En no pocas ocasiones basta un ególatra verborreico para que los tejemanejes más pantanosos vean la luz pública y comprometan la imagen y reputación de sus acólitos. Este lunes le han preguntado a Donald Trump si ha influido en la polémica decisión de la FIFA de anular la sanción que pesaba sobre la estrella de Estados Unidos en el Mundial 2026, el goleador Folarin Balogun, con el fin de que pueda jugar los cruciales octavos de final esta madrugada. El magnate, que no ahorra en elogios hacia su capacidad de influencia, infló el pecho y soltó esto: "Pedí una revisión porque no pensé que fuera falta, y ya sabes, repito, soy bueno en estas cosas (...) Una cosa es sancionar a alguien por un partido, pero ¿cómo se le sanciona por un partido que aún no se ha jugado? Es muy injusto. No se puede hacer eso. Así que sí, solicité una revisión por parte de la FIFA".
El titular de la Cada Blanca se maneja proclamando sus verdades sin importar las consecuencias, más aún si se pone en tela de juicio su poder. Pues bien, la resaca de esas palabras ha sido la explosión de un escándalo que ha venido a confirmar las sospechas que se han ido acumulando sobre Gianni Infantino (el dirigente del órgano rector de la Copa del Mundo). Y han llenado de argumentos a la reclamación de Bélgica, el rival de Estados Unidos en la inminente eliminatoria. La Federación belga (RBFA) ha enviado una carta exigiendo la impugnación del partido ante la flagrante injusticia cometida. Retirar una tarjeta roja y la sanción consiguiente es una anomalía impresentable que altera la competición más importante de este deporte. Así de claro.
"Por el momento, la RBFA no ha recibido aún decisión alguna o explicación de parte de la FIFA sobre este asunto. Por tanto no tiene otra alternativa que impugnar la elegibilidad del jugador para el próximo partido", anunció la Federación centroeuropea. Y ante este sinsentido la UEFA también se ha sumado a la crítica feroz que la estupefacta comunidad futbolista ha desplegado en estas horas de incomprensión. "Cuando la certeza de las reglas ya no está garantizada por sus guardianes, la integridad del juego se pone en entredicho y la credibilidad de una competición se ve socavada", señala el organismo continental en un comunicado en el que remarca la edición de Infantino como "inaudita, incomprensible e injustificable". "Han cruzado una línea roja", ha rematado.
Este es el presente del entuerto pero, ¿cuándo y dónde nacieron las suspicacias que han derivado en este colosal incendio? Para localizar el germen hay que acudir al martes 16 de junio, fecha en la que debutó la selección de Argentina en este Mundial. En aquel partido la 'Albiceleste' goleó a Argelia con un triplete histórico de Lionel Messi. Para los anales de este deporte quedará la increíble actuación del zurdo legendario. Sin duda, Pero hay letra pequeña. En el minuto 31 de aquel encuentro, ya con 1-0 en el marcador, 'La Pulga' le asestó un pisotón en el talón al zaguero argelino Aissa Mandi. Fortuito e involuntario, probablemente, pero real. La normativa recoge que esas acciones deben ser castigadas con tarjea roja directa y dos partidos de sanción. La literalidad de la norma habla del "uso de la fuerza excesiva" y del " peligro real para la integridad física del rival".
Ambas condiciones concurrieron en la entrada de Messi pero no fue expulsado. Ni sancionado. por aquel entonces ya se levantó cierta polvareda. Sin embargo, hubo que esperar hasta el pasado jueves, dos de julio, para que se completase la indignación general. En esa fecha jugaron Estados Unidos y Bosnia por un puesto en los octavos de final de esta cita mundialista. Y en un lance ocurrido en el minuto 64, también con 1-0 en el electrónico, Balogun pisó accidentalmente el talón del defensor Tarik Muharemovic. Con el mencionado precedente en mente, los norteamericanos y su seleccionador, Mauricio Pochettino, no imaginaron que su atacante sería expulsado. Pero ocurrió. El rematador del Mónaco había replicado el desgraciado incidente del ocho veces Balón de Oro y corrió diferente suerte. A él sí le aplicaron con precisión la reglamentación y fue castigado con dos partidos de ausencia.
