Cultura

Crónica taurina en El Imparcial. San Isidro: la golfería y el buenismo

Pablo Aguado. (Foto: EFE).

TOROS

Inés Montano | Sábado 30 de mayo de 2026

Son dos aliados principales que hoy el 29 de mayo han rebajado Las Ventas a la tercera categoría. El público bullanguero pasaba de toros, se ausentaban para hacer cola por el quinto gin-tónic y compartía los chismes todo rato. Cuando menos lo esperaban, se daban cuenta de que el coleta de turno ya estaba metido en la faena y se ponían a aplaudir a cualquier cosa con la casa de gran sabiduría para mostrar que están pendientes de ´tó´. Las protestas por la golfería que hubo en el ruedo (la mala colocación para aliviarse, el cambio de toros sin sentido, la mala lidia) fueran recibidas con hostilidad y una gran y fatua indignación. ¡Cómo se atreven! ¡Se perdió el respeto! Sí, se perdió el respeto totalmente: el que los toreros tenían a sí mismos, que antes se llamaba el pundonor.

La presidencia de J. A. Rodríguez San Román ha cambiado dos toros válidos de Garcigrande por unos inválidos de Torrealta. Claro, estos dos ejemplares han sido unos de los más exagerados por su peso y por su empuje. Luego dijeron que se han lesionado. Talavante no quiso apechugar a Visitante (5°11/20) de 608 k. de Garcigrande y le sirvieron uno de Torrealta que apenas se mantuvo en pie durante el simulacro de la suerte de varas. Lo mismo pasó con Aguado: primero, cambiaron a Arenisco, poca cosa comparado con 715 k. de Exiliado (1ºsobrero1/21). También este se fue por su propio y con alegría del ruedo de Las Ventas.

Las varas: inexistentes. Bien podrían anunciar el festejo como “sin caballo”. Las lidias lamentables: tumbando a capotazos a los toros con cierta fuerza y levantando los ánimos a los animales menguados. Muchas pasadas en falso y mucho corretear.

Morenito de Aranda salió el mejor parado de toda la impresentable tarde. Recibió a porta gayola e hizo una faena a Orgulloso (1º2/22), desacertada, pero se esforzó y casi se llevó una cornada. Su segundo Náutico (4°) fue una máquina de embestir, pero la brusquedad del toque no ayudó para darle el relieve necesario a la obra.