Aparecido en El Cultural, revista de referencia de la vida intelectual española, este artículo fue reproducido íntegramente por Google y comentado en las redes sociales. Su autor es Luis María Anson, Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades. Para conocimiento de los lectores de El Imparcial, lo reproducimos a continuación.
Se podrá coincidir con él. Se podrá discrepar. Nadie negará a Juan Van Halen la coherencia ideológica que ha mantenido a lo largo de toda su vida. De su dilatada vida de éxitos y certidumbres. Brilló como periodista, enviado especial a Vietnam y al lejano Oriente cuando éramos muy pocos los profesionales españoles que recorrimos aquellos parajes esperanzados. Es poeta destacado y su aliento lírico ha sido subrayado por Luis Alberto de Cuenca. Ensayista sagaz, hombre de vasta cultura, ha dedicado esfuerzos a la política y ocupado puestos de gran relieve. Humanamente es un hombre sencillo, solidario, constructivo, siempre al lado de los débiles y los desfavorecidos, al lado siempre de la libertad y la justicia. Si la vida pública española contara con varios hombres como Juan Van-Halen, no padeceríamos esta época atroz del insulto, la insidia y la mediocridad.
Así es que he leído con especial interés su sólido libro Elogio de la incorrección política (Pigmalión), en el que el poeta, el periodista, el ensayista agavilla su visión de la situación española desde la agonía del dictador Franco hasta la del sanchismo, pasando por el espléndido reinado de Juan Carlos I, al que considera como “el gran protagonista del cambio democrático en España”. Con él “se abrió el camino hacia la reconciliación nacional”, afirma, para lamentarse luego: “Nadie imaginaba que decenios después un Gobierno radical… encabezado por el narcisismo hecho persona, volvería a abrir las viejas heridas”.
La España de la concordia y la conciliación desfila por el nuevo libro de Juan Van-Halen conforme a artículos y comentarios por él publicados, escritos sobre el mismo borde de la actualidad. Subraya con lucidez la torpeza de Sánchez y sus cómplices que han pretendido ganar la guerra civil a Franco y le han resucitado en un sector cualificado de las nuevas generaciones.
Denuncia Juan Van-Halen, por otra parte, que a los escolares en Cataluña se les obliga a estudiar una Historia ficción. Y resume la realidad histórica de una región española enraizada en la columna vertebral de la nación que fue Imperio durante varios siglos. Se refiere al borreguismo de una buena parte de los políticos españoles, a la mediocridad que los caracteriza y a la demagogia que los arropa. Son en gran parte ovejas perdidas que balan en busca del carnero adalid.
Exige al PNV su deber histórico de reflexionar sobre la situación de España y las provincias vascongadas. Y desmonta el progresismo falaz que inunda las pantallas de televisión. Lo califica de “caníbal”. Rechaza a continuación los indultos y amnistías y se entristece ante la voladura política del Valle de los Caídos. Considera que el Partido Popular y Vox deben entenderse y descarna a los que desean que se dediquen a una confrontación que califica de “suicida”.
Felipe VI es, para Juan Van-Halen, un Rey prudente, culto y moderado. Y además personalmente valiente. Convive con dignidad rodeado por un Gobierno de Frente Popular, anclado en la apoteosis de la mentira. Se refiere a las antiguas y actuales persecuciones religiosas y radiografía Paracuellos. Critica los bulos desbocados que padecen a diario los españoles y los dejan a la intemperie. Se refiere al generoso oro del maquillaje político para disimular arrugas políticas y oscuras indecencias.
Teme que nos encaminamos hacia el pucherazo y yo no lo veo así. La jugada que está preparando Pedro Sánchez es legal y se encamina hacia un censo electoral insalvable quizás para Alberto Núñez Feijóo. La conclusión del libro de Van-Halen, se coincida o se discrepe de su contenido, resulta inquietante para los ciudadanos liberal conservadores. “A la derecha -afirma- le falta relato y le sobra inocencia, no sé si estará ganando el cielo, pero no creo que ello garantice ganar elecciones. Un tahúr del Mississippi rara vez perdía la partida. Antes tiraba de revólver”.