos su biografía en la solapa del extenso libro- y catedrático, crítico musical en Scherzo, García Revilla es buen conocedor de la literatura deudora de Borges. La verdad de la verdad es que se nota en su atención al detallismo o a la enumeración (“Dejamos atrás bosques, praderas y collados hasta alcanzar una altitud que impedía el crecimiento de vegetación”), en la quietud sin silencio (“El alba iba a hallarme firme e impasible. Y fue antes de las primeras luces cuando otro sonido captó mi atención. Alguien cantaba a un centenar de pasos. Una voz femenina, clara y lírica, que entonaba graciosas aliteraciones”; “Mi vida había sido demasiado larga sin haberla compartido con una compañera fiel. Construiría una cabaña fuera del Nibelheim para vivir los dos”), se lee con gusto al hablar de la bella ondina.

Es una novela que está escrita, para decirlo a la manera de Bolaño, “para tener breves sueños que nos remitan a vidas que ya no podremos vivir”. Como afirma Pessoa en un destacado poema, quizás nunca hayas vivido o estudiado o amado o creído. Pues es posible hacer los gestos de todo esto sin hacer nada de ello.

En la citada nota de autor, nos recuerda: “Una vez tomada la decisión de escribir este libro, vino la cuestión de qué registro emplear, es decir, ¿cómo se expresan los dioses? Puesto que el poema se edifica sobre los elementos de la épica medieval germánica y de su cosmogonía mitológica, tomé como ejemplo los poemas homéricos (a partir de los cuales se han escrito decenas de novelas) y los cantares de gesta”. Y enseguida nos damos cuenta de que el verso es una llave que abre un paraíso más amplio, nuestro inconsciente, que abre las puertas del infinito.

El curioso lector que sabe que el tiempo es una carrera, una carrera cada vez más rápida (Martin Amis) y que aún hojea las novedades de los libros recién salidos al mercado, sin observar nada en concreto y observando el universo en un grano de arena, haría mal en desdeñar El anillo del nibelungo de Enrique García Revilla. Es un libro para abrir por cualquier parte, como todos los libros de aventuras y de fantasía, y leer cuidadosamente, tratando de comprender.

Me imagino a su autor frente a un puñado de lecturas, que examina concienzudamente, escuchando a Berlioz, que no es mala manera de vivir, y tratando de escribir contra las distorsiones de la memoria.