Jueves 25 de diciembre de 2008
Es Navidad, tiempo de alegría. Y regalos. Bien parece ser ese y no otro el espíritu que reina estos días en el palacio de la Moncloa de Madrid, donde el Presidente Zapatero ha ido recibiendo a los distintos presidentes autonómicos. Todos ellos han salido contentos, así que a tenor de la satisfacción mostrada, cabe inferir que el aguinaldo con que han sido obsequiados era de una cuantía sustanciosa. Es lo que tiene la Navidad, que obra milagros. Quizá porque, habida cuenta del júbilo mostrado por las autoridades autonómicas catalanas y madrileñas, poco habrá quedado para los demás. Pero, al parecer, había de sobra.
Lo que se ha hablado estos días en la Moncloa ha sido de dinero, fundamentalmente. Sí, son importantes los hechos diferenciales, las carencias estructurales y mucho más, pero de lo que se trataba era de conseguir más dinero para cada autonomía. Estamos en tiempos de crisis, con un déficit público importante y conviene recordar que la cantidad a repartir entre las distintas regiones es la que es. Una vez agotada, no hay más. Y es de sobra conocida la falta de responsabilidad de las comunidades autónomas a la hora de gastar dinero público. Por lo que más de uno empieza a estar escamado con tanta alegre promesa de Zapatero. Ya han empezado a surgir voces en el PP -para gran disgusto de Rajoy, con lo tranquilo que estaba en su laissez faire- que dudan de si Zapatero podrá cumplir todo lo que está prometiendo. A lo mejor habría sido más apropiado celebrar alguno de estos encuentros el día 28 de diciembre, día de los Santos Inocentes.
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