TRIBUNA
Sergio Velasco | Domingo 17 de mayo de 2026
Solo nuestro país puede darse el lujo de despreciar una oportunidad inigualable. No se trata de cualquier concurso o campeonato mundial: es nada menos que la postulación a la Secretaría General de la ONU. ¡ Incredible pero cierto!
La negativa absoluta del actual gobierno chileno de apoyar la candidatura de Michelle Bachelet a la Secretaría General resulta inconcebible, rayana en la estulticia, predisponiendo una división innecesaria del país ante la comunidad internacional.
Los argumentos esgrimidos por el presidente Kast son tan débiles que caen por su total inconsistencia: no respaldará, por ningún motivo, una candidatura presentada por el gobierno de Gabriel Boric antes del término de su mandato.
Las perentorias órdenes emanadas desde el Ministerio de Relaciones Exteriores son de una arbitrariedad infinita. Ningún diplomático debía prestar apoyo, so pena de sumario administrativo, castigando incluso a quienes se atrevieron a acompañarla durante la presentación de su programa de trabajo ante las delegaciones de los 193 países miembros.
México y Brasil, quienes la postulan desde el primer instante, convencidos de su capacidad, han otorgado todas las facilidades posibles, incluidos gastos, traslados y promoción. Un gesto de solidaridad que también compromete al pueblo chileno.
Chile tiene una oportunidad única, historica, de estar a cargo de las Naciones Unidas, institución que no atraviesa su mejor momento. Por ello, resulta razonable que sea dirigida por primera vez por una mujer de temple, latinoamericana y conocedora de la función que le espera.
Ministra de Salud y de Defensa, primera mujer presidenta de Chile y posteriormente reelegida con amplia mayoría, su trayectoria pública no termina ahí. Sigue ocupando cargos de relevancia planetaria, lo que la distingue entre las y los demás postulantes por su experiencia en variadas funciones.
Antonio Guterres, actual secretario general, la convocó para hacerse cargo de la presidencia de la recién constituida ONU Mujeres. Luego fue nombrada Alta Comisionada de Derechos Humanos, rol que desempeñó con aprobación de los Estados miembros, en un mundo marcado por conflictos, pandemias, violaciones e injusticias.
Huérfana a temprana edad, su padre, el general de Brigada de la FACH Alberto Bachelet, fue asesinado por el régimen militar el 12 de marzo de 1974 por ser contrario al golpe militar, obligando a su familia a exiliarse en distintos países europeos.
La orfandad parece perseguirla como una mala racha: siendo una candidata con múltiples apoyos transversales, tozudamente se le niega el respaldo de su amado país, al que ha servido con dedicación, esmero y enorme profesionalismo.
Innumerables naciones de distintos continentes se han comprometido voluntariamente con su voto. El mayor escollo es el Consejo de Seguridad, cuyo derecho a veto puede ser ejercido arbitrariamente por cualquiera de sus miembros. Estados Unidos es uno de los más duros. Sin embargo, nada es imposible para ella.
Recapacite, presidente Kast. No se deje llevar por las bajas pasiones. Un gesto de tamaña magnitud quedará grabado en el corazón de cada chilena y chileno, independiente del resultado final.
Chile sabrá reconocerlo en bien de la unidad nacional.