Dos días después, Argentina compitió en dieciseisavos de final ante la débil Cabo Verde y lo que parecía un mero trámite se transformó en un complejo desafío para el cuadro de Lionel Scaloni que sólo se resolvería en la prórroga. En ese evento se dieron varias situaciones que echaron gasolina al incendio que se venía gestando en torno a las maniobra de la FIFA. En el minuto 115 los caboverdianos lanzaron una falta lateral peligrosa con la que Sidny Cabral exigió al 'Dibu' Martínez. En el rechace e formó un lío del que salió magullado el lateral argentino Nicolás Tagliafico. Había recibido un golpe que le provocó una ligera hemorragia y tuvo que ser atendido. Hasta ahí, todo en orden. Pero después ocurrió otro episodio sospechoso que dirige las miradas hacia un supuesto trato de favor de Infantino hacia los vigentes campeones del Mundo. En una continuación de los fantasmas que brotaron en Catar 2022.
La IFAB (International Football Association Board), el órgano que detalla la normativa arbitral, expone con claridad que cuando un futbolista está sangrando y es atendido debe esperar un minuto fuera del campo antes de ser reincorporado al césped. Así lo afirma el "protocolo de tratamiento y evaluación fuera del campo". Pues bien, Tagliafico no sólo no estuvo ese tiempo parado, sino que el árbitro decidió que todos los demás esperasen, también Cabo Verde, que disponía un córner a favor en ese desenlace de la prórroga, hasta que el lateral argentino hubiera vuelto al partido. Los analistas y las redes sociales clamaron por lo que tildaron de "robo". Y dos imágenes filmadas alrededor de este encuentro tampoco ayudaron a limpiar el asunto: el presidente de la FIFA fue grabado maldiciendo cuando los africanos anotaron el 2-2 y su hija fue retratada abandonando el estadio enfundada en una camiseta argentina.
Claro, con este panorama decenas de miles de telespectadores por todo el planeta han pasado a afinar la mirada. También lo hacen los analistas que viven de su capacidad de observación y análisis. Todos ellos han comprobado con incredulidad los arbitrajes recibidos por España y Francia, los dos grandes rivales de la 'Albiceleste', en sus partidos respectivos frente a Uruguay y Paraguay. La violencia sin castigo estuvo permitida en esos dos choques y las amonestaciones corrieron sólo hacia el lado de los impotentes europeos. Ese es el marco en el que se está desarrollando un Mundial que poco a poco se va ensuciando por la permisividad selectiva de la FIFA. Que se lo pregunten a Ecuador, que antes de enfrentar al anfitrión México en los dieciseisavos padecieron la severidad de la intencionada desorganización azteca. "Un vuelo que debía durar tres horas duró nueve", denunció el seleccionador de 'La Tri', Sebastián Beccacece, que confesó que sus futbolistas iban a competir con un cansancio previo al pitido inicial.
El organismo con sede en Suiza arrastra un historial amplio y tenebroso de tratos de favor por puro interés económico. Sólo en este siglo se han experimentado escenarios flagrantes que faltan a la igualdad de oportunidades y al buen desarrollo del deporte. En Italia y España resulta muy complicado olvidar los inmorales arbitrajes sufridos ante la anfitriona Corea del Sur en 2002. Y el globo entero recuerda el estallido del 'FIFAGate', el caso judicial que destapó una gruesa red de fraude, lavado de dinero y sobornos por parte de los directivos del organismo futbolístico, y que cercenó la cabeza de Sepp Blatter (antecesor de Infantino) y de Michel Paltini. Además, la elección de Catar como sede de la Copa del Mundo estuvo envuelta también en profundas sospechas de corrupción.
Por tanto, no es nuevo esto que ha sucedido en estas semanas. Lo que constituye un salto de dimensión es que uno de los miembros de la trama airee a los cuatro vientos los chanchullos. Sin pudor. Infantino ha intentado apagar las llamas alegando que "sí, discuto regularmente asuntos relacionados con el Mundial con el presidente de Estados Unidos, del mismo modo que recibo llamadas de jefes de Estado, funcionarios gubernamentales, partes interesadas del fútbol y ejecutivos de negocios de todo el mundo sobre muchos asuntos". La realidad es que lo más probable es que no pase nada. Ni haya repercusiones para los interesados porque el negocio es extraordinariamente jugoso. Aunque el reglamento del Mundial no permita recurrir rojas, la FIFA ha dado carpetazo al asunto sin explicar ni aportar ninguna razón a esta contravención de su propio Código Disciplinario. Balogun jugará. Y Messi también. Mientras, el seleccionador belga, Rudi García, sintetiza el sentir de la comunidad balompédica: "No es que estemos defendiendo a nuestra selección o a nuestra Federación, defendemos la integridad del fútbol. Es la primera vez en la historia de la Copa Mundial que se toma una decisión de esta naturaleza".