En los últimos años he reproducido una decena de veces estas dos declaraciones públicas de Francisco Largo Caballero: “Si triunfaran las derechas… tendríamos que ir a la guerra civil declarada”; “La democracia es incompatible con el socialismo”. Salvador de Madariaga me resumió en Oxford, en plena dictadura franquista, su posición política: “Me instalé en el exilio en 1936 porque no quería soportar ninguna de las dos dictaduras que se cernían sobre España: la dictadura del proletariado con Largo Caballero; o la dictadura de la clase media con Franco. Lo razonable era huir de las dictaduras de los dos Franciscos”. Madariaga defendió a lo largo de toda su vida sus principios liberales, padeció cuatro décadas de exilio y a la muerte de Franco regresó a España, ingresando en la Real Academia Española. Colaboró en el ABC que yo dirigí y ganó el Premio Mariano de Cavia, que en aquella época era el Toisón de Oro de los premios periodísticos.
Y bien, resulta que Pedro Sánchez, encabeza el Frente Popular español y ha declarado su admiración por Francisco Largo Caballero. No por Felipe González, el gran hombre de Estado del siglo XIX y el político que engrandeció el PSOE socialdemócrata. No, la admiración de Pedro Sánchez se concentra en Largo Caballero, el líder socialista, dispuesto a responder con la guerra civil a una victoria de las derechas y que consideraba a la democracia incompatible con el socialismo.
No sobraría que el jefe de la Oposición, Alberto Núñez Feijóo, interrogara en el Congreso de los Diputados a Pedro Sánchez sobre su admiración por Francisco Largo Caballero. Sería interesante escuchar al presidente del Gobierno manifestarse sobre el hombre que subrayaba la incompatibilidad de su socialismo con la democracia, y que se mostró favorable a declarar la guerra civil.