José Luis Rodríguez Zapatero está acostumbrado a intervenir en los mítines del PSOE, a hablar ante los militantes socialistas más fanáticos, rendidos ante su imagen de ser el gran “faro de la izquierda”, una suerte de Gandhi que propaga la paz en el mundo, el creador en su día de la almibarada Alianza de las Civilizaciones y, sobre todo, de haberse convertido en un ejemplo de honestidad para la progresía cuando proclamaba que "ser socialista es tener muy poco y estar dispuesto a dar mucho."
Ocurre, sin embargo, que este lunes se ha sentado en el banquillo de los acusados de la Audiencia Nacional ante el juez Calama como el primer expresidente de Gobierno de la democracia imputado por seis graves delitos de corrupción como ser el “líder de una estructura criminal” dedicaba al tráfico de influencias y al blanqueo de capitales y después de que la UCO encontrara escondida en su despacho una caja fuerte que contenía un botín en joyas valorado en más de un millón de euros y cuyo origen ha sido incapaz de justificar. Dice que necesita tiempo. Necesita tiempo para dar una explicación que, por lo que parece, le resulta difícil de encontrar. Tan difícil que el juez denuncia “la ausencia de trazabilidad fiscal”.
Pero su verborrea mitinera ante el juez de poco le ha servido. Pues, como reconoció el propio magistrado, "la declaración del investigado no ha logrado desvirtuar los indicios racionales de criminalidad". Ha sido incapaz de convencer al juez Calama de su inocencia por más que emita comunicados suplicantes para defender esa imagen, definitivamente deteriorada. Dice que “se me acusa de muy graves delitos que no he cometido. Siempre me conduje con decencia y con honradez, y ahora tengo por delante la tarea de demostrarlo. Lo haré con absoluta transparencia y con plena confianza. La verdad se abrirá paso.”
Pero todo indica que el juez, después de que el expresidente contestara a la mayoría de sus preguntas con un escueto “no sé”, sigue convencido del peso de los múltiples indicios que tiene sobre sus tejemanejes con el rescate de la aerolínea Plus Ultra, de sus supuestos negocios con la narcodictadura venezolana o el comunismo chino. Y no le ha creído. Ha emitido un auto que denuncia que los pagos que recibió por sus gestiones "suenan a dinámica de blanqueo".
El juicio acaba de comenzar y resulta imposible vaticinar la posible condena que le pueda imponer el juez Calama. Pues, a pesar de que el veredicto penal sea una incógnita, ha quedado patente que su imagen de socialista puro y honesto se ha evaporado. Y, aunque aparentemente no sea lo más grave, resulta inmoral y atenta contra la cacareada ética socialista esconder un botín de joyas de más de un millón de euros sin ser capaz de explicar su origen. Desmonta la grandilocuencia de su lema favorito de que “ser socialista es tener muy poco y estar dispuesto a dar mucho”. Pues más bien, ha quedado demostrado que Zapatero tiene mucho, posee una fortuna que, todavía supuestamente, ha acumulado con sus gestiones en Venezuela y China gracias, sobre todo, a los apoyos del Gobierno de Pedro Sánchez, su alumno más aventajado que, visto lo visto, debería poner sus barbas a remojar.