Dentro del panorama literario español actual, la figura del escritor Pedro García Cueto (Madrid, 1968) descolla por su espíritu infatigable, su sorprendente fecundidad creadora y multidisciplinariedad. A su principal faceta como docente y crítico cultural se suma la de investigador, novelista y poeta. En este último campo, destaca la publicación de su último e interesante libro de poemas, Elegía del Mediterráneo (Ediciones en Huída, 2026). Éste se suma a tres poemarios más: El sueño de las alondras (Ars Poetica, 2018), La lentitud de la noche (Olifante, 2021) y La caligrafía del mar (Ondina, 2022). Con él conversamos en torno a su nuevo poemario, que se presenta este martes 9 a las 19:00 horas en la madrileña librería Sin Tarima.
Pregunta: Elegía del Mediterráneo supone un interesante compendio: el homenaje a tres amigos y maestros en el campo literario, una semblanza a la geografía valenciana y la recopilación de distintos episodios autobiográficos que van desde tu infancia hasta el presente. ¿Cómo surge la idea de este libro y la unión de estas temáticas?
Respuesta: Todo surgió cuando mueren en julio del 2023 Pedro J. de la Peña y Antonio Porpetta. Yo estaba en Mazarrón pasando unos días de playa, tras estar en casa de mi padre en La Manga. Pensé en la amistad que tuve con los tres (Ricardo Bellveser murió en diciembre de 2021). La geografía valenciana siempre ha vivido en mí, mi familia paterna es de Murcia, pero yo contacté con Francisco Brines, cuando realicé mi tesina en la UNED y empecé a llamarlo todos los sábados, él me contó muchas anécdotas con grandes poetas como Claudio Rodríguez y Ángel González. También me hablaba admirado de su relación con el gran Vicente Aleixandre.
La idea de la infancia late en mí desde siempre, el recuerdo de mi casa, de mis padres antes de divorciarse, y mi interés al escribir el libro fue unir a todos los seres idos: mi madre unida a mi padre, los tres poetas y amigos y mis recuerdos sobre ellos. Ricardo Bellveser fue mi primer editor de mi tesis dedicada a la prosa de Juan Gil-Albert, editada en el Instituto Alfonso el Magnánimo de Valencia. Pedro J. de la Peña lo conocí gracias a mi investigación sobre Juan, a Juan me llevó Francisco Brines, que fue su amigo. Pedro me ayudó con revistas y luego nos vimos en Madrid y comenzamos una inolvidable amistad. Con Antonio contacté gracias a Ricardo, Antonio era amigo de los dos, ambos en conflicto, pese a una larga amistad, por temas políticos y literarios. Antonio Porpetta fue jurado de los Premios de Poesía que organizó la Diputación de Valencia, donde yo también fui jurado.
Pregunta: Además de los tres autores protagonistas relacionados con Valencia —por nacer o residir allí—, refieres a otros escritores que éstos conocieron y que incluso conociste a través de ellos. Nos estamos refiriendo a poetas como José Hierro, Francisco Brines, Luis Rosales o Juan Gil-Albert. ¿De qué modo estos nombres influyeron en tu poética?
Respuesta: Mucho, Francisco Brines fue mi primer maestro en la poesía, en mis largas conversaciones con él, cuando le llamaba a Oliva cada sábado durante seis meses, fue uno de los períodos más ricos de mi vida. Luego escribí Francisco Brines, el otoño de un poeta, editado por Huerga y Fierro, cuando Paco ganó el Premio Cervantes, ya enfermo. Con José Hierro mantuve una amistad más breve, fue gracias a Pedro J. de la Peña y sus encuentros con él en un bar de la Avenida Ciudad de Barcelona. Pedro fue un gran investigador de su obra. A Luis Rosales no lo conocí, pero en el libro me lo imagino paseando con Pedro en la Plaza de España. Pedro y Luis sí fueron amigos. Y Juan Gil-Albert, al que he dedicado tres libros y muchos artículos, ha entrado de lleno en mi vida, gracias a Brines. De hecho, mi director de tesis en la UNED, Vicente Granados, creía que iba a hacer la tesis sobre Brines, pero decidí hacerla sobre ese gran poeta y prosista llamado Juan Gil-Albert. No lo conocí, murió en 1994, pero siempre ha estado presente en mi vida.
Pregunta: De todos estos poetas, quien más te marcó, a la vista de tu trayectoria profesional, fue Gil-Albert. ¿Qué fue lo que te llamó la atención de él y qué poso fue dejando en ti a medida que trabajaste en torno a su figura?
