Hace 3.500 millones de años, un meteorito de grandes dimensiones impactó sobre la superficie lunar, originando un cráter mayor de 30 kilómetros. Este hecho, ahora demostrado por un equipo de astrónomos y astrofísicos de la Universidad de Colorado Boulder (EE UU), se ha relacionado con la edad de otros impactos encontrados en la Tierra y en el Cinturón de Asteroides, conectando así partes clave de la historia del Sistema Solar interior.
Los autores del estudio que difunde Geology reconocen en primer término que la intensidad del bombardeo de meteoroides del Arcaico sobre el sistema solar interior es objeto de debate.
Así, los científicos estudiaron un meteorito lunar hallado en el Noroeste de África, denominado NWA 12593. En él hallaron evidencia de tres impactos distintos. El primero, que según la datación radiométrica ocurrió hace unos 3.500 millones de años, fue masivo, lo suficientemente grande como para convertir la superficie lunar en una lámina de material fundido similar a un flujo de lava y generar un mineral llamado circonita cúbica, que solo se forma en la fusión por impacto sobrecalentada a temperaturas mayores de 2.370 °C.
Este mineral se utiliza comúnmente en joyería, pero si su enfriamiento no se controla rigurosamente en un laboratorio, no sobrevive a las bajas temperaturas presentes en la superficie de la Tierra o la Luna. Sin embargo, este equipo logró discernir rastros del mineral, denominados herencia de fase de circonita cúbica, en sus muestras.
En este estudio se dice también que “ubicado en un registro exhaustivo de impactos en el sistema solar interior ocurridos hace aproximadamente 3,8 a 3,0 mil millones de años, el bombardeo de meteoritos de alta intensidad continuó mucho más allá del período cataclísmico de hace aproximadamente 3,9 mil millones de años”.
Los primeros miles de millones de años de la historia de la Tierra vieron el surgimiento de la vida, la atmósfera y los océanos. Sin embargo, ese período se ha envuelto en misterio, fundamentalmente porque quedan pocas rocas que conserven un registro de esas primeras versiones de nuestro mundo moderno.
Los procesos geológicos dinámicos como la erosión, la subducción y el enterramiento hacen que la superficie se remodele constantemente, y las rocas más antiguas no son muy comunes.
Pero ese período es crucial para comprender nuestros propios orígenes y cómo eventos catastróficos como los impactos de asteroides pudieron afectar la vida primitiva en el planeta.
En este punto, Carloyn Crow, miembro del equipo, asegura que “en la Tierra, la primera evidencia fósil de vida aparece hace unos 3.500 millones de años, lo que significa que la vida surgió y evolucionó antes de esa fecha. La pregunta que nos hacemos a menudo, incluso remontándonos aún más atrás, es: ¿cuál era el registro de impactos cuando la vida estaba surgiendo? Es fundamental para comprender cómo se arraiga la vida, cómo emerge. La frecuencia de estos eventos catastróficos es una parte importante de la ecuación”.
Es bien sabido que, para conocer los primeros años de la Tierra, los geólogos suelen recurrir a muestras procedentes de la Luna que, si bien no presenta procesos geológicos activos, comparte con nosotros una historia de impactos.
El segundo impacto quedó registrado en el propio meteorito. Se trata de un tipo de roca llamada brecha, que se formó tras un impacto menor que fragmentó la capa fundida del primer impacto.
Como explica Crow, “las brechas son similares a lo que verías si arrancaras un trozo de hormigón. Verías todas esas pequeñas rocas, y luego el cemento las fusiona. Pero el meteorito se fusiona por el proceso de impacto. Se forman todos esos fragmentos de diferentes tipos de rocas que impactan contra ellas. Todas se mezclan y luego se fusionan como una acera de hormigón”.
La evidencia del tercer impacto es la presencia del meteorito en la Tierra. Una colisión más reciente debió de desprender el fragmento de brecha de la Luna y haberlo puesto en trayectoria hacia nuestro planeta.
El momento del primer gran impacto registrado en NWA 12593 coincide con los impactos conocidos en la Tierra y en 4 Vesta, el cuarto objeto más grande del Cinturón de Asteroides.
Encontrar eventos de impacto de edad similar registrados en tres cuerpos celestes es poco común, y este nuevo descubrimiento proporciona un vínculo clave en un momento en que el sistema solar estaba pasando de colisiones constantes durante la formación de planetas a impactos más esporádicos derivados de la fragmentación de asteroides.