Gracias a un innovador análisis de sangre, desarrollado por un equipo de investigadores del Instituto de Ciencias de Tokio, se puede medir la eficacia con la que las lipoproteínas de alta densidad (HDL) (conocidas popularmente como colesterol bueno) eliminan el colesterol de las paredes de los vasos sanguíneos para evitar la formación de placas coronarias. Esta función se llama capacidad de eflujo de colesterol (CEC).
En el estudio experimental que se puede consultar en la publicación científica Atherosclerosis, se detalla cómo han utilizado un novedoso método de microesferas de gel unidas a liposomas inmovilizados para medir los niveles de capacidad de eflujo de colesterol (CEC) y su asociación con los riesgos cardiovasculares.
Las enfermedades cardiovasculares son una de las principales causas de muerte en todo el mundo. Por ello, predecir el riesgo de enfermedad coronaria sigue siendo un gran desafío de la biomedicina.
La lipoproteína de alta densidad (HDL), conocida como colesterol bueno, se asocia tradicionalmente con la protección contra la formación de placas coronarias. Sin embargo, las mediciones convencionales de HDL no siempre reflejan la eficacia con la que las partículas de HDL funcionan en el organismo.
Un indicador importante de la función de las HDL es la capacidad de eflujo de colesterol (CEC), que mide la capacidad de las HDL para eliminar el exceso de colesterol de las células y transportarlo al hígado para su metabolismo. Sin embargo, los métodos convencionales para medir la CEC suelen ser complejos.
Para abordar este problema, un grupo de investigación dirigido por los profesores Ryunosuke Ohkawa y Minoru Tozuka, del Departamento de Bioanálisis Clínico y Biología Molecular del Instituto de Ciencias de Tokio, desarrolló previamente un método sencillo y de alta precisión conocido como método de microesferas de gel unidas a liposomas inmovilizados (ILG), que utiliza ILG para la determinación de la CEC.
Si bien el método arrojó resultados prometedores, su potencial de uso en la práctica diaria aún estaba por determinarse. Ahora, estos investigadores, en colaboración con el profesor Taishi Yonetsu, del Departamento de Medicina Cardiovascular de Science Tokyo, junto con Tsunehiro Miyakoshi, estudiante de doctorado del mismo campus, analizaron muestras de decenas de pacientes para evaluar la utilidad clínica del método en la detección del riesgo de enfermedad cardíaca.
“Analizamos 61 pacientes que se habían sometido a exámenes de cateterismo en el Departamento de Cardiología”, explica Ohkawa, autor principal. Midieron los valores de CEC utilizando el método ILG y los compararon con las características de la placa mediante tomografía de coherencia óptica, una técnica de imagen avanzada capaz de visualizar las placas de las arterias coronarias con detalle.
Los resultados revelaron que los pacientes con placas grandes y ricas en lípidos de alto riesgo presentaban valores de CEC significativamente más bajos, mientras que aquellos con placas no grandes y ricas en lípidos mostraron valores de CEC más altos.
Además, los valores de CEC más altos se asociaron con partículas de HDL que contenían apolipoproteína E. Estos hallazgos sugieren que una menor capacidad de eliminación de colesterol podría asociarse con el desarrollo de placas inestables, las cuales pueden desencadenar eventos cardiovasculares graves.
“Al simplificar la medición de la CEC, nuestro objetivo era hacer que este biomarcador fuera más accesible para su uso clínico”, señala Ohkawa.
Si bien a las placas grandes ricas en lípidos se las reconoce ampliamente como lesiones vulnerables capaces de romperse y desencadenar síndromes coronarios agudos, detectarlas en pacientes vivos sin procedimientos invasivos, como el cateterismo cardíaco, sigue siendo un desafío.
Al identificar a los pacientes que presentan una función reducida de HDL con el sencillo método ILG, los clínicos pueden predecir mejor el riesgo cardiovascular futuro y orientar las estrategias de tratamiento preventivo.
Aunque la CEC se ha reconocido internacionalmente como un biomarcador prometedor, su uso generalizado se ha limitado por la complejidad de los métodos de medición existentes. El método ILG actual -según los autores de este estudio- ayuda a superar esta barrera al permitir una prueba de CEC práctica y confiable.
Ya por último, en este trabajo se dice también que si bien algunos estudios han informado de que la subclase de HDL se asocia con el riesgo de CEC y ASCVD, este extremo sigue siendo controvertido.
No obstante, a pesar de la importancia clínica ampliamente reportada de la evaluación de CEC durante la última década, sus ensayos aún no se aplican en la práctica clínica porque los convencionales realizados en la investigación clínica “requieren células cultivadas, que son demasiado engorrosas para mantener en laboratorios clínicos”.