Opinión

Verdad y mentira en sentido zapateril

TRIBUNA

Jorge Vigil | Jueves 25 de junio de 2026

“En algún apartado rincón del universo, desperdigado de innumerables y centelleantes sistemas solares, hubo una vez un astro en el que animales astutos inventaron el conocer” Así empieza el breve ensayo de Nietzsche que lleva por título “Verdad y mentira en sentido extramoral” (1896), todo un epítome de la antropología “destructiva” (o deconstructiva) del filósofo alemán. El intelecto humano no es más que la herramienta adaptativa de un ser pretencioso que se jacta de su rimbombante, aunque insignificante, posición en el universo, a la vez que aspira a fundamentar la absoluta falsedad de la moral. Recuerden el reactivo sulfúrico con que aborda Nietzsche el hecho moral: “no hay hechos morales, sino interpretaciones morales de los hechos”. Disuelto el conocimiento, disuelto el fundamento de la moral, sólo queda el abismo de la nada -el nihilismo- en un universo huérfano de Dios.

Un viejo chiste de la época en que había chistes nos ayuda a centrar el asunto: un amigo confiesa a otro el gran apuro que pasó cuando su mujer entró intempestivamente en el dormitorio, sorprendiéndole con otra señora. “¿Y qué hiciste?”, inquiere su amigo. El protagonista responde sin dudar, con la seguridad de un consumado maestro en la impostura: “lo negué todo”. Podría ser una ilustración paradigmática del concepto de cinismo; el antiguo cinismo ha encontrado su campo de aplicación en la moderna gestión política, ya desligada de toda referencia a valores o principios salvo a título publicitario y en aras de la mercadotecnia. El político cínico le ha dado la vuelta al valor pero manteniendo la posición de facto: “detesto a mujeres, homosexuales, negros, gitanos, migrantes y moros, pero eo ipso basaré mi campaña en el apoyo a esos colectivos, las consignas pueden marcar la diferencia en el recuento” y son eficaces arietes contra la oposición. Pero además, y sobre todo, el político se pliega a la hipocresía, “el homenaje que el vicio hace a la virtud” según la magistral fórmula de La Rochefoucauld, dice una cosa y hace la contraria, tanto en su vida privada como en su acción política.

En lo que sigue intentaré aplicar el método nietzscheano a las falacias y mentiras de Zapatero, ahora puestas de manifiesto en un dossier de la Guardia civil. Pero el argumento vale in toto para la política socialista de, al menos, los últimos ocho años, bajo la égida del ‘resiliente’ Pedro Sánchez. Zapatero es un personaje secundario, que aparece tarde en esta historia, poniendo en valor grandes principios y proclamas de considerable eficacia publicitaria, aunque ya derrotados o falsos -y ahora vemos que falsarios. El buenismo por sistema, la apelación a la concordia y la paz universales, a la igualdad, la solidaridad y la paz en el marco de una cosmovisión ‘progresista’ hilan discursos altisonantes por vacíos, pero de gran eficacia en los mítines y discursos. Zapatero se erige así en el gurú de un Pedro Sánchez que se sirve de él como sostén y arbotante publicitario. En un reciente y brillante artículo (TObjective, junio de 2026) Cesar Antonio Molina -ministro con Zapatero- ha glosado una imagen muy hispana del patriarca Zapatero, a quien el partido socialista y Pedro Sánchez han ido paseando en procesión por los pueblos y mítines, como los antiguos santones durante romerías o fiestas locales. La dupla Zapatero - Sánchez, ambos con una formación tan endeble, ha servido así como eficaz herramienta de “sensibilización” mitinera, reproduciendo la dualidad de Weber, con un Zapatero como apóstol de las convicciones junto a un Sánchez como ejecutivo gestor de las responsabilidades.

