Opinión

Borrascas: del fut a los cismáticos lefebvrianos

DESDE ULTRAMAR

Marcos Marín Amezcua | Jueves 09 de julio de 2026
El Mundial 2026 avanza y no deja indiferente a nadie. Quien más, quien menos. Lo visto deja por conclusiones que el fútbol africano ha crecido, que el europeo jadea, aunque triunfe frente a modelos futbolísticos que le dan batalla; que hay comentaristas dispuestos a defender figurones, así tengan un desempeño mediocre y a costa de lo que sea, de lo evidente y para mal, buscando venderlos para bien; y no les cuestionan ni un ápice –lo que abona a que el fútbol sea subjetivo, salvo por los goles– y confirmamos lo bochornoso: que la FIFA se pliega a Trump –que no es el primero que presiona, pero el neoyorquino está feo y es arbitrario– y que México, modestia aparte, fue mejor anfitrión frente a la indiferencia y la frialdad de las otras dos sedes. Es lo que hay.
Hablando de figurones, los han estirado como chicle en pos del negocio, para que sumen Mundiales y ya vimos desempeños deslucidos, pero como son figurones…
Y en efecto, los cruces entre países, ya se sabe, que se dejaron a la suerte. Va. Ya luego, los cuestionables arbitrajes que revierten partidos, dejan mucho qué desear y es allí donde aparecen acusaciones graves de amaños y resultados previsibles y forzados en aras del negocio, los que pergeñan un torneo arreglado. La pregunta puntual e ineludible del director técnico egipcio, Hossam Hassam, ha sido brutal: "Si tanto quieren que gane Argentina, ¿para qué invitan a los demás a participar?". Nadie merece ver manchado su nombre o que sobrevuele la duda sobre su desempeño, pro ya sucedió otra vez como en el año 22. Todos merecemos certezas y transparencia deportiva. La FIFA y su “fair play”, en entredicho otra vez, se ganan una tarjeta roja, expulsión y rechifla.
Ya hace rato que entre la sobreexplotación de los jugadores en torneos de toda laya y los dineros que mueve el fútbol dentro y fuera de la cancha, el jugar y ganar el Mundial no es la meta más preciada de muchos clubes y seleccionados. Eso demerita en calidad y estirpe futbolera, también. Todo sea por el negocio grosero, insaciable, pero la avaricia rompe el saco. Al tiempo.
Oiga, y de tapadillo, si de entremés nos ofrecieron la bochornosa elección del Real Madrid y su impresentable presidente elegido ad infinitum –yo por eso le voy al Recre y, si me apura, a la Real Sociedad, ajenas a esos desfiguros– mientras el mundo mira al balón, el COI aprueba el retorno de Rusia –unos dicen parcial, otros, que total– a competencias internacionales de cara a LA 2028, justo cuando está iniciando el nuevo ciclo olímpico. Ucrania ya pegó el grito en el cielo. Nota al margen: el COI ha detenido la asignación de la sede 2036. Plantea nuevos métodos de elección ––que anticipan transparencia frente a la opacidad de Bach–– y me hace dudar de si el COI manda al garete el intento de Thomas Bach de autoasignárse la oportunidad del 36 en pro de Berlín. Al tiempo.
Y tenemos otra vertiente polémica y solo en parte: el cisma lefebvriano. Yo no siento ni un desgarro ni dolor en el corazón por las excomuniones a esos falsos obispos rebeldes y necios. He-re-jes. Sobran los adjetivos y se dramatiza por alimentar el morbo. No. Y por el contrario, estoy hasta el moño de un falso “tradicionalismo” faceto que se declara de motu proprio ser único guardián de la tradición en la Iglesia católica y único interprete valedero de tal. Carecen de los derechos reservados y no son la máxima autoridad eclesiástica, da igual si son los lefebvrianos o quienes, sin seguirlos, claman por la misa en latín o que la mujer se cubra la cabeza en el templo, siguiendo y perpetuando la sumisión que clamaba San Pablo, y no Dios, en Corintios.
