Cultura

El día de la revelación: extraterrestres y cine, un tema tan manido como fascinante

CRÍTICA DE CINE

Joaquín del Palacio | Miércoles 17 de junio de 2026

7.5/10

La vida es un milagro, y por tanto muy escasa. Para conseguirla se tienen que dar demasiadas casualidades para que exista y desde que miramos a las estrellas con sistemas de escaneo modernos no hemos sido capaces de detectar lugares donde sea posible. Pero a la vez el espacio es tan gigantesco que solo hemos podido estudiar menos de un 0.0001% de lo existente únicamente en nuestra galaxia, sin contar con los billones de galaxias que flotan a la deriva en nuestros cielos nocturnos (cifra inventada, como tantas otras de ese tipo). Dicho esto, si esa vida existe, llega aquí y se queda atrapada, lo que relata Steven Spielberg es completamente plausible. Serían tratados peor que el Franco moribundo, buscando en sus cuerpos elementos mercantiles. Todo sería secreto, los ocultarían en laboratorios y es probable que el propio Estado, para no mancharse demasiado con sangre ajena, delegara en alguna corporación privada amoral esos estudios.

Spielberg es un director capaz de creaciones increíbles como Salvar al soldado Ryan o La lista de Schindler, y a la vez capaz de limitarse a construir superproducciones palomiteras con las que conquistar a un público de pocas aspiraciones fílmicas, más pendientes de suliveyarse con pirotecnia que de sublimarse con arte. El día de la revelación (Disclosure Day) es una propuesta intermedia, pues no se conforma con entretener sin más, pretende llegar más lejos y lo consigue con un debate interesante entre el secreto y la apertura, entre la necesidad de proteger a la población de cosas que quizá no pudieran entender o la de tomarlos como adultos y hacerles partícipes del conocimiento adquirido. Porque se trata un concepto que en general no ha sido explorado en ese tipo de argumento y es en qué medida esos extraterrestres con una tecnología y cultura enormemente superior a la nuestra que les ha hecho capaces de llegar aquí no son para los pobres humanos sino una especie de diositos ante los que debemos postrarnos. No se preocupe, estimado lector, no destriparé la película, siga leyendo sin miedo, me limitaré a intoxicarle con mis comentarios.

¿Cuánto debemos saber?

Una sociedad bien informada podrá tomar mejores decisiones. Pero lo cierto que es que vivimos en un mundo en el que los electores eligen personas que son quienes deben tomar las decisiones, representantes que decidirán magníficamente por todos nosotros. Así que son ellos quienes deben tener buena información, no usted, lector, ni siquiera yo que estoy en las alturas de mi columna. Y aquí nos encontramos con una de las paradojas expuestas en la película, y es en qué medida la sociedad puede aceptar y entender que junto a nosotros viven criaturas que tienen capacidades de cambiarlo todo, porque esas criaturas nos sitúan como especie en un rango de devotos feligreses y corremos el riesgo de desplazar al auténtico Dios hacia otro lugar menos prominente. Y es precisamente en ese debate donde se entiende mejor esta película, porque curiosamente podríamos encajar esos mensajes que llegan de la nueva cultura como mensajes evangelizadores que no podrían tener respuestas negativas pues están llenos de empatía por el ser humano. Ni siquiera son sustitutivos de los otros, no los reemplazan porque no son reemplazables, sino coexistentes. Es un complejo ejercicio intelectual que solo personas de mente no contaminada podrían seguir con normalidad y por ello en la película se muestra que hay una enorme resistencia a hacerlos públicos. La mayoría de la humanidad está sujeta a dogmas y creencias que les impedirían salir de su zona de confort y comprender que podría haber otras cosas distintas que encajan en la definición de deidad, no solo por sus mensajes sino por sus capacidades reales tendentes al milagro, y aceptarlo es verdaderamente duro, porque además tiene representación corpórea. Ignoro donde estaría yo si se da el caso, quizá el mejor lugar podría ser una bodega oculta en la Ribeira Sacra donde refugiarme —o huir— de la realidad. Para afrontarla habrá gente mucho más valiente. En todo caso en la película no nos dan respuestas, lo que sería indecente, sino que dejan todas las preguntas en el aire.

