Mario García-Atucha (Bilbao, 1998), autor de Blas de Umbe, novela reseñada en EL IMPARCIAL es escritor y músico. Graduado en las carreras de Filosofía y de Empresariales, que estudió paralelamente en distintas universidades, García-Atucha funda la banda Galerna. Para ella compone el álbum Viaje a Roma, de gran reconocimiento debido a su innovador formato: a través de doce canciones, narra un viaje de dos amigos en coche desde Bilbao hasta la capital de Italia. Actualmente García-Atucha compagina su trabajo en gestión patrimonial con la música y, sobre todo, con la literatura. Más allá de lo profesional y artístico, su gran pasión es la práctica del surf.
Blas de Umbe se añade a un ciclo ya con cierta tradición en el idioma español, el de las gate communities (comunidades residenciales cerradas, refugios cómodos para esconderse de un presente con diferentes grados de hostilidad), dentro del cual las urbanizaciones de lujo parecen ejercer mayor poder de atracción sobre nuestros novelistas. Desde aquella donde se desarrollaba Tormenta de verano (Juan Hortelano, Seix Barral, 1962), pasando por el complejo residencial de lujo «Alto de la cascada» de Las viudas de los jueves (Claudia Piñeiro, Alfaguara, 2005), hasta llegar a la de Castellverd donde Toni Hill ubica El oscuro adiós de Teresa Lanza (Grijalbo, 2021), o a esa otra, esta vez una urbanización a medio acabar, en la que Rosa Ribas sitúa Lejos (Tusquets, 2022).
Todas las obras citadas recurren a un crimen (por lo menos) para desarrollar sus tramas. Mario García-Atucha, sin embargo, renuncia a ello en su novela Blas de Umbe y somos muchos los que aplaudimos su decisión. Teniendo a un perro como Blas –protagonista suyo tan perspicaz como inteligentísimo– en este tiempo de masas lectoras absorbidas por cualquier investigación criminal, hacer brotar del frondosísimo árbol del género negro otra rama más (la «pet noir» no sería mal nombre…), pensando en la carrera del libro, hubiera resultado, supongo, más comercial. Soslaya usted con gusto ese camino, pero pronto una legión de perros y gatos van a jugarse la vida resolviendo complicados asesinatos. Lo verá. Es una simple cuestión de tiempo.
¿Qué le decidió a no incluir asesinatos para esta opera prima suya tan necesitada (como todas) de público?
MARIO GARCÍA-ATUCHA: Pues porque nunca he leído una novela negra. La literatura que me ha interesado desde pequeño ha sido de cariz clásico y lírico, como se puede ver en mi Blas de Umbe. Me gustan los juegos simbólicos, que la propia forma de la novela diga algo sobre su alma.
J.M.L.M.: En Flush (1933), su autora Virginia Woolf se servía de la mirada de un perro para contarnos la vida de su dueña (una escritora con un matrimonio secreto, romances, apasionada por el espiritismo…). Sin comprender lo que está sucediendo y sin que «ni una sola de sus innumerables sensaciones se someta nunca a la deformidad de las palabras elaboradas», la genial escritora daba voz propia a Flush a través de la técnica del monólogo interior (técnica heredada de James Joyce que ella había utilizado, magistralmente, en 1931, para los protagonistas humanos de Las olas). El perro de la Woolf aprendía, evolucionaba, y, en alguna ocasión, esbozaba pensamientos de cierta raigambre filosófica.
Pero en Blas de Umbe, la novela con la que se presenta en el mundo literario español, un perro refiere –desde la frase inicial y en primera persona– las vidas de dos familias (los Allende y los Zaldiaran) con raciocinio y percepciones enteramente humanas. En la originalidad y encanto de esta voz narradora que usted construye está, también, el riesgo de desconcertar a no pocos lectores…
Que su obra esté enteramente narrada por un perro, ¿fue producto de sopesar opciones durante el proceso de idearla, o quizá algo debido a uno de esos «chispazos» producidos mientras se lleva al papel lo decidido?
M.G.-A.: Era una condición sine qua non porque obliga repensar la construcción psicológica y cultural de los hombres desde un plano animal. De hecho, cualquiera que haya tenido perro puede darse cuenta de que esta no es una novela sobre perros, pero que éstos ayudan a sostener varias premisas filosóficas del libro, siendo la primera de ellas el materialismo. Sé que hay muchos tipos de materialismo, pero en este caso me refiero a aquel que entiende que todo pensamiento cultural complejo primero pasa por un proceso histórico y biológico y que esto ocurre a nivel individual también; comenzamos viviendo de una manera poco reflexiva y nos vamos descubriendo a nosotros mismos primero a través de nuestro propio cuerpo. El primer autoconocimiento, irónicamente, es el comienzo de la alienación, porque intentamos alcanzar a entender nuestro espíritu cuando, en realidad, no lo tenemos. Somos la frontera con otras cosas. Y esto es algo corporal, muy importante en el alma de esta narración. En definitiva: lo profundo o reflexivo ha de nacer, inevitablemente, de una experiencia superficial, corporal, animal, biológica... Lo que se quiera.
