Sociedad

El telescopio James Webb revela nuevos detalles sobre el enigmático 'planeta rosa'

ASTRONOMÍA

E.I. | Jueves 18 de junio de 2026

Un equipos de astrónomos ha descubierto que el conocido como “planeta rosa”, uno de los objetos planetarios más enigmáticos observados hasta la fecha, está rodeado por una atmósfera con nubes de sal y una química exótica nunca antes detectada con tanto detalle.

El hallazgo, realizado gracias al Telescopio Espacial James Webb (JWST), proporciona las primeras evidencias directas de la existencia de nubes de sal en la atmósfera de un objeto frío, una hipótesis que los científicos habían planteado hace más de 15 años. Los resultados se publican este jueves en The Astronomical Journal.

El objeto, denominado GJ504b, fue descubierto en 2013 y orbita una estrella similar al Sol situada a 57 años luz de la Tierra. Aunque recibe el apodo de “Planeta Rosa” por el tono rosado de su atmósfera, los investigadores aún debaten su verdadera naturaleza. Con una masa aproximadamente 25 veces superior a la de Júpiter, se encuentra en la difusa frontera entre los planetas gigantes y las enanas marrones.

“Cuando finalmente obtuvimos su espectro con el James Webb, vimos inmediatamente que era algo interesante. Pero al profundizar en los datos comprendimos que no se parecía a nada que hubiéramos analizado antes”, explicó Aneesh Baburaj, investigador de Northwestern y autor principal del estudio.

Un mundo antiguo y sorprendentemente frío

A diferencia de la mayoría de los exoplanetas observados directamente, que suelen registrar temperaturas de entre 540 y 1.100 grados centígrados, GJ504b alcanza apenas unos 290 grados Celsius, una temperatura comparable a la de un horno doméstico para hornear pan.

Los investigadores atribuyen esta relativa frialdad a su avanzada edad. Según las nuevas estimaciones, el objeto tendría entre 2.500 y 4.000 millones de años. Como ocurre con los planetas gigantes, su temperatura disminuye gradualmente con el paso del tiempo.

Durante años, los intentos de estudiar su atmósfera desde observatorios terrestres resultaron infructuosos debido a su débil brillo. Sin embargo, la sensibilidad del James Webb permitió captar su tenue luz y separarla del resplandor de la estrella anfitriona.

“Otros equipos dedicaron noches completas de observación con algunos de los telescopios más grandes del mundo sin lograr obtener un espectro claro. Con el James Webb lo conseguimos en apenas dos horas”, señaló Baburaj.

Vapor de agua, metano y nubes de sal

El análisis espectroscópico reveló la presencia de vapor de agua, metano, dióxido de carbono, amoníaco y otras moléculas en la atmósfera de GJ504b.

Sin embargo, los modelos iniciales no lograban reproducir correctamente las observaciones. La situación cambió cuando los científicos incorporaron la existencia de nubes en las simulaciones. Entre las distintas posibilidades estudiadas, las nubes compuestas por sales minerales ofrecieron el mejor ajuste.

Según los investigadores, estas nubes actuarían como una especie de velo que oculta las capas más profundas de la atmósfera y modifica la luz que finalmente llega al telescopio.

“Probamos tres tipos diferentes de nubes y las de sal fueron las que mejor encajaron. Cuando las incluimos en el modelo, los resultados pasaron a ser físicamente coherentes”, explicó el científico.

Claves para estudiar otros mundos fríos

Además de las nubes de sal, los datos sugieren que GJ504b contiene una cantidad inusualmente elevada de elementos pesados. No obstante, sigue sin estar claro si se formó como un planeta gigante o mediante procesos más similares a los que originan las estrellas de baja masa.

Los autores consideran que las técnicas desarrolladas para este estudio abrirán nuevas posibilidades para investigar otros mundos fríos y poco luminosos. Incluso podrían ayudar en el futuro a analizar fenómenos atmosféricos presentes en planetas de nuestro propio Sistema Solar, como las nubes de hielo de amoníaco de Júpiter.

“Es la primera vez que comprobamos que las nubes de sal son esenciales para explicar el espectro de un objeto de este tipo”, concluyó Baburaj. “Es un recordatorio de que debemos tener muy en cuenta el papel de las nubes en nuestros modelos atmosféricos”.

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