El Paris Saint-Germáin le recordó este miércoles a Europa quién es el mejor equipo del Viejo Continente. Llegó a Múnich con la exigua ventaja cosechada en la ida, con una explosión legendaria de fútbol ofensivo, y remató su acceso a la final en la vuelta, en base a una exhibición defensiva, demostrando que domina mejor que nadie todos los registros de este deporte. Por eso jugará el 30 de mayo su segunda final de Liga de Campeones consecutiva (algo que no sucedía desde que el Real Madrid de Zinedine Zidane lo lograse en 2017, durante su histórica etapa triunfal). El Bayern, por su parte, se quedó a las puertas con una sensación abrumadora de impotencia ante el ejercicio de control establecido por un rival que desnudó sus vergüenzas: ni pudieron imponer su sobresaliente potencial atacante ni suturaron sus graves problemas en la retaguardia (que les había traído a esta cita con 11 goles encajados en los tres partidos previos). El desenlace de una eliminatoria sin par, entre los dos escuadrones más goleadores del torneo, se definió por la excelencia en el achique. Así de extraordinario este juego.
Luis Enrique Martínez sabe cómo se conjugan estos desafíos, también desde la sala de prensa. En la previa auguró que se repetiría la locura creativa de hace una semana, en el Parque de los Príncipes, y señaló que iban a necesitar marcar "al menos tres goles" para pasar de ronda... pero trabajó y pensó la manera de apagar la fiesta y someter la calidad a la dictadura del orden. Es decir, en público puso un anzuelo y en silencio construyó un plan totalmente diferente, de sudor, barro y sacrificio, de un estilo imprevisto para su homólogo Vincent Kompany, que también introdujo mesura al sentar a Alphonso Davies por el más ordenado Josip Stanisic. Y el estratega asturiano triunfó desde temprano, supliendo al lesionado Achraf Hakimi (baja nuclear) por el potente centrocampista Warren Zaïre-Emery en el lateral derecho y dando la titularidad a Fabián Ruiz. El estilete español lo ha pasado mal en 2026 por culpa de una dolencia que le ha mantenido parado tres meses, pero está de vuelta y su colectivo lo agradece. Sabe destruir, hacer coberturas, desmarcarse en profundidad y limpiar jugadas con similar exactitud. Y en el tercer minuto usó su visión para lanzar en velocidad a Khvicha Kvaratskhelia, que se escapó y centró atrás para que Ousmane Dembélé abriese el marcador por sorpresa.
La clave de este ajedrez volvería a pasar por encontrar a los extremos en mano a mano con sus defensores, y los visitantes atinaron primero. Así de rápido dejó claro el PSG su autoridad a la apasionada tribuna muniquesa, que se quedó tan congelada como los futbolistas bávaros. De repente, la desventaja global de un tanto se había duplicado y tardaron los locales en reaccionar. No entraron en temperatura así como así, porque los visitantes les presionaron de inicio y, en cierto modo, les acomplejaron. Fue ésta la constatación de que la puntería viajaba con la delegación francesa (en la ida habían chutado a puerta cinco veces y marcado cinco goles), de modo que iban a necesitar una actuación impresionante de sus delanteros. El listón estaba muy alto, aunque restaba mucho tiempo y los germanos se remangaron para, poco a poco, ir reclamando una iniciativa que no asentarían hasta la media hora. En el entretanto, eso sí, evidenciaron su capacidad para apretar desde la intensidad y su sólida convicción. Tragaron la indigestión precoz y con Joshua Kimmich en la dirección se afanaron por devolver la afrenta. Replicando el resurgir de hace una semana, que les vio convertir un 5-2 en contra en un 5-4 de un plumazo.
