AL AIRE LIBRE

JAVIER CERCAS EL PERIÓDICO DE LA DEMOCRACIA

Luis María ANSON | Sábado 23 de mayo de 2026
Todos los novelistas son escritores, aunque no todos los escritores sean novelistas. Todos...

Este artículo apareció en El Cultural, la revista de referencia de la vida intelectual española. Fue reproducido íntegramente por Google y comentado de forma reiterada en las redes sociales. Su autor es Luis María Anson, Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades. Para conocimiento de los lectores de El Imparcial, lo publicamos a continuación.

Todos los novelistas son escritores, aunque no todos los escritores sean novelistas. Todos los poetas son escritores, aunque no todos los escritores sean poetas. Todos los periodistas son escritores, aunque no todos los escritores sean periodistas. El periodismo es a la vez una ciencia de la comunicación y un género literario. Como ciencia de la comunicación, el periodismo impreso, hablado, audiovisual y digital proporciona noticias de forma periódica, administra un derecho ajeno, el que tiene la ciudadanía a la información, y ejerce el contrapoder, es decir, elogia al poder cuando el poder acierta, critica al poder cuando el poder se equivoca, denuncia al poder cuando el poder abusa. Y no solo al poder político, también al poder económico, al poder religioso, al poder cultural, al poder deportivo…

Como género literario, el periodismo expresa belleza por medio de la palabra, sobre todo en el artículo, la crónica, la necrología… El placer puro, inmediato y desinteresado que los géneros literarios producen se experimentó en España en el siglo XVI, sobre todo con la poesía; en el siglo XVII, con el teatro; en el XVIII, con el ensayo; en el XIX, con la novela, y en el XX, con el periodismo. Y ahí están Azorín, Cavia, Pemán, Valle-Inclán para certificar la realidad de la expresión literaria tan inhóspita a veces.

Javier Cercas no se considera periodista. Es, sobre todo, novelista y ensayista, aunque, a través del periodismo, del artículo de colaboración, haya ejercido el contrapoder de forma sobresaliente. Mantuve con Vargas Llosa, en la Real Academia Española, largas conversaciones sobre Javier Cercas. El autor de Soldados de Salamina camina destacado en el grupo de cabeza de la literatura española. Ha triunfado internacionalmente y ahí está la elección del Papa Francisco para que fuera él quien escribiera un libro sintetizador de la vida y el pensamiento del Sumo Pontífice. Cercas fue elegido académico de la Real Academia Española. Un compañero sueco que dispone de información me asegura que el autor de Anatomía de un instante ocupa ya lugar preferente entre los escritores que pueden ganar el Premio Nobel de Literatura.

El periódico de la democracia es antes que nada un libro en el que Javier Cercas resume su experiencia personal en el diario El País. Cebrián recogió una bandera “que estaba tirada en la mitad de la calle” e hizo con ella “un periódico pulcro, europeo, objetivo, imparcial y democrático”. Dedica después un elogio reticente a Paco Umbral y generoso al controvertido Javier Pradera. Y también a la crítica literaria en el periódico, con especial recuerdo a Miguel García Posada, que se vino conmigo a ABC, lo mismo que Marcelino Camacho, Rafael Alberti, Paco Umbral fugazmente y otros muchos, convencidos de la alta temperatura literaria de nuestro periódico. Coincide Cercas con Subirón al decir que El País “es ya una superstición nacional” que “podría probar a consagrar a un tonto y lo conseguiría”. Considera Cercas a Larra como el más alto prosista del siglo XIX y recuerda la cena a la que asistió, invitado por el presidente Macron, junto al Rey padre Juan Carlos I y Vargas Llosa. Rechaza el autor de El periódico de la democracia la aproximación de algunos a los escombros del diario, porque aseguran que “El País ya no es lo que era”. Y afirma: “Un escritor está obligado en su vida cotidiana a no mentir, pero no siempre está obligado a decir la verdad, de hecho, diga lo que diga Kant, hay ocasiones extremas en que incluso mentir es tolerable”. Y concluye: “Cincuenta años después de la fundación de El País, casi cincuenta desde el establecimiento de la democracia en España, a la izquierda le urge un revulsivo y quizás, antes que político, ese revulsivo debe ser moral”. Excelente libro, en fin, el que Cercas ha construido sobre su escritura incandescente y fugitiva.

Aparte de que no hubiera sobrado una alusión a ABC, periódico que significó en el área liberal lo mismo que El País en la izquierda, claves los dos diarios en la construcción de la democracia parlamentaria, me gustaría añadir al libro de Cercas una última reflexión. El País es fruto de cuantos en él han trabajado, si bien Juan Luis Cebrián fue el periodista estelar, uno de los diez nombres grandes del periodismo español en el siglo XX. Fundó El País, lo dirigió de forma tenaz, orientó decisivamente su pensamiento y su posición en la vida española y lo engrandeció. El País verdadero se llama Juan Luis Cebrián. Y a mí, que combatí a El País durante largos años, me exige la objetividad reconocerlo así.