José Luis Ábalos lo sabe todo. No tira de la manta que hundiría a Pedro Sánchez porque espera del presidente del Gobierno el indulto que le permita evitar los 24 años de cárcel impuestos por la Justicia. Si el presidente del Gobierno trata de engañarlo, Ábalos terminará hablando.
Santos Cerdán ha amenazado en su libro de forma expresa: “Yo conozco la trastienda. Es una advertencia”. Sea cual sea la condena que los jueces impongan al que fue secretario general todopoderoso del PSOE, solo el indulto evitará que Pedro Sánchez se vea obligado a soportar informaciones ahora enmascaradas que le instalarían en una situación insostenible.
Basta con reflexionar sobre lo que ha hecho Aldama para comprender que Ábalos y Cerdán disponen de artillería graneada para descuartizar al líder del PSOE sanchista. Incluso podría revelar lo que pasó en su día con la genuflexión sanchista ante el Rey de Marruecos y el regalo insólito del antiguo Sahara español.
Sería absurdo negar la habilidad de Pedro Sánchez para subsistir. Lo ha demostrado a lo largo de los últimos ocho años y prepara ahora un censo electoral ampliado que deje en su lugar descanso a Alberto Núñez Feijóo. El presidente del Gobierno hará todo lo que en su mano esté para permanecer en la Moncloa sentado en la silla curul del palacio.
En alto están las espadas. También las navajas cachicuernas. A los españoles les espera el espectáculo circense de los políticos despedazándose, arropados por el telón de fondo de las elecciones generales.