Opinión

Bienvenido León

EN LA FRONTERA

Rafael Ortega | Sábado 06 de junio de 2026

Santidad, bienvenido en este su primer Viaje Apostólico a España. Cuando este artículo salga a la luz, usted llevará ya unas horas pisando nuestro suelo. Un país que conoce muy bien, pues durante su etapa como Prior General de la Orden de San Agustín lo visitó en varias ocasiones y pudo conocer de primera mano los problemas políticos y sociales que arrastramos, conocimiento que se acrecentó durante su etapa como Prefecto del Dicasterio para los Obispos, pues los prelados españoles recientes fueron nombrados tras pasar por el tamiz de su importante Dicasterio.

Santidad, usted ya realiza el noveno viaje de un Pontífice a España, tras los cinco de san Juan Pablo II y los tres de Benedicto XVI, mientras que FRANCISCO no pisó tierra española, a pesar de ser el primer pontífice hispanoamericano, aunque tenía previsto viajar a Canarias para enfatizar el aspecto más humanitario de la recepción de inmigrantes.

Santidad, lo que si sabemos es que “viene a hablar a todos”, según confirmaba el Arzobispo de Barcelona, cardenal Omella, pues “no sería bueno escuchar sus discursos pensando en encontrar frases y palabras que puedan servirnos como armas arrojadizas contra el vecino, contra el contrario”, mientras que el Arzobispo de Madrid, cardenal Cobo señalaba hace unos días que “el Papa hablará de política, pero no de partidos políticos” y así en este contexto insistía que, “el Papa dialogará, hablará con los políticos, y pedirá la dignificación de la política, y agradecerá el trabajo de los políticos”, y subrayaba también que“ la polarización será uno de los temas a destacar. El contenido de las homilías en las Misas de Cibeles, la Sagrada Familia o Canarias, o sus encuentros con migrantes en Arguineguín, presos en Can Brians o personas sin hogar en el barrio de Lucero, así como los actos con el mundo de la cultura o la empresa también se aguardan con expectación”.

Santidad, sabemos que más allá de los actos multitudinarios, su itinerario por nuestro país, revela una intención clara, pues no viene únicamente a encontrarse con la Iglesia española, sino también con algunas de las heridas, desafíos y esperanzas que atraviesan nuestra sociedad. Y esas heridas puede Usted ayudar a su cicatrización, pues su Viaje Apostólico supone una invitación a mirar allí donde frecuentemente no miramos. Como puede ser la realidad migratoria de la frontera atlántica, uno de los escenarios más complejos y dolorosos de nuestro tiempo, pues cada año miles de personas arriesgan su vida en busca de un futuro mejor. Muchas no llegan y otras lo hacen para enfrentarse después a nuevas dificultades relacionadas con la acogida, la integración, la regularización administrativa o el acceso a un trabajo digno. Todos sabemos que la migración no es solo una cuestión de fronteras, pues habla de personas, de familias, de sueños y de derechos humanos.

Santidad, sabemos y conocemos como las diversas opciones políticas querrán llevar su dura peregrinación a su camino, como ya hemos visto desde las diferentes sensibilidades, unas queriendo monopolizar su viaje y otras llevando este caminar fuera de lugar e invitando incluso a la no asistencia a los actos. Por eso, insisto, sabemos y conocemos que Usted va a pasar con delicadeza de esa difícil situación para otros y que sus palabras en las Cortes Españolas, en sesión conjunta de Congreso y Senado, serán una lección para todos aquellos que ven su presencia para llevar el “ascua a su sardina”. Como también lo hará con los altos responsables de las Iglesia particular de nuestro país, inmersos en muchas ocasiones en disputas internas, poco conocidas gracias a Dios, pero que no representan el sentir general de este pueblo mayoritariamente católico.

Santidad, por todo ello, gracias de nuevo y que los grandes escenarios no borren su presencia ni silencien sus palabras.