“El proceso de envejecimiento ha sido muy lento, así que casi no te dabas cuenta de hasta qué punto amarilleaba, hasta que no hemos quitado las capas de barniz viejo no hemos visto el tremendo contraste”, ha comentado Martos.
Para acometer la limpieza primero ha sido necesario realizar estudios técnicos y análisis de laboratorio profundos para poder conocer las características físicas y técnicas y poder trabajar con seguridad y rigor.
“Cuando empiezas a limpiar tienes mucha información y apoyo científico y vas sobre seguro”, ha contado Martos, quien asegura que el reto se afronta no con miedo, pero sí mucho respeto. “Sobre todo la etapa de limpieza, que lo que hagas ya no tiene vuelta atrás”.
Preguntada por si la investigación ha desvelado curiosidades del cuadro, la restauradora ha explicado que la única ha sido el hecho de que Rubens aplicó una capa de blanco de plomo solo en las figuras de la Venus y Cupido, “lo que resalta las figuras como si la luz saliera de ellas”. A parte de eso, nada. “Simplemente a veces los artistas son maravillosos y saben perfectamente lo que quieren pintar, sin correcciones ni retoques”, ha explicado.
El museo ha expuesto el cuadro junto a material audiovisual que desvela todo el proceso y permite comparar cómo estaba la obra y cómo ha quedado tras la laboriosa restauración.