Sociedad

El glioblastoma también devora el cráneo

En esta imagen en 3D aparece el cerebro y el cráneo de un modelo murino de glioblastoma. La zona verde representa el tumor; las zonas rojas son las zonas donde se han acumulado células osteoclásticas devoradoras de hueso en el cráneo. El doctor Masaru Ishii estableció el modelo murino. La profesora Behnan estableció el tumor y adquirió la imagen en el Centro de Ingeniería e Imagen de Células Neuronales de Einstein. Imagen: Nathaniel Killian

INVESTIGACIÓN

José María Fernández-Rúa | Miércoles 13 de mayo de 2026

El glioblastoma, considerado como el cáncer cerebral más mortal, no solo afecta al cerebro sino que también erosiona el cráneo, altera la composición de la médula ósea e interfiere con la respuesta inmunitaria del organismo. Así lo han demostrado en un estudio experimental científicos y clínicos de Estados Unidos.

En Nueva York, un equipo de investigadores del Centro Oncológico Integral Montefiore Einstein y del Colegio de Medicina Albert Einstein son los protagonistas de este avance experimental que se puede ver en Nature Neuroscience. Los autores sostienen que encontrar vínculos entre los tumores y la médula ósea del cráneo podría conducir a nuevas estrategias de tratamiento.

«Nuestro descubrimiento de que este cáncer cerebral notoriamente difícil de tratar interactúa con el sistema inmunológico del cuerpo puede ayudar a explicar por qué las terapias actuales, todas ellas dirigidas al glioblastoma como una enfermedad local, han fracasado, y esperamos que conduzca a mejores estrategias de tratamiento», explica la profesora Jinan Behnan, Ph.D. , del Departamento de Cirugía Neurológica Leo M. Davidoff, del Departamento de microbiología e inmunología en Einstein, y autora principal del estudio.

Según el Instituto Nacional del Cáncer (NCI), aproximadamente a 15.000 personas se las diagnostica con glioblastoma cada año. La media de supervivencia de quienes reciben el tratamiento estándar de cirugía, quimioterapia y radioterapia es de unos quince meses.

El glioblastoma y el cráneo

Como ocurre con muchos otros huesos, el cráneo contiene médula ósea, donde se forman las células inmunitarias y otras células sanguíneas. La investigación de la profesora Behnan sobre el glioblastoma y el cráneo surgió a raíz de estudios recientes que revelaron canales extremadamente delgados que conectan el cráneo con el cerebro subyacente, lo que permite que moléculas y células viajen entre la médula ósea y el cerebro.

La profesora Behnan y su equipo emplearon técnicas avanzadas de imagen en murinos que desarrollaron dos tipos diferentes de glioblastomas. Descubrieron que los tumores causaban erosión de los huesos del cráneo, especialmente a lo largo de las suturas donde se fusionan. Estas erosiones parecen ser exclusivas del glioblastoma y otros tumores intracraneales malignos, ya que no se presentan en accidentes cerebrovasculares, otros tipos de daño cerebral ni en otros cánceres sistémicos.

Las imágenes de tomografía computarizada (TC) de pacientes con glioblastoma revelaron que se observaban disminuciones del grosor del cráneo en las mismas áreas anatómicas que en los ratones.

Descubrieron que las erosiones craneales en los murinos habían aumentado el número y el diámetro de los canales cráneo-hueso. Los investigadores plantean la hipótesis de que estos canales podrían permitir que el glioblastoma transmita señales a la médula ósea, lo que podría alterar profundamente su sistema inmunitario.

Al utilizar la secuenciación de ácido ribonucleico (ARN) de una sola célula, estos científicos descubrieron que el glioblastoma había cambiado drásticamente el equilibrio de células inmunes de la médula craneal a favor de las células mieloides proinflamatorias, casi duplicando los niveles de neutrófilos inflamatorios, mientras que prácticamente eliminaba varios tipos de células B productoras de anticuerpos, así como otras células B.

Enfermedad sistémica

En este sentido, el Dr. E. Richard Stanley, profesor de biología del desarrollo y molecular en Einstein y coautor del estudio, subraya que “los canales cráneo-cerebrales permiten la entrada de estas numerosas células proinflamatorias desde la médula ósea hasta el tumor, lo que hace que el glioblastoma sea cada vez más agresivo y, con demasiada frecuencia, intratable. Esto indica la necesidad de tratamientos que restablezcan el equilibrio normal de las células inmunitarias en la médula ósea de las personas con glioblastoma. Una estrategia sería suprimir la producción de neutrófilos y monocitos proinflamatorios, a la vez que se restablece la producción de linfocitos T y B”.

Curiosamente, y como prueba adicional de que el glioblastoma es una enfermedad sistémica y no local, las médulas del cráneo y el fémur reaccionaron de forma diferente al cáncer. El glioblastoma activó varios genes en la médula ósea del cráneo, que impulsaron la producción de células inmunitarias inflamatorias. Sin embargo, en la médula ósea del fémur, el cáncer suprimió los genes necesarios para producir varios tipos de células inmunitarias.

Los investigadores recuerdan que se preguntaron si la administración de fármacos antiosteoporóticos que previenen la pérdida ósea, afectaría la erosión craneoencefálica, el glioblastoma o ambos. Para averiguarlo, administraron a murinos con tumores de glioblastoma dos fármacos diferentes aprobados por la Administración de Alimentos y Medicamentos de EE UU (FDA) para el tratamiento de la osteoporosis.

Ambos fármacos (ácido zoledrónico y denosumab) detuvieron la erosión craneal, pero el primero de ellos también impulsó la progresión tumoral en un tipo de glioblastoma. Ambos medicamentos también bloquearon los efectos beneficiosos del anti-PD-L1, un fármaco de inmunoterapia que aumenta los niveles de linfocitos T que combaten los tumores.

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