Ahora yo me pongo unos segundos en la almohada de Pedro Sánchez, maestro consumado de numerosas mentiras políticas y me pregunto: por qué me detesta tanto esta gente, puto país de fachas y franquistas: ETA es ya un mal recuerdo, he desinflamado Cataluña, la economía crece el doble que la media de la zona Euro, y Marruecos ya apenas envía pateras, ahora envía a sus nacionales en avión. "Por qué nos odian tanto", clama el intelectual Patxi. Vaya país de ingratos. Este gobierno – como dice el cómico- tendrá que cambiar de país.

Desde su victoria compositiva en el llamado “gobierno Frankenstein” (Rubalcaba) se han sucedido por decenas las mentiras políticas del partido en el gobierno, sus corifeos y paniaguados. Esta práctica va desde la simple mentira -decir algo que es falso en el marco de la lógica binaria verdad/falsedad- hasta la falsedad fundamental, la perversión misma del sentido de la verdad, donde la mentira se convierte en una práctica de principio, siempre con la evidencia de que quien la emite no puede no ser consciente de que está falseando la verdad. Es el terreno de la impostura, que el diccionario de la RAE define concisamente como “fingimiento o engaño con apariencia de verdad: una simulación o falsedad”. Notas esenciales de este grosero engaño son: su intento de persuasión, su interés y el desafío a la evidencia. Precisamente el envés del conocimiento de ese ser pretencioso al que se refiere Nietzsche en el primer párrafo es el evidente interés. El político miente usualmente por el interés que le va en ello. Todo el mundo recuerda las 3 negaciones fundacionales del sanchismo: “no promoveré la amnistía para los golpistas catalanes, no pactaré con Podemos, no pactaré con Bildu.” La mentira elevada a la falsedad aquí en todo su esplendor: más allá de la simple falta de verdad (la mentira simple) se trata aquí de la falsedad programática, el reverso de lo que se hará a la postre, o la acción inversa a un previo compromiso público. Tenemos pues aquí como esquema argumental una manipulación de la verdad con un interés encubierto, en este caso la conservación del poder político.


Igual que el gato de Schrödinger está vivo y muerto al mismo tiempo, las mentiras de Zapatero son a la vez mentiras y verdades. Ejemplos: es verdad decir "soy socialista en tanto que feminista" (pues ésta es la doctrina histórica del partido) y sin embargo tener un amplio pool de puteros en el partido; decir "los socialistas somos incompatibles con la corrupción" y tener procesados a dos secretarios generales y (pronto) a un presidente del gobierno; no levantarse al paso de la bandera americana y decir que luchamos por la alianza de civilizaciones; decir que trabajamos por la reconciliación y la paz en Venezuela y apoyar a un gobierno de torturadores y asesinos, que ha llevado su país a la ruina; decir, como hizo Zapatero, " he luchado por la liberación de los presos políticos" a la vez que ha apoyado al gobierno que los tortura y encarcela. Zapatero, prócer de la paz. Decir que "hay que combatir la droga" y cobrar millonarias cantidades de estados narcotraficantes y/o totalitarios. Nos tememos que el problema no va a ser tanto el averiguar si el gato está vivo o muerto como que conocer cuánto tiempo más podremos seguir soportando la pestilencia del gato putrefacto. El mismo gato que glosó Felipe (‘no importa que sea blanco o negro, sino si caza ratones’), vuelve ahora a ayudar a su sucesor, a quien tampoco importa mucho el color (de la mentira) si le permite ostentar el poder una semana más.

Los dos temas de la tesis de Nietzsche sobre la mentira son el olvido y el antropomorfismo. El político socialista ‘olvida’ que esas grandes metáforas que vocifera entre los aplausos de sus secuaces no son más que metáforas y las difunde y maneja como verdades en sí. Estamos en el núcleo profundo de la caverna de Platón.

Las mentiras de Zapatero, ahora evidenciadas como mera impostura, le han permitido vender su deteriorada mercancía tanto en su país como en foros internacionales. Zapatero fue el promotor del llamado “Grupo de Puebla” (2019), el sanedrín progresista de algunas de las peores autocracias extractivas del mundo (Cuba, Nicaragua, Venezuela), de las que sirvió como blanqueador… interesado, según hoy sabemos. Y por si ese fuera poco (anti-) aval, antes se erigió en el paladín de una “Alianza de civilizaciones”, cuya exitosa concreción fueron los ataques a las Torres Gemelas (2001) y la masacre de los trenes en Madrid (2004).