La primera llegada bávara arribó en el minuto nueve, cuando Michael Olise emitió un centro-chut desviado. Acto y seguido, en la asociación fluida y por dentro inagurual, Luis Díaz conectó con Jamal Musiala y éste pintó una asistencia hacia Harry Kane que Willian Pacho cortó al límite. Y en el minuto 14 fue Nuno Mendes el que salvó a los suyos con una intervención providencial ante el remate franco de Olise, en el centro del área y tras un pase certero del regateador colombiano. La agresividad alemana, plena de potencia, se anticipó al juego coral para descorchar la inquietud rival, aunque como todavía no habían puesto el lazo a la iniciativa 'Kvara' casi les hizo pagar en una contra individual en la que dibujó una finta proverbial sobre Dayot Upamecano. Cuando los parisinos compitieron replegados, su aspecto más usado de la noche, achicaban con la tranquilidad de saberse en disposición de sentenciar en cualquier transición disponible, así que la seguridad en su retaguardia iría en aumento. Más aún si se considera que el genio georgiano y Désiré Doué se desfondarían ayudando a sus laterales para neutralizar el peligro exterior del Bayern. Y que Pacho completaría una actuación maravillosa ejerciendo de sombra de Kane, allá dónde fuera el inglés, anulándole y dejando al libreto de Kompany sin una de sus herramientas predilectas: la labor del rematador británico como mediapunta, dividiendo entre líneas.
Luis Enrique permitiría a los germanos disponer de un 65% de posesión pero con muchas limitaciones, intercalando la anestesia que receta Vitinha. Y no se dejaron asediar. El escuadrón local sólo localizaría el regate y la imprevisibilidad de Luis Díaz como argumento dañino. Sensacional su finta ante Zaïre-Emery para chutar alto en el minuto 22. En el otro costado Nuno Mendes aguantó ante un Olise desinflado, incluso a pesar de haber visto tarjeta amarilla en el octavo minuto. No pudo fabricar el extremo francés más que un zurdazo cerca del larguero en el primer tiempo. Los bávaros atravesaron el minuto 20 casi con las dos manos sobre el timón del choque, mas sus recuperaciones en territorio oponente no desembocaban en llegadas nítidas al área protegida por Matvey Safonov. La pléyade de artistas devenidos en obreros del PSG recuperaba la posición a toda velocidad, elaborando una red de ayudas impresionante, con Fabián liderando el derroche. Y en la media hora la pelota era roja del todo aunque Emmanuel Neuer era el que había padecido menos calma, ya que Kvaratskhelia y, sobre todo, Joao Neves le obligaron a estirarse -minutos 21 y 34-.
Las paradas decisivas de este emblema de 41 años sostuvieron el sueño de remontada de un conjunto que no carburaba arriba. Le faltaba templanza y finura para hacer circular el cuero con la armonía y la precisión quirúrgica que le demandaba el muro contrincante. Y a estas alturas ya lo sentía en sus entrañas. La impotencia y la precipitación iban ganando terreno en su funcionamiento. Sólo así se entiende el estallido de quejas contra el árbitro por una mano involuntaria de Neves en su área, tras un despeje a bocajarro de Vitinha (que nunca puede ser penalti), y por a menos clara mano y segunda amarilla no pitada sobre Mendes (el trencilla señaló una mano previa de Konrad Laimer). Superaron la media hora protestando todo, un tanto desquiciados. Todo lo contrario que un sistema francés que estaba implementando las órdenes de su entrenador con rigor y éxito ortodoxo. Y al que sólo molestaría Musiala antes del intermedio. El bailarín alemán todavía está afinando su cuerpo tras una grave lesión y había llegado a tiempo para esta cita, aunque con poco rodaje y su magia brotó a cuentagotas. En el minuto 42 exigió a Safonov con un centro espinoso; en el 44 recibió un taconazo sedoso de Olise para colarse en el área y conectar un zurdazo repelido por el meta ruso; en el 45 recibió rodeado y filtró un remate que bordeó la madera; y en el minuto 46 mandó arriba una diagonal en la que había dejado en la estacada a tres zagueros.
