Barcelona, 2026. 385 páginas. 19,85 €. Libro electrónico: 10,44 €. Audiolibro: 17,99 €
Por Aránzazu Miró
Carrera meteórica y premiada la de Santiago Díaz tras publicar Talión en 2018; desde entonces, a libro por año, la celebridad le ha permitido dejar de lado la ocupación como guionista de series y televisión con la que ha aprendido a desarrollar su escritura de éxito: la agilidad, la cercanía, la frescura si podemos utilizar esa palabra cuando en sus policíacos hay malos hasta debajo de las piedras y saltan vísceras a las primeras de cambio.
Porque El amo, que presenta Negra Alfaguara, es la segunda de una nueva trilogía tan habitual en este género. Como Jotadé 2 se anuncia, porque el subinspector gitano Juan de Dios Cortés vuelve a ser el eje de esta nueva trama delictiva: «Ser gitano cierra muchas puertas en el mundo payo, y, si además eres policía, las puertas se cierran en tu propia comunidad. Jotadé Cortés no se avergüenza de ser ni una cosa ni la otra».
Así nos lo presenta en la novela de título Jotadé, que comienza con esas vísceras al aire que sobrevuelan la M-30 madrileña; aquí no aparecerán tan pronto. La presentación del equipo –y sus miembros desperdigados– que nos ofreció en la publicación anterior nos será muy útil: «Hace casi tres años detuvo a su compañera y mejor amiga, la agente Lucía Navarro, por doble homicidio», quien reaparecerá ahora; recupera a Iván Moreno, retirado a Villafranca de los Barros tras la muerte de su pareja Indira Ramos (véase la trilogía que ya le ha dedicado Santiago Díaz) y ante tantas bajas, la incorporación del inspector Pedro Osborne, «un hombre comprensivo con sus subordinados, atento y respetado por toda la comisaría, pero, si Jotadé supiera lo que significa, diría que es un pusilánime».
Equipo que se completa con la oficial Verónica Arganza, «ordenada en todos los ámbitos de su vida», y el agente Lucas Melero, «que sigue teniendo aspecto de adolescente enganchado a Instagram, a pesar de acercarse a la treintena». El equipo para resolver el caso que ocupa El amo se completa con Fernando Garrido.
De todos ellos sabremos mucho de sus vidas, supongo que ese es el truco del autor Santiago Díaz, Cortés de segundo apellido, sí: presenta y desarrolla un puzle bien preformado en el que la investigación se desarrolla con mucha agilidad, ya lo decía antes, y con sorpresas que le dan ritmo, aunque realmente sean inverosímiles. Muchos ¡anda ya! se me han escapado a mí en esta lectura, que imagino serán carcajadas en las de su público fiel. Presenta cien capítulos breves que no dan tregua ni descanso y van saltando de historias domésticas a la investigación criminal con esas otras vidas privadas que también la pueblan, y con la aparición estrambótica de esa antigua agente encarcelada ahora reconvertida en psicóloga.
Piezas que encajar y que Díaz colocará, por supuesto. Va tan rápido que mejor no parar para contrastar si todo es viable, si la sangre que salta permite seguir actuando como lo hacen, si los tejemanejes de drogas y las relaciones entre payos y gitanos pueden ser verídicas.
En esta obra se cumplen todos los paradigmas de una buena novela negra: hay crítica social, hay mucha reflexión sobre los prejuicios no solo entre payos y gitanos sino en las relaciones interpersonales en general, tocando ámbitos de desestructuración familiar o incluso sexuales; a todo se atreve.
Pero, sobre todo, queda la sorpresa en la resolución del tema principal y de los secundarios que van paralelos, porque quién es el amo lo sabemos desde el principio, de manera que vemos cómo el equipo desentraña el caso y cómo el culpable se va sintiendo acorralado: «Él está hecho para otro tipo de relaciones; las de amo y cautiva, ejerciendo un dominio sobre personas mucho más débiles que él. Es lo que ha conocido y, en el fondo, también lo que más le satisface».
Yo que me reconozco no seguidora de estos thrillers policíacos, y que sé que el autor se merece la enhorabuena que los números le otorgan, puedo decir que, aunque no me he quedado con ganas de más, la he devorado casi casi de una sentada. Desde Luego, Santiago Díaz tiene oficio y engancha al lector. Y los cuenta a miles.