“¿Qué es entonces la verdad? -prosigue Nietzsche-: un ejército móvil de metáforas, metonimias, antropomorfismos, en resumidas cuentas, una suma de relaciones humanas que han sido realzadas, extrapoladas, adornadas poética y retóricamente y que, después de un prolongado uso, a un pueblo le parecen fijas, canónicas, obligatorias: las verdades son ilusiones de las que se ha olvidado que lo son, metáforas que se han vuelto gastadas y sin fuerza sensible, monedas que han perdido su troquelado y no son ahora consideradas como monedas, sino como metal.” […] “Ciertamente, el hombre se olvida de que su situación es ésta, por tanto, miente inconscientemente de la manera que hemos indicado y en virtud de hábitos milenarios -y precisamente en virtud de esta inconsciencia, precisamente en virtud de este olvido, adquiere el sentimiento de la verdad.” […] “Olvida, por lo tanto, que las metáforas intuitivas originales no son más que metáforas y las toma por las cosas mismas.” Un caso paradigmático es el concepto de “libertad”, que no se quitan de la boca los partidos progresistas en sus intervenciones, mítines y escritos. De todos es sabido que la libertad que pregonan está subordinada a la acción vertical de gobierno precisamente en sentido contrario a la libertad; pero ha de seguir rodando la bola. Otro principio rector es el de ‘igualdad’, que sabemos está muy limitado en el marco de una economía de libre mercado y no es más que un vago principio moral, que el gobierno viola a conveniencia, como en la infame ley de medidas de protección contra la violencia de género (2004) que nada menos que demolió uno de los principios generales del derecho como la presunción de inocencia, instituyendo la inversión de la carga de la prueba en los delitos de violencia de género.

Hasta aquí el ‘olvido’ del lejano origen de las ‘verdades’ político-morales progresistas, que sin embargo se predican de manera reiterada en el discurso político. El segundo principio nietzscheano era el antropomorfismo, la sujeción a los intereses de la especie de las ‘verdades’ supuestamente universales, pero que en el marco de la querella política podríamos llamar el “partidomorfismo”, la sujeción a los dicterios del partido en orden vertical. El político socialista (o en general partidario) no habla en relación a la verdad sino a la conveniencia y a la sumisión al ‘programa o la doctrina del partido’: finge ‘olvidar’ que sus principios coinciden con los de la jerarquía, por lo que no es de extrañar que, cuando ésta cambie de parecer, todos los militantes cambien con el/la líder. Es sorprendente la unanimidad -incluso expresiva- de criterios y posicionamientos de los miembros del gobierno y sus corifeos, en lo que podríamos denominar “disciplina whatsup”. Y en el contexto de la ‘política profesionalizada’ nadie asume el riesgo de la disidencia: como se dijo en el contexto del 15M, “dimitir no es un nombre ruso”, criterio que incluso los idealistas de izquierda han seguido a rajatabla -no están los tiempos para jugarse la nómina.

Tenemos, añade Nietzsche, una auténtica necesidad de la ilusión: “el hombre mismo tiene una invencible tendencia a dejarse engañar y está como hechizado por la felicidad cuando el rapsoda le narra cuentos épicos como si fuesen verdades” (12). Junto a la libertad y la igualdad se podría incluir la manida ‘democracia’, tantas veces evocada como traicionada, en un partido del que se ha constatado hacía trampas hasta en las votaciones internas.

Todo este olvido interesado del argumentario zapateril-sanchista se ha desplegado en políticas concretas contrarias a las exigencias constitucionales, como éstas:

  • Desinstitucionalización: vaciamiento/distorsión de las instituciones en favor de los intereses estratégicos a corto plazo, propios o de sus socios de investidura
  • Máxima “colaboración con la justicia” (sic), ejercida con un permanente abuso en la política judicial y la quiebra de la separación de poderes, con la cooptación de jueces y fiscales (¿de quién depende la fiscalía?), la defensa del primer Fiscal general condenado, la utilización partidaria del Tribunal constitucional como instancia de casación, para evitar las sentencias condenatorias.
  • Desprecio y asedio de la Constitución, que aducen como el principal déficit de la oposición: tres años sin los obligados presupuestos, hostigamiento de la oposición (el famoso ‘muro’), de procedimientos constitucionales y decisiones judiciales (amnistía a los golpistas catalanes, indulto a los condenados por el procès y los ERE andaluces). Los ‘constitucionalistas’ socialistas no tienen empacho en difundir una enmienda constitucional por decreto ley o referéndum, para evitar el ‘bloqueo’ de la ‘ultraderecha’. Y para postre el anunciado proyecto de implantar por decreto una “España plurinacional” sin el aval de los procedimientos constitucionales previstos, anunciado por su consejero áulico Ivan Redondo o, más allá aún, convocar un “referéndum” al efecto, al amparo del artículo 92 de la C.E.
  • Despliegue de políticas generales en trueque del apoyo de los partidos que secundaron su investidura; cesiones competenciales y financieras a los partidos de la coalición (los privilegios fiscales a los partidos catalanistas), en burla del principio de igualdad que evocan como principio programático.
  • Gestión interna del partido: mientras denuncian la deriva delictiva y antidemocrática de la oposición, la “prensa canallesca” o su nueva fórmula (“la máquina de fango”) revela los fraudes en los procesos electorales internos, además del régimen vertical de toma de decisiones y los delictivos procedimientos de gestión financiera.
  • Reescritura de la historia (ley de memoria histórica) mediante criterios ideológicos; se trata no sólo de agotar todo espacio de poder en el presente sino también en el pasado en aras de la “construcción del relato”.
  • Igualdad y violencia de género; su ‘eficaz’ ministra de igualdad perpetró con esta ley la liberación de más de mil condenados por los delitos que se suponía reprimir dicha ley.
  • Política de vivienda: se han ‘olvidado’ también de la construcción de los miles de viviendas prometidas, imputando la disfunción del mercado a los ‘fondos buitre’ o al efecto depredador de la vivienda vacacional.
  • La amnistía e indulto a los golpistas catalanes, por estrictas razones estratégicas, otro de los mayúsculos escándalos de este gobierno, para el cual hicieron a Zapatero “embajador del gobierno”.
  • Falseamiento de las cifras del “progreso” económico; los impuestos y cotizaciones revierten la subida salarial. El poder adquisitivo real de los trabajadores es menor que en 2018. Pero siguen repitiendo el mantra del crecimiento, la igualdad salarial y el ‘progreso’ diferencial respecto a otros países europeos.
  • Sánchez presume de que los sueldos suben un 23% en su mandato... pero nada dicen de la progresividad en frío ni el alza de cotizaciones.

Estas son algunas de las mentiras -perdón: imposturas- del régimen zapateril-sanchista, dos líderes que han ‘olvidado’ el origen de sus engaños. Otro gran demócrata como Platón ya había perfilado las coordenadas del programa: “Es propio de los gobernantes del Estado recurrir a la falsedad, para engañar bien a sus enemigos o bien a sus conciudadanos en el interés del Estado” (República, III, 389b). Dos personajes más bien poco sofisticados intelectualmente -to say the least- han rendido así homenaje a dos filósofos de fuste, que probablemente no han leído desde el COU.

Dijo Chateaubriand de Talleyrand, su manipulador rival en la corte de Napoleón, que éste era un “montón de estiércol vestido de seda”; no hemos avanzado mucho desde entonces: estos personajes mendaces e intelectualmente deficientes del PSOE -Patxi, la fontanera Leyre, Francina Armengol, Abalos, Koldo, Mª Jesús Montero, i.a.- son ese montón de estiércol pero vestido de arpillera.