El Bayern llegó al camarín con mejores sensaciones. El chispazo postrero, culminado por un testarazo demasiado cruzado de Jonathan Tah (en una falta botada por Kimmich de manera perfecta), parecía marcarles la hoja de ruta. La orquesta había empezado a tocar con alegría, al fin. Pero sería un espejismo. La estadística era tozuda, subrayando un único tiro a portería fabricado y tres concedidos pese al arreón final. La montaña a escalar seguía intacta. Había que hacerle dos goles -y no encajar- al defensor del título, que ha llegado a la primavera en su mejor forma de la temporada. Y en la reanudación no tardó el minutaje en insistir en la dificultad, porque a Musiala se le secó el fútbol por los ajustes de Luis Enrique, Marquinhos se agigantó en la marca de Luis Díaz y no había forma de encontrar posiciones cómodas de remate. Ni siquiera de último o penúltimo pase. En el segundo tiempo les costaría un mundo avanzar con filo y mientras que los locales se exprimían para arrancar un chut a las nubes de Aleksandr Pavlovic en un balón parado, los visitantes volaban a la contra. En el minuto 56 Neuer detuvo un disparo centrado de Doue, facilitado por la clarividencia de Fabián Ruiz; en el 57 'Kvara' destrozó a Upamecano y forzó al guardameta a ejecutar un paradón; y en el minuto 65 Doue entró en ebullición con conducción individual frente a tres oponentes antes de provocar el vuelo de Neuer con un cañonazo desde la frontal.
Kompany escudriñó soluciones en su banquillo dando entrada a Nico Jackson, al diamante juvenil Lennart Karl y a Alphonso Davies, pero nada alteraría de verdad a la placidez de Safonov. El poso colectivo del PSG era superior a todas luces. Quiso rebelarse Pavlovic descolgándose y en su primera intervención Davies centró con veneno una pelota rematada por Díaz que repelió el portero ruso -minuto 69-, que de inmediato detendría sin problemas un intento débil de Olise. El desenlace tomaba forma con un coloso bávaro desprovisto de mordiente, a pesar de contar con un tridente de delanteros que sumaba 101 goles anotados en este curso (por las 48 dianas firmadas por la tripleta parisina). La densidad en tres cuartos de cancha nunca les abandonaría, con un solo córner provocado. En el peor momento quedó cegada su creatividad. Mientras tanto, los visitantes, que alternaban presiones inteligentes, coqueteaban con la sentencia. Con la perla Doue a los mandos. En el 72 amortizó un robo en campo rival para trazar un latigazo directo al lateral de la red y en el minuto 76 coronó una finta meteórica con un remate que peinó al cepa del palo. Y Kvaratskhelia no puso la guinda a su partidazo de milagro en el minuto 79, cuando se escapó sin marca y le falló la definición. Incluso el suplente Bradley Barcola sacaría otro paradón de Neuer -minuto 88-.
Acabaron los germanos quemando las naves, con dos delanteros y múltiples mediapuntas, y los franceses, resguardándose con astucia. Comparecerían Lucas Hernández y Lucas Beraldo para terminar compitiendo con una línea defensiva y un mediocentro defensivo improvisado de muchos centímetros. Porque sabían que les esperaba un asedio final repleto de centros laterales. Nada escapa a la lupa de Luis Enrique. Y la tormenta bávara, desdentada, no pasaría de un doble remate que Karl y Laimer toparon en la zaga, y el golazo con el que Kane bajó el telón en el último suspiro del descuento -minuto 95-. Un tanto con el que iguala el mejor registro de Robert Lewandowski en Múnicch (55 dianas). Palabras mayores. En lo único que le permitió Pacho, el astro inglés controló la redonda en el seno del área, se generó el espacio con una maniobra rebosante de fundamentos y dirigió su zurdazo a la escuadra. Sin embargo ya era demasiado tarde y la imagen de 'Kvara' desfondándose para ayudar a Zaïre-Emery frente a Luis Díaz redondeó el paradigma que empuja al PSG a una oportunidad privilegiada de añadir su nombre a los anales de este deporte. Sólo el Arsenal les separa de la leyenda.