Amigos. No me acuseis de falta de erudición pues, mi propósito, siempre, es huir de ella. Trato, aquí, únicamente, de hacer algunas, pocas, simples reflexiones, que me permitan cerrar la boca de mi intelecto, abierta, “de par en par” ante las eternas atrocidades con que nos asombran “las tres religiones”, enzarzadas en guerras durante cientos, miles de años.
Las tres se confiesan ramas del mismo tronco, el Abraham de la Biblia y reconocen a los profetas de las otras; pero, cada una, considera que, el suyo es el verdadero y único intérprete de la voluntad de Dios. La religión hebrea, no es proselitista como las otras dos, pues va unida al sentimiento, excluyente, de raza y de territorio, Israel, al que considera su habitat, otorgado por Yavé, al pueblo elegido.
Pero pasan por alto que, para cumplir el mandato, Moises, su profeta, les llevó a arrebatar la tierra a los pueblos que la habitaban, y de la que siguen considerándose propietarios, haciendo que la lucha, por ella, se pierda en la prehistoria.
Moises, su profeta, los sacó de Egipto y los preparó, para su conquista, aglutinándolos con los diez mandamientos, recibidos de Dios, para lo que necesito tenerlos cuarenta años, vagando por el desierto.
Desterrados varias veces, la ONU les otorgó, en 1947, parte de él, ocupado, entonces, enteramente por Palestinos. Pero amigos, aquel ingenuo gesto, que pretendía poner paz definitiva, en la tierra donde nunca la hubo, ha llevado a la reanudación de las luchas ancestrales, haciendonos testigos, televisivos, de increíbles atrocidades, en luchas encarnizadas por la posesión del mismo territorio, en el que la convivencia es impensable.
Los dos pueblos se sienten juramentados para ocupar, enteramente, “la tierra prometida”, expulsando o exterminando al otro. El judio ha sido, históricamente, perseguido, humillado, desterrado y puesto al borde del exterminio. Y ahora, cree llegada su hora y trata a sus enemigos con la misma crueldad.
La religión cristiana se considera fundada, nada menos, por Jesús el hijo de Dios Padre, de una trilogía divina, difícil de comprender. Fue enviado a la Tierra y encarnado en el pueblo judio, como el Mesías, prometido, según las Escrituras, para conducir a este.
Pero el pueblo judio no lo reconoció como tal y clamó por su tortura y muerte, aun a cambio de liberar de ella al empedernido criminal Barrabás, lo que puede darnos idea del sentimiento que existe, entre estas comunidades, durante siglos.
La religión cristiana, sumamente proselitista, ha impregnado, en gran parte, el llamado mundo occidental, predicando la igualdad y el amor al prójimo, lo que no ha impedido que la historia de las naciones cristianas, sea la de la lucha de clases y la de la eterna guerra de todas contra todas.
El Islam nace en 1610 y aunque se considera procedente del mismo tronco abrahamico, tiene su propio Dios, su profeta y su proyecto de vida ultraterrena. Es, extremadamente proselitista. Hasta hay grupos llamados yihadistas, que consideran que deben exterminar a los “infieles”.
El enfrentamiento entre dos religiones, tan expansivas, era inevitable y desde muy pronto, recurrieron a las armas, para atacar o defenderse. Y tuvimos Guerra Santa y Cruzadas, para recuperar los Santos Lugares, de los que las tres religiones se creen con derecho de propiedad o de uso. Y despues las luchas de reconquista y las guerras contra El Turco, ademas de las crueles luchas fratricidas entre correligionarios.
La religión cristiana y la musulmana se han visto envueltas en guerras interminables, ofensivas y defensivas, en busca de atajos para ejecutar el mandato divino del proselitismo. Luchas que todavía continuan, pues mientras el proselitismo cristiano es, ahora, pacifico, sigue siendo belicoso en el musulman, incluso con el aberrante terrorismo.