Hace unos días, Florentino Pérez se dirigió a la “Nación” a través de un mensaje institucional. No por esperado era menos deseado y, por supuesto, cabían explicaciones sobre diversas cuestiones deportivas y extradeportivas. Florentino citó desde los medios a propios y ajenos con la intención de tranquilizar al madridismo. Y convoca elecciones. Es lo que se debe hacer.
Lo que vengo a decir es que otorgo más crédito y mayor confianza, incluso total interés, a lo que nos cuente Florentino Pérez en rueda de prensa que a lo que Pedro Sánchez y sus acólitos nos insuflan a diario. La diferencia entre uno y otro es que el mandatario del Real Madrid puede presumir de haber conquistado con su extraordinaria gestión el universo futbolístico después de unos gloriosos 17 años, y ojalá sean muchos más. Él puede salir a la calle como Morante de la Puebla, mientras que Pedro Sánchez lo único que ha conseguido es imponernos la fantasía izquierdista del contra peor, mejor, y también la colonización del Estado. Además, él no es mucho de calle.
De Florentino, la coherencia, la sobriedad y la defensa de los intereses de los socios y del club más sobresaliente del mundo, a muerte. A don Pedro le canta el gallo tres veces y le echa las culpas al de enfrente. Consideren esto como una jácara entre dos realidades de gran magnitud.
A pesar de que Pedro Sánchez sufra una derrota estrepitosa, él continúa con lo suyo. Se embelesa con su ego y gusta que le agasajen a base de pétalos de rosas, mientras el semidiós Orfeo toca la lira con su maestría habitual, al tiempo que aedos y rapsodas interpretan elogios del señor presidente a base de poemas homéricos. De tal manera que a los inoportunos se les ahuyenta cuando tratan de enturbiar los majestuosos atardeceres en el Olimpo de la Moncloa.
Fracaso en Andalucía y van cuatro de cuatro en esa antología electoral que se viene celebrando en España. María Jesús Montero se ha limitado a decir que el resultado no ha sido del todo bueno. Le ha quitado hierro al asunto con una faena de aliño, dedicándose a ver el vaso medio lleno que, para un resultado tan desastroso, tener agua a mano facilita el mal trago del revolcón electoral. Todo muy místico, muy de tragedia griega, tan afrodisíaca, enigmática y falsaria. Mientras tanto, don Pedro, a lo suyo.
Después de la debacle electoral acontecida en Andalucía, lo propio es que doña María Jesús se fuera a su casa. En cualquier democracia normal resulta así de fácil. No se considera aquí porque es lo más adecuado para evitar agravios comparativos con otros compañeros y compañeras de fatigas, el arte de recolocarse en una misión lucrativa diferente, también conocida como chollazo. Lo que le inquieta a la exvicepresidenta del gobierno es esto, no el futuro del sanchismo, que lleva una temporada de ocho años en caída libre.
De momento dicen que María Jesús se queda en Andalucía de “administradora concursal”, hasta las generales, que debe ser un cargo parecido al de contar rayos en noche de tormenta con gran aparato eléctrico; eso sí, con el máximo nivel salarial y demás prebendas asociadas al susodicho cargo público. Por consiguiente, nada de extraño que para la ocasión se cree el nuevo “Ministerio Concursal” para dar cobertura a tan digno cargo.
Y como no hay dos sin tres, don José Luis Rodríguez Zapatero, abreviado y conocido como ZP, ahora irrumpe en el sinvivir doméstico. La Audiencia Nacional le imputa presuntos delitos de tráfico de influencias, organización criminal y falsedad documental. El principio de presunción de inocencia debe prevalecer hasta que se demuestre lo contrario. Por lo tanto, habrá que dejar a los jueces que hagan su trabajo, sea quien sea el imputado en cuestión, como también demostrar a la sociedad que la justicia es igual para todos.
¿Estamos frente a la parte visible de un iceberg? Por favor, que sea una hora corta.