Cultura

100 recetas a mis 100, de Giuliana Arioli de Calvo-Sotelo

LIBROS

Rafael Anson | Jueves 11 de junio de 2026

Giuliana Arioli de Calvo-Sotelo ha sido, y continúa siendo, una de las grandes figuras de la gastronomía de nuestro país. Italiana de nacimiento, ha desarrollado prácticamente toda su vida en España, donde ha dejado una huella profunda a través de su pasión por la cocina y de una hospitalidad que quienes la han conocido difícilmente olvidan.

Fue de la mano de su madre cuando, a los dieciséis años, comenzó a dar sus primeros pasos entre fogones. Desde entonces, la cocina ha formado parte inseparable de su vida. Con el paso del tiempo, su casa se convirtió en un lugar de referencia para amigos y conocidos, que sabían que allí les aguardaba siempre un magnífico aperitivo y una mesa generosa. En un primer momento, fueron las recetas y los productos italianos los protagonistas; más tarde, Giuliana fue incorporando a su repertorio lo mejor de la gastronomía española, construyendo así una cocina rica en matices y profundamente personal.

Su marido, Joaquín Calvo-Sotelo —escritor, poeta y dramaturgo destacado de las décadas de los sesenta y setenta—, fue quien ideó el nombre de la Cofradía de la Buena Mesa, nacida en 1969 y constituida jurídicamente con esa denominación en 1972.

Existe una anécdota especialmente reveladora relacionada con aquellos años. Joaquín defendía que el patrono de la gastronomía española debía ser San Francisco Javier. Sin embargo, algunos de nosotros insistimos en que ese honor correspondía a Santa Teresa. No solo por la célebre afirmación de que «Dios está también entre los pucheros», sino por un episodio que refleja admirablemente su sentido práctico. En cierta ocasión, durante un banquete celebrado en día de vigilia, se sirvieron perdices por un descuido. La santa resolvió la situación con una frase memorable: «Cuando perdiz, perdiz; y cuando penitencia, penitencia». Según cuentan, incluso repitió.

Joaquín reunía a su alrededor un círculo de amistades extraordinario. Entre ellas se encontraban escritores como Torcuato Luca de Tena, científicos como Gregorio Marañón o políticos como Castiella y Fanjul. Cuando aquellos encuentros tenían lugar en su casa de Madrid, y muy especialmente en Mallorca, en Costa de los Pinos, los aperitivos preparados por Giuliana gozaban de una fama merecida. Todo visitante era recibido como un amigo y tenía la oportunidad de descubrir una cocina elaborada con talento, generosidad y exquisito gusto.

Tuve la fortuna de conocerlos en Madrid, en los años de la Cofradía de la Buena Mesa, y de disfrutar de su acogida, de su espíritu fraternal y, por supuesto, de su mesa. Guardo un recuerdo particularmente entrañable de aquellos encuentros en Costa de los Pinos.

Por eso me alegra especialmente comprobar que Giuliana continúa activa, llena de energía e impulsando nuevos proyectos. Hace una década publicó 90 recetas a mis 90, una obra que alcanzó un notable éxito. Ahora, diez años después, presenta 100 recetas a mis 100, un libro que constituye una nueva celebración de toda una vida dedicada a la cocina.

La obra fue presentada recientemente en la Fundación Rafael del Pino, acompañada por su hijo, sus nietos, sus bisnietos y, naturalmente, por María del Pino y Joaquín (Joaco) del Pino. Resultó admirable verla intervenir con tanta lucidez, desenvolverse con naturalidad y encontrar en cada momento las palabras precisas.

Cabe señalar que esta publicación posee interés no solo para España, sino para toda Iberoamérica. Sus páginas reúnen recetas e influencias procedentes de distintos países, reflejando una visión abierta y enriquecedora de la gastronomía. No es aventurado pensar que este volumen acabará ocupando un lugar destacado en las bibliotecas de numerosos restaurantes, especialmente aquellos que mantienen viva la tradición de la buena mesa.

Una vez más, Giuliana nos entrega un valioso legado gastronómico que seguirá inspirando y enriqueciendo nuestras cocinas durante muchos años.