La película

Si bien en los fundamentos Spielberg ha dado en el clavo, en el desarrollo se queda algo vago. Demasiadas carreras, persecuciones, malvados tipo Musk, todoterrenos gigantes negros, etc., y por otro lado un protagonista (Josh O'Connor) con cara de pasmado solo compensado por la maravillosa Emily Blunt, que irradia un magnetismo irresistible, como si detrás de sus ojos estuviera el resto del universo no conocido. Completa la terna otro británico, Colin Firth, que sale de su papel de galán encapsulado en la rigidez inglesa para convertirse en un malvado tecnobro de alma marchita. Se me hace raro escucharlos hablando sin sus acentos auténticos, como cuando Bardem habla en colombiano.

El día de la revelación se llena de aventura y acción cuando la base es filosófica, y eso habrá quien lo tome como algo más comercial, pero en cierto modo nos ofrece dos películas en una. La primera es previsible y evidente, sigue un patrón estándar del género y no ofrece demasiadas sorpresas en su desenlace. Está ejecutado, eso sí, con maestría, con calidad, con los mejores medios que puedan existir en el cine actual gracias a un Spielberg que es un maestro de la cámara y la narración a través de imágenes. Sabe narrar acción lo mismo que dolor, intimidad o turbación.

La segunda en cambio encierra un extraordinario debate sobre un tema perenne y le da una vuelta de tuerca importante. La película ha sido producida y dirigida por Spielberg a partir de un guion de David Koepp basado en una historia casi cerrada por el primero, y fue precisamente Koepp quien decidió meter las persecuciones y la épica de aventuras en un proyecto que originalmente estaba más centrado en su dimensión filosófica. El resultado es interesante porque está cubriendo sus presupuestos y funcionando muy bien en taquilla (la semana pasada fue número uno mundial) mientras a la vez nos introduce su mensaje, mucho más profundo que el que podría haber en una simple película de aventuras. Spielberg contó de nuevo con John Williams para la música, lo que siempre es garantía de máxima calidad, aunque este no sea su trabajo más brillante. Es envolvente, nos sumerge en la historia y nos ayuda a ser parte, pero le falta fuerza para ser recordado, no pasará a la historia.

Resumiendo el argumento, y sin contar más de la cuenta (jamás oiréis de mí esa palabra en la que todos estáis pensando ahora mismo) un hacker consigue escapar de una organización privada que trabaja para el gobierno americano y se lleva consigo una serie de pruebas de que los extraterrestres existen y están siendo analizados desde hace muchos años en centros ocultos. En paralelo, una periodista del tiempo comienza a notar extrañas sensaciones y capacidades y tiene un presentimiento de que debe hacer algo para lo que ha sido programada. Comienza así una huida de ambos, perseguidos por esta organización oscura. Este argumento da sentido a la parte más visual y menos interesante de la película.

Dos películas en una

Como comentaba hace unas líneas, El día de la revelación nos ofrece una película de aventuras y acción dentro de otra con una temática muy interesante si somos capaces de ir hasta el fondo del asunto, obviando los muñequitos alienígenas. El ser humano desde que tiene pensamiento ha necesitado de dioses, ha buscado en ellos sentido a su vida y a su muerte, consuelo a su existencia y capacidad para trascender y no ser solo un recipiente de huesos y carne llena de gusanos. Pero a menudo esos dioses han estado lejos y no se han manifestado más que a través de la fe o del propio deseo de interpretar como gestos divinos sucesos habituales o extraordinarios. Al ver esta película sentí que una inteligencia muy superior a la humana, capaz de entender de un modo integral a los humanos, de ver dentro de ellos y mostrarles el camino que deben seguir, una fuerza bondadosa que solo busca el bien sería algo que confundiría a la humanidad. Unos podrían hablar de miedo, otros de pérdida de la inocencia, habrá quienes piensen que es una estrategia para invadirnos o que es un invento del demonio, quizá habría tantas interpretaciones como personas. Yo creo que a menudo la interpretación más sencilla es la correcta: el mal suele disolverse en la inteligencia y si una cultura extraterrestre que nos lleva milenios de ventaja ha sido capaz de llegar hasta aquí no tenemos que preocuparnos, más bien será una oportunidad que deberíamos aprovechar lo mejor posible.

Dejo una última pregunta que me carcome: ¿Por qué los extraterrestres siempre aparecen en USA si solo representa el 6,1% de la superficie de la tierra firme?

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