Opinión

Siento ser agorero

Enrique Arnaldo | Jueves 25 de diciembre de 2008
Lamento ser un poco aguafiestas. Las fechas luminosas de la Navidad parece ser que están colocadas en el calendario para reír y brindar, pero no podemos perder el sentido de la realidad ni siquiera en esta época. Por más que loterías, villancicos, árboles de colores o langostinos congelados permitan olvidar momentáneamente la gravísima recesión en que nos encontramos, nuestros dirigentes políticos no deben dejarse llevar por la frivolidad. Aunque, ¡es mucho pedirles!.

Los gobernantes en España se han dedicado en cuerpo y alma a negar la crudeza de la situación, la peor que nunca hemos conocido. Se afirmó por el busto parlante que hay que ser optimista pues, en otro caso, aún iríamos peor. Su vitalismo inconsecuente nada arregla. Es hambre para hoy y para mañana más.

Todavía no se ha tomado ninguna medida seria. Por el momento son cánticos al sol, meros tapones de una bañera desbordada por todos su ángulos. Más gasto público, que tiene el límite que tiene pues el sempieterno déficit público no es estirable como un chicle. El sector público crece al modo del viejo INI (véase la última actuación de la Generalidad catalana con Spanair), y ello conducirá a la muerte del sistema económico basado en la incentivación, el riesgo y el beneficio sano para el empresario emprendedor. No se ha puesto en marcha todavía ningún plan estructurado de ahorro público en gasto corriente, de forma que continuamos con elefantiásicas Administraciones Públicas, burocratizadas y sobredimensionadas. Que se sepa lo único que han hecho es suprimir la copa de Navidad.

Se ocultan datos alarmantes. Los enormes retrasos de las Administraciones Públicas, y sobre todas las locales, en los pagos a las PYMES y a empresas mayores, que ahogan su tesorería y las llevan a la ruina. El efecto en cadena de la crisis conduce a que se concatenan dramáticamente los impagos. El acceso al crédito está prácticamente cerrado para casi todos. El paro crece a ritmo vertiginoso y deja en desamparo a miles de familias que, ante el fin próximo del subsidio, tienen únicamente la solidaridad familiar como salida. El contagio de la reducción del consumo sitúa al sector comercial al borde de la quiebra (la anticipación de rebajas y descuentos trata de frenarla o retrasarla).

La crisis se vislumbra mucho más extendida en el tiempo de lo que se dice. Y falta liderazgo político para, aún con dosis de impopularidad, hacerle frente. Hay que empezar a decir ya que el Estado del bienestar del futuro no va a ser ni con mucho el del pasado. Se acabaron los regalitos y las subvenciones del cien por cien (véanse estos días las páginas del BOE llenas de convocatorias de subvenciones para variopintos trabajos). Hay, también, que empezar a pensar cual es el futuro económico de España, un país esencialmente de servicios. La construcción y el turismo no serán lo que fueron. ¿A qué nos vamos a dedicar?. Al I+D dice el busto parlante: ¿Estamos seguros que caminamos por la senda idónea?.

Da la sensación de que todos los responsables políticos occidentales están esperando la varita mágica de Obama. Es mucho porfiar.

Feliz Navidad.

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