J.M.L.M.: El sexo en esta novela no queda esquivado. Sin mostrarse cuando lo practican sus adolescentes (de los encuentros sin precauciones de Pauli con su novio Diego nos enteramos por sus conversaciones con su amiga Adriana), la narración se convierte en muy explícita al ser descrita la pasión sexual entre el perro Blas y la perra Rita. Blas halla placenteros esos apareamientos, pero durante ellos lamenta no poder mirar a los ojos a Rita, como hacen los humanos, por estar obligado, obviamente, a practicar la postura «del perrito».
Salvo el matiz de no observarse durante los coitos, pocas diferencias distingo entre el sexo de los perros y el practicado por jóvenes como Pauli y Diego. Suprimiendo alguna demostración de ternura (siempre ofrecidas por la parte femenina y por Blas), en Blas de Umbe el sexo –animal y juvenil– acaba siendo sinónimo de placer mecánico, de instrumento de poder.
¿Qué opinión le merece la cosificación del sexo?
M.G.-A.: Insisto en que el sexo de los perros es una alegoría de lo humano y que encuentra un reflejo didáctico en la relación de Paula y Diego. Básicamente, que nosotros sublimamos la primera experiencia sexual, al igual que el primer enamoramiento, pero que como he podido mencionar previamente, estas supuestas experiencias tan profundas, por mucho que nos convenzamos de que nacen de un recodo espiritual, son instintos muy básicos a los que nos esforzamos por dar importancia y simbología. Un fracaso que nos enseña mucho.
J.M.L.M.: Blas descuella en el elenco animal que puebla Blas de Umbe. Encuentro realistamente estereotipada a la familia que acoge a Blas (los Allende), por ello, a la hora de elegir dentro del abanico humano, me resultan más estimulantes sus vecinos, los Zaldiaran. Sí, me quedo con Pauli, con esa chica sensible y lectora: la que mejor comprende a Blas. Su cuadrilla de jóvenes hedonistas iletrados, empezando por su amiga íntima Adriana, no me arrebatan.
M.G.-A.: Lamento que la encuentres estereotipada porque son la solución moral del libro. Yo, a diferencia de ti, creo que nos dan un buen ejemplo de cómo enfocar las relaciones de larga duración, ya que el libro intenta demostrar que todo romance juvenil, corto, idealizado, no solo es frágil sino que además es frívolo. Aun así, yo alabo que existan esos primeros intentos. Como bien dices tengo una buena opinión de la cosificación del sexo porque es parte de la vida. El fetiche es morboso y objetivizar a la pareja es un acto normal. Y hablando de actos, el libro hace las paces con el teatro de la vida: con que cada circunstancia nos pida ser de una manera. La madre no es igual con su marido que con su hija que con su suegra que con su vecina. Esta supuesta falsedad no es tal. Es como funciona la vida: por parcelas.
J.M.L.M.: ¿Cómo autor cuál ha sido el personaje que más le ha costado crear y con cual se quedaría ahora?
M.G.-A.: El más importante es la abuela porque es un homenaje a la mía y porque de ella parte la solución moral a un mundo aparcelado como el que menciono. Me quedaría con la abuela y me quedaría con la relación que surge entre Blas y Rita a través del libro de poemas.
Antes de terminar, voy a preguntarle sobre la relación (si, en su caso, la hubiera) entre creación musical y literaria. También quiero saber si en su afición más constante y absorbente, el surf, encuentra usted inspiración para ambas disciplinas artísticas.
M.G.-A.: Lo que puedo decir que interese al lector es que el mar, que yo tanto frecuento, es también un personaje del libro porque personifica el misterio o la idea crítica de que el mundo no es una sola cosa, eso que antes he llamado parcelas: psicológicas, físicas, morales. Que la subjetividad individual es una cosa muy pequeña destinada a creerse una cosa grande, y que es bueno y necesario que así sea pero que la madurez es una realización de todo este misterio.
J.M.L.M.: Tras este sorprendente debut con Blas de Umbe nos gustaría conocer sus proyectos presentes y futuros para su carrera literaria.
¿Qué puede adelantar a los lectores de EL IMPARCIAL sobre su próximo libro?
M.G.-A.: Llevo ya meses trabajando en una novela que se antoja mucho menos bucólica y dulce. Tiene lo que ésta no ha podido tener: política, sociología, conflicto. Eso sí, siempre centrándolo todo alrededor de Bilbao.