Deusto. Barcelona, 2026. 490 páginas. 22,95 €. Libro electrónico: 10, 99 €.
Por Alfredo Crespo Alcázar
En Todos los hombres de Sánchez. Cómo se organizó la mayor trama de corrupción de la historia de la democracia en España, Ketty Garat nos ofrece una obra mayúscula, cuyo objeto de estudio es el rasgo que ha caracterizado al sanchismo casi desde sus orígenes: la corrupción. Un trabajo de investigación concienzudo en el que sobresale el rigor periodístico. En efecto, la autora sintetiza en casi 500 páginas varios años de indagaciones sobre los protagonistas, muchos de los cuales se encuentran hoy en prisión, de una trama que se ha servido del poder para enriquecerse de forma ilícita, delictiva e ilegal.
Los nombres de Ábalos, Koldo, Cerdán, Víctor de Aldama o Begoña López resultarán familiares al lector debido a su presencia en los informes de la UCO. Sin embargo, quien empezó estas investigaciones fue Ketty Garat, una periodista de la vieja escuela, es decir, partidaria de las fuentes y del contraste de la información, no de los likes en las redes sociales.
Obviamente, esta forma de proceder ha tenido costes notables para ella, algo que refleja a lo largo de la obra sin incurrir en el victimismo. Sin embargo, también ha servido para retratar el servilismo de la profesión periodística, ya que un amplio sector de la misma le retiró el saludo y trató de convertirla en victimaria: “Aquellas y aquellos que se decían feministas y socialistas salieron al rescate de «putero»- Calvo dixit- con ataques profundamente machistas contra una periodista que se atrevía a publicar la verdad. Fui yo, la periodista, y no Ábalos, quien estuvo tres años sentada en un banquillo defendiendo mi inocencia” (p. 273).
En consecuencia, mientras Ketty Garat cumplía con eficacia la labor encomendada a la prensa en las democracias, esto es, fiscalizar al gobierno, otros publicistas se dedicaban a blanquear a corruptos y a enfangar la rigurosa actuación de aquélla. Los impecables artículos publicados en The Objetive, repletos de pruebas y testimonios que certificaban todas y cada una de las acusaciones formuladas, hallaban como respuesta un torrente de ataques personales hacia su autora y hacia el citado medio, los cuales no se amedrentaron por ello, aspecto que debe resaltarse.
Lo principal es que el tiempo ha puesto a cada uno en su lugar…y puede poner a algunos otros más, como certifica la compleja situación por la que atraviesa Rodríguez Zapatero, un tema de rabiosa actualidad, pero cuyos primeros indicios de comportamiento cuestionable jurídica y éticamente hablando, aparecen recogidos en la obra que tenemos entre manos. Sus relaciones con la dictadura venezolana contradicen el compromiso con los derechos humanos que el otrora presidente del gobierno ha gustado siempre de repetir machaconamente.
Con todo ello, la corrupción destapada en el autodenominado “gobierno del progreso” va unida a comportamientos soeces y casposos de sus protagonistas bien reflejados por Garat, aunque sin incurrir en lo morboso. En este sentido, el mundo de la prostitución siempre forma parte del entorno los Ábalos y Koldo, junto con conductas machistas que contrastan con los carnés de feminismo que tiene por costumbre otorgar el PSOE. A modo de ejemplo, destaca el comportamiento mostrado hacia la mujer de Ábalos por parte de Carmen Calvo, Adriana Lastra o Begoña Gómez.
Por tanto, si la moción de censura presentada por Sánchez contra el gobierno encabezado por Mariano Rajoy en 2018 se centró en el mantra de “recuperar la dignidad de la política”, el gobierno actual está lejos de aprobar esa asignatura. Los investigados por Garat certifican esta afirmación, además de ilustrar con sus actitudes una sensación de impunidad que les acerca al modus operandi propio de los gobiernos totalitarios, tendiendo a patrimonializar las instituciones públicas.
En definitiva, una obra que honra al periodismo de verdad y que debe servir para que la ciudadanía abra los ojos sobre la verdadera magnitud de la corrupción gubernamental, cuyos efectos vienen erosionando de forma acelerada la democracia en nuestro país. Ketty Garat trabaja con hechos, mientras otros prefieren la comodidad y las ventajas de todo tipo que confiere seguir las consignas y los argumentarios oficiales.