¿Quieren misa en latín? Yo prefiero las lenguas vernáculas y estoy con el Concilio Vaticano II. Me limito a dos puntos. ¿Misa en latín? No era la lengua de Cristo, así que apelar a que solo sea esa la forma de expresar la santa misa nos conduce a preguntarnos: ¿quieren más misticismo o más entendimiento que permite el mejor conocimiento y el reconocimiento de la fe y de Dios mismo? Dios clamó más por el libre albedrío y el entendimiento en ambos Testamentos. Aferrarse al latín por místico y alegando tradición, es necear, por carecer de sustento en la fe y ella no radica en tal lengua. La otra: ¿quieren el rito tridentino? ¿el que condena a los judíos en su texto? Ni me mueve ni lo necesito ni me entusiasma. Y en efecto, tampoco apruebo la misa de cánticos o de pandereta, de asamblea ni de diáconos usurpando labores del sacerdote, pero eso no me implica seguir a los lefebvrianos.
Su Fraternidad Sacerdotal de San Pío X –que es lo suficientemente opaca, como para ni siquiera podernos certificar el número de seguidores que tiene y si fuera enorme, es por culpa del catolicismo permisivo por haberla dejado crecer, por pasarse de tolerante y tibio– y se la ha dejado envalentonarse mal entendiendo llevar la fiesta en paz. Así como a grises conservadores anticonciliares, a cardenales retobones que retan al Papa –desde quien sea que ostente el cargo, llámense Burkes, Müllers y demás fauna que se asumen redentores fariseos, egoístas y simulando hacerse los interesantes, químicamente puros y no lo son– olvidando que oponerse a, es herejía. No son los poseedores únicos de la verdad y retar al Papa raya igual en herejía. Han llegado al punto de la negación y a desafiar el Concilio. La puerta está abierta para quien desee abandonar la Iglesia.
En su “No” a la Santa Sede de reconocer al Concilio Vaticano II, los lefebvrianos en un documento de cuatro páginas asumen como herejes a las autoridades de la Iglesia católica. Eso refiere al Papa. Los ha excomulgado y es lo procedente. ¡Basta de hacerse los interesantes cuestionando al Romano Pontífice! Balbucean que la Iglesia no se apega a la tradición. Mienten: ya los excomulgaron con una latae sententiae, así en latín, como tanto les gusta. El Papa ha procedido como verdadero guardián de la Fe, como Vicario de Cristo excomulgando a los celebrantes y a los falsos obispos consagrados sin su venia. No es crisis. León XIV no tolerará desvíos. No será ni el negociador San Juan Pablo II ni el tibio Benedicto XVI retrotrayendo excomuniones y con concesiones inadmisibles ni el tolerante Francisco. Se acabó. Y qué bien. Como León X ante el hereje Lutero, León XIV se erige grande y definido en la Fe. Y al que le pique, que se rasque.
Los lefrebvianos o lefrebvistas podrán insistir en que la santa misa actual es falsa. Bueno, más se muestran falsarios, negándola. Allá ellos. Cismáticos y excomulgados, ya estarán felices, ¡herejes! Que no negocian la tradición, afirman. Bueno, tampoco son quienes, como para erigirse en sus dueños. Mientras repudian la fe católica, semanas atrás se anunció que el catolicismo alcanzó la mayor cifra de fieles: 1.422 millones. A ver qué hacen con eso. ¿Tantos equivocados? según su obtusa forma de ver las cosas, lefebvrianos, cómo quieran. Así que ni decadencia ni crisis ni herida profunda. Su necedad solo es eso. Es una inanidad. Punto. La Iglesia católica responde, expulsa herejes y hasta ahí.
Sí le digo que poner orden en la santa misa no vendría mal. Durante el reciente Año Santo pude observar el desbarajuste imperante. En pleno Domingo de Pascua tras la Lectura, el diácono pidió sentarse, en tanto el sacerdote ordenaba permanecer de pie. El templo de llenó de un crujir de bancas mostrando el extravío de la feligresía con el ceremonial. Unos se sentaban, otros se ponían de pie. Perplejidad desbordada. Una beata me dijo tiempo después: “¡Cuánta tribulación! El Pingo metió su cola”. Veamos, más bien un desapego y un cambiar criterios todoe l tiempo, que pierden al más atento. Eso sí debe cuidarse, sin aspavientos y con mucha responsabilidad. ¡Ahhh! y en la catedral primada, metiendo frasecillas en latín, