Sociedad

José Antonio Marina: “Libertad es la capacidad de dirigir los deseos el GPS de la razón"

(Foto: Ariel).

ENTREVISTA

Almudena Polo | Miércoles 01 de julio de 2026

“Las conductas adictivas son como un holograma de nuestra condición”. Así explica el filósofo y ensayista José Antonio Marina cómo operan las adicciones en la era de la posverdad. En una sociedad cada vez más adicta - drogas, nuevas tecnologías, ocio e inmediatez-, la filosofía ejerce como una barrera protectora frente a la manipulación del deseo y el declive del pensamiento crítico.

En su nuevo libro, ‘La vacuna contra las adicciones’ (Ariel), el autor plantea que las adicciones son mecanismos débiles para afrontar los problemas. Cualquiera puede ser un adicto si no refuerza y entrena su voluntad, el músculo de la libertad humana. ¿El remedio? Impulsar a través de la educación la formación de personalidades resueltas que busquen soluciones prácticas para no caer en el engañoso camino de la adicción.

¿En qué condiciones epistemológicas el fenómeno de las adicciones supera las barreras de la medicina y la psicología para llegar hasta la filosofía?

La filosofía no solo es la encargada de plantear los problemas, también de resolverlos. Las adicciones movilizan tal cantidad de conceptos, problemas y relaciones que solamente se pueden tratar desde la filosofía. Una vez que las adicciones se consolidan, se vuelven un problema médico, pero a mí me interesa el proceso que lleva a la adicción, y hacia él van personas sanas que no son lo suficientemente libres o que han perdido la libertad en el proceso de volverse adictas. Estamos dando una visión de libertad que favorece a las adicciones porque afirmamos que los seres humanos nacen libres y que, por tanto, no debemos aprender a serlo. Es una trampa mortal. La libertad es una competencia humana que hay que aprender. Todos nacemos dependientes, limitados y crédulos, y tenemos que aprender a ser lúcidos, críticos y libres. Al haber prescindido de la enseñanza de la libertad, nos hemos convertido en personas dóciles y vulnerables.

¿Por qué cuesta tanto aceptar que no somos libres por naturaleza?

La idea de que nacemos libres surge por el rechazo a reconocer que el ser humano es fruto de una larga evolución y que va adquiriendo competencias para controlar sus pensamientos y su conducta. Se han unido una serie de ideologías, en parte religiosas, de que los seres humanos son ya creados racionales, libres y espirituales, pero somos el resultado de una larga y tortuosa evolución.

¿De qué manera la cultura completa el proceso de evolución de los seres humanos?

Somos seres híbridos de naturaleza y cultura, y es muy difícil saber lo que pertenece a una y a otra. La cultura funciona como un “bucle prodigioso”, en donde el ser humano crea una cultura que revierte sobre él mismo y lo cambia. Estamos en un bucle de retroalimentación que hace que vayamos cambiando y progresando, a veces con colapsos periódicos. El progreso que adquirimos es precario. Por ahora hemos recuperado el rumbo y hemos vuelto al buen camino, pero no sabemos si eso va a durar siempre. Eso hace que la filosofía sea muy difícil y una ciencia rigurosa que necesitamos para enfrentarnos a problemas de tal envergadura.

¿Las sociedades orientadas al progreso corren mayor riesgo de desarrollar adicciones o dependencia?

Sí, y son las nuevas tecnologías las que están fomentando un tipo de personalidad que denomino claudicante. Es la que tiene pocos recursos para enfrentarse a los problemas. En cuanto una persona se encuentra desbordada por los problemas, buscará un salvavidas rápido, caerá en una depresión profunda o intentará eliminar el malestar sin enfrentarse al problema a través de las drogas. La vacuna contra ello es aumentar la capacidad de las personas y sociedades para enfrentarse a los problemas, a todos los niveles, tanto en la educación infantil como en la educación política. El planteamiento actual de la política es insensato porque está hecho para no enfrentarse nunca a los problemas y ser únicamente un asunto de poder. Lo hemos aceptado como irremediable. Plantear un problema como problema es abrir la vía a la solución. Mientras no tengamos esa metodología de resolución de problemas, las fuerzas políticas buscarán la victoria, no la solución. La vacuna contra las adicciones va dirigida a la renovación y a reconocer que el centro de la educación debe ser desarrollar nuestra competencia para resolver problemas de todo tipo, ya sean matemáticos, físicos, sociales o emocionales.

¿Qué estamos dejando de enseñar a los jóvenes?

Algunos de los recursos que vamos a tener para tomar decisiones se van configurando en la infancia. Como les estamos haciendo pobres en recursos, les empujamos a la dependencia haciéndoles caer en una trampa muy clara: que lo importante es buscar una felicidad fácil y cómoda. La libertad y el pensamiento crítico son difíciles, así que los desechamos rápidamente. Es una utopía y pensar que eso es a lo que debemos aspirar, nos hace vulnerables a los engaños. Yo llamo “patógenos mentales” a las ideas que una vez integradas alteran y pervierten nuestra manera de pensar, sentir y actuar. Por ejemplo, si una persona cree que los celos son una demostración de amor. La felicidad cómoda es otro virus mental porque nos vuelve dependientes de cualquier cosa que nos la proporcione. Hay otros componentes previos de la felicidad y tenemos que ser conscientes de que no es algo que podamos adquirir de un momento a otro, siempre es un efecto secundario de otra actividad.

Para evitar las adicciones, propone impulsar el modelo de “personalidad resuelta”, basada en la proactividad para la resolución de problemas. ¿Con este modelo, describe un horizonte psicológico o propone un ideal moral?

Una de las tesis del libro es que la “personalidad resuelta” es la que ha desarrollado la “competencia heurística”, la capacidad de resolver problemas. Es una capacidad que integra aspectos emocionales, cognitivos y ejecutivos, por eso creo que podemos considerarla un tipo de personalidad. Pero la capacidad de resolver problemas conduce al máximo nivel solucionador, que es el ético. Creo que el aspecto más innovador de este libro es subrayar que la ética no es un aerolito caído de otro planeta mental sino el desarrollo pleno del proyecto de resolver de la mejor manera posible los problemas de la convivencia. Así que contestando a tu pregunta, la personalidad resuelta es un horizonte psicológico que conduce a un ideal moral.

¿De qué manera puede actuar nuestra racionalidad como antídoto frente a la manipulación de nuestros deseos?

Lo primero es reconocer la necesidad. Lo segundo, la dificultad. Si estamos lanzando la idea de que tenemos que vivir una vida cómoda, instauramos la idea de no pensar de forma crítica y confiar en aquello que nos va a resolver el problema en su lugar. Parece que es “una libertad de supermercado”. Estamos viviendo una utopía de libertad, como si estuviésemos domesticados.

Si David Hume afirmaba que la razón está subordinada a las pasiones, ¿puede la inteligencia llegar a gobernar nuestras acciones?

Una de las “chapuzas evolutivas” que padecemos es que los deseos tienen fuerza motivadora, pero no son de fiar, y la razón es de fiar pero no tiene fuerza motivadora. Para intentar unir la energía del deseo y la lucidez de la razón hemos formado una gran herramienta psicológica: la voluntad. Es el órgano de la libertad. Libertad es la capacidad de dirigir los deseos con el GPS de la razón.

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