Marruecos contempla el Mundial 2026 como la ocasión especial para confirmarse en la élite del fútbol internacional. Las históricas semifinales conseguidas en Catar 2022 y el polémico título de la última Copa África dan testimonio del salto de calidad dado por unos 'Leones del Atlas' que no ponen límites a la ilusión del país. Cuentan con algunos de los mejores futbolistas del planeta, como Achraf Hakimi (PSG) o Brahim Díaz (Real Madrid) y han demostrado su capacidad de tutear a los seleccionados más ilustres del mundo. El repentino cambio de seleccionador (Walid Regragui se marchó y llegó Mohamed Ouahbi, el encargado hasta ahora de las exitosas selecciones inferiores marroquíes) no debería suponer un impedimento para llegar muy lejos.
La apuesta es clara: el talento debe primar por encima de todo. Aún así, será indispensable la labor equilibradora de Yassine Bounou (Al-Hilal), Nayef Aguerd (Olympique Marsella) y Sofyan Amrabat (Real Betis). Pero los focos recaerán en la creatividad de piezas como Brahim, Ez Abde (Real Betis) y Azzedine Ounahi (Girona); en la irrupción de perlas como Bilal El Khannouss (Stuttgart), Samir El Mourabet (Estrasburgo) o Ayyoub Bouaddi (Lille); y en el colmillo de Ayoub El Kaabi (Olympiacos). Todo ello para configurar un colectivo indigesto y capaz de todo que arrancará en el grupo de Brasil, Haití y Escocia.