Respuesta: Precisamente, su valor ético y estético ante la vida, volver a España en 1947, desde México, fue arriesgado, ya que había defendido la República y fue secretario de la revista Hora de España. Juan fue un ejemplo de trabajo constante y disciplinado, escribiendo sin publicar durante casi treinta años, una obra rica y prolífica. Tanto fue lo que me ha marcado, que decidí escribir un tercer libro sobre él, Juan Gil-Albert y el exilio español en México, publicado en la Generalitat Valenciana. Fue un hombre único, que escribió libros tan valientes como el Heraclés, sobre la homosexualidad, en tiempos todavía difíciles.
Pregunta: Dentro del libro resultan llamativos los poemas dedicados a tus recuerdos infantiles en la casa familiar y en compañía de tus padres. Puesto que esta etapa resulta determinante en la conformación del ser adulto, ¿qué peso tuvo en la conformación de tu personalidad?
Respuesta: Mucho, la separación de ellos fue muy dura, ocurrió cuando yo tenía ya más de veinte años. Mi madre lo decidió, porque mi padre era empresario y siempre estaba trabajando. Cuando era pequeño, viajaba —comenzó en los negocios del juguete y el negocio del turismo, desde los sesenta (ya sabes figuras de toreros, bailarinas)— y siempre le veía llegar con cierto semblante triste. Es algo que ha quedado en mí, los silencios, los abrazos de mi madre, el tiempo en que me enamoré de la literatura y del cine, etc.
Pregunta: En el poemario se hacen presentes temas como el paso del tiempo y la muerte, así como la posteridad, todos ellos asociados a las figuras ausentes de los tres poetas homenajeados. ¿Como autor de qué forma te afectan estas cuestiones?
Respuesta: Sí, me obsesiona mucho, porque todo va pasando y como decía Pepe Hierro en el famoso poema: “Tanto todo para nada”. Mi última conversación con Pedro fue muy triste, con alzheimer, tartamudeaba al hablar y me pedía que le ayudara a presentar alguno de sus libros en Madrid, a pesar de los muchos que le presenté. Pensaba que su obra caería en el olvido, con más de cuarenta libros y miles de artículos. Además, era prodigioso escucharle, con su inmensa cultura y su don de gentes. Con Ricardo sentí que no podía despedirme de él por no estar en Valencia, cuando el cáncer de páncreas era imparable. Duró dos años con la enfermedad y le hicieron un cálido homenaje en Valencia poco antes de su muerte. Con Antonio ya no nos veíamos. Desde la muerte de su mujer (LuzMaría, editora de Torremozas), Antonio se fue marchitando poco a poco. Él, que fue un galán y un gran viajero.
Pregunta: Además de en este último libro, el mar se hace presente también en tu tercer poemario. ¿Cuál es la razón de esa importancia otorgada dentro de tu producción lírica?
Respuesta: Me ha obsesionado siempre. El mar que contempla Gustav Von Ashenbach en Muerte en Venecia, de Visconti, mi película favorita, basada en la novela de Thomas Mann, con la mirada herida y enamorada del gran Dirk Bogarde. El mar en mi tercer libro era el mar de los poetas, de los que dejaron su vida en el mar. Siempre me ha parecido un misterio, un espacio de pensamiento y una metáfora de la propia vida. Olas que llegan y se van y rompen en la espuma.
Pregunta: Actualmente asistimos a un progresivo desapego de la ciudadanía hacia la cultura en todas las manifestaciones. La literatura y, en concreto, la poesía, hacen si cabe más evidente esta cuestión. ¿Cómo ves su futuro? ¿Crees que habrá un resurgir de lo poético, lo literario y lo cultural?
Respuesta: Siempre habrá minorías, todo se está destruyendo por la inteligencia artificial. Hemos sustituido la creación por los ordenadores, los alumnos ya no se molestan en pensar por sí mismos y van a la tecnología para que haga lo que ellos deberían hacer. Siempre habrá poetas, hay una oleada de gente joven muy brillante que escribe y nadie puede matar el arte, por mucho que lo intente. Siempre habrá lectores que se apasionen por leer, alumnos que te hablen de lo que han leído y seres humanos que quieran volver a la emoción, la verdadera, la comunicación entre unos y otros. La poesía es un arte mayor, expresa las emociones con precisión y belleza.
Pregunta: Cómo autor prolífico que eres, estamos seguros de que estás preparando nuevos proyectos. ¿Puedes darnos alguna pincelada sobre ello?
Respuesta: Quiero escribir una novela sobre la época del cine mudo, ya que escribí Renglones en la lluvia sobre la caza de brujas en Hollywood. También saldrá para una editorial americana que publica por Amazon muchos artículos míos de cine y de las estrellas de cine que he ido publicando en Entreletras. Soy un cinéfilo empedernido y un enamorado del cine clásico. También participaré en un libro sobre la Generación del 27 y la literatura valenciana. Y seguiré escribiendo reseñas y críticas de cine y literatura.