Las piernas de Moncloa tiemblan por los dorados corredores de palacio. Se acumulan los problemas. Se intensifican los reveses. El manual de resistencia de Pedro Sánchez se deshoja. Aúllan desde las provincias los alcaldes socialistas y los candidatos municipales, atónitos ante el espanto que les ha provocado el escándalo Zapatero. Temen una catástrofe electoral si Pedro Sánchez no modifica el rumbo de la nave monclovita que se encuentra a la deriva.
Pero es que además de las convulsiones internas, el presidente del Gobierno se enfrenta con posibles decisiones inquietantes de los jueces. La actitud de Aldama ha obtenido ya el reconocimiento general y, según Enrique Martínez Olmos en el periódico digital EsDiario, varios magistrados del Tribunal Supremo consideran conveniente reducir al mínimo la condena del empresario encausado y que no se vea obligado a reingresar en la cárcel. José Luis Ábalos, que ha callado porque Pedro Sánchez tiene en la mano la gracia del indulto, piensa ya que tal vez no le llegue a tiempo y que es mejor colaborar con la Justicia, tirar de la manta y que sean los jueces los que disminuyan su penalidad. Que se presume, por cierto, de consideración.
Aparte del juego de estos dos alfiles, Pedro Sánchez se enfrenta con la actitud de los jueces. El Consejo General del Poder Judicial ha reprochado con dureza los comentarios de altas instituciones del Estado que cuestionan la independencia, la responsabilidad y el sometimiento a la ley de concretas instancias judiciales.
Asediado por todos los flancos, el presidente del Gobierno apenas tiene lugar donde refugiarse. Hace la apología de sus éxitos en espacios preparados y se guarece después en su madriguera monclovita. Sigue dispuesto a permanecer en el poder hasta que un censo electoral ensanchado por las nacionalidades concedidas con la “ley de nietos”, así como con los inmigrantes nacionalizados, permitan modificar el resultado actual de unas encuestas que resultan para él atroces.
Difícil aventurar si Pedro Sánchez podrá resistir los acosos que sufre desde todos los flancos. En las tertulias políticas serias, es decir, en las privadas, se hacen vaticinios del más vario género. La moneda está en el aire. Imposible vaticinar si caerá cara o cruz.