Finalmente, llegó la fecha anunciada para el encuentro de Felipe VI y Claudia Sheinbaum en el cinco veces centenario Palacio Nacional, en Ciudad de México. Esos muros levantados sobre los palacios del tlatoani Axayácatl por orden de Hernán Cortés tras de la conquista de Tenochtitlan –y desde cuyos patios pueden verse los cimientos en las llamadas “ventanas históricas”– y que hace ya casi 50 años recibieron al primer Rey de España que visitó México (1978), y América, desde los tiempos de los Católicos y el extremeño, el actual emérito y en el marco del restablecimiento de relaciones diplomáticas entre México y España (1977). Relaciones diplomáticas rotas cuando el presidente Lázaro Cárdenas mandó al diablo a Franco y su Falange, acogiendo al gobierno de la II República Española en el exilio (1939-77), que se reunía en una oficina perpendicular al citado inmueble.
Cómo el balón que rueda imparable en el Mundial 2026, que ha agotado ya la tercera parte de su calendario, las relaciones España-México prosiguen y siendo tan importante relación, como que México es el principal socio de España en Hispanoamérica y España puede ser siempre un excelente punto de apoyo para incrementar la presencia mexicana en la UE, se torna en relaciones estratégicas. A mí me parece formidable. Así que mi va enhorabuena.
Feliz VI acudirá después a Guadalajara a ver a “La Roja”. Promete ser un gran partido del Mundial 2026 y a la altura de lo que se espera del conjunto ibérico en este certamen que está siendo emocionante en grado superlativo.
Por mi parte, evadiendo el gentío, ya fui a meterme al FIFA Fan Fest en el Zócalo, en Ciudad de México. Muy seguro, muy organizado. Con la pantalla más grande entre sus pares –me recordó en sus dimensiones a la que vi en la Plaza Sony de la Expo Universal del 92, en Sevilla–y donde el ambiente lo pone la gente, no las instalaciones, ordenadas y funcionales.
Y como siguen los museos capitalinos ofreciendo diversas expos en tono mundialista y cada cual con su tesitura y mensaje diferenciados del resto, la agenda apenas da para visitarlos. Y dado que en México, igual y como pasa en otros países, en esta ocasión no todos los partidos se transmiten por tele abierta –fue el caso del primero jugado por España contra Cabo Verde– va uno escogiendo días y horas. La experiencia museística aludida –que es parte del plan global de un Mundial social verificado en paralelo al oficial– ha sido un gran acierto: mostrar tanto piezas prestadas, como otras propias relacionadas al deporte o, como lo hizo el Museo Nacional de Arte, en temas relacionados, escogiendo una narrativa de la evolución de la forma de vender México al extranjero para atraer turismo en distintas épocas. Eso, sin contar otras muestras exponiendo joyas futboleras, afiches, galardones, prendas. La museografía ha sido de primera y de una originalidad y oportunidad muy plausibles.
Ya lo deportivo, usted lo sabe bien, transita con sus sorpresas, sus sustos y decepciones. Unas previsibles, otras inesperadas, pero que no nos dejan indiferentes. Sí le digo una cosa: México se llevó solo 13 partidos de 104, repartidos entre tres únicas sedes. Pero la industria turística y los aficionados, nacionales y extranjeros, los han aprovechado al máximo y eso siempre es muy positivo. El disfrute es pleno y la afición lo celebra. ¿Alguien puede oponerse a ello? y sí, la letra menuda deja sus cositas. Pongo dos ejemplos. Madres buscadoras que aprovechan para denunciar desaparecidos o saber que el gobierno priista vendepatrias de Peña Nieto en 2018 regaló la exención de impuestos a la FIFA ¡hasta 2028! Y que el actual gobierno de Morena le ha logrado arrebatar a la FIFA el último año, reduciendo el atraco solo hasta 2027. Tampoco veo mal que eso se consiguiera y lo reconozco.
Las cifras, ya se sabe, advierten que si es el Mundial con más ganancias, que si la playera de la Selección mexicana es la más vendida, que si estadios llenos en México, que si el turismo presente, que si la derrama económica… Pues, enhorabuena si hay beneficios. Y como dato mata relato, sí puedo afirmar que en México la gente dentro o fuera de los estadios ha puesto el ambientazo y ese suma, y mucho, dado lo desangeladas que están otras sedes fuera de México. Un bloguero desde Los Ángeles, ha posteado: “esto parece más misa de 7” dada la tranquilidad reportada. No ha faltado quien apunte que catapultar equipos africanos a dieciseisavos lo acerca a Infantino a una reelección con esos votos y así. Es cierto que ha asistido más a los partidos celebrados en México que a los de los otros anfitriones. Cábalas, sortilegios y conjuras al por mayor.
También hay esas escenas que solo un acontecimiento planetario puede generar, como es la celebración o la decepción que causa los resultados de un partido en los países representados en cada choque. Da igual dónde suceda, una vez que se da el silbatazo final. La gente reacciona de inmediato o lo más pronto posible que lo permita la diferencia horaria, poniendo colorido al evento deportivo de forma sin igual, siendo un plus. Un planeta entero refrenda su conexión con el acontecimiento. Incluso, aquel país que, se afirma, sigue la justa deportiva de forma ilegal sin pagar derechos de transmisión (Norcorea). Paso a creer.
Por otra parte, como posiblemente ya lo sepa, un pato ha causado sensación. El pato Merlín, mascota de una familia humilde de CDMX que vende sus productos en las calles. Ataviado con la playera del seleccionado nacional y bien entrenado para seguir a sus dueños, ha inundado las redes. Lo reciben en el Palacio Nacional, los registran como marca y lo adopta la gente mostrando sus simpatías. A ver si a falta de mejores resultados en la cancha de parte de quien usted guste y mande, no termina por robarse el Mundial, enseñoreándoselo. Este pato no es el pulpo Paul (yo lo extraño) pero a falta de, le ha puesto el toque original que faltaba a la justa mundialista. Ya hasta lo han replicado en Escocia y Argentina.
Cierro. Sheinbaum me viene como anillo al dedo. “¡Aquí se habla español!” respondió a la prohibición de la FIFA a que en las ruedas de prensa se hablara español, precisamente. Pues, en respuesta al saberlo, ha señalado que se usaría, nota diplomática a la FIFA de por medio. Fue secundada por las delegaciones hispanohablantes, ha reclamado el uso de la lengua en uno de los países coanfitriones. Infantino, que ya había dicho que el español es el idioma del fútbol y lo habla perfectamente, reculó; y la burocracia de FIFA hizo un ridículo descomunal. Es la misma presidenta que reclama el pasado de conquista española hacia los pueblos originarios. Así es México. Lo dejo con esta frase: es el país más indigenista y más hispanista de América. Ambas cosas. En ello radica su identidad, su complejidad y su realidad. Y sí, todo apunta a que desde 2018 EE.UU. (Trump) quiso controlar la narrativa del evento, en inglés. No se pudo. Y le recuerdo las palabras de mi profesora de primaria: “el inglés es la lengua del futuro”. Respuesta mía desde entonces: “(solo) si los hispanohablantes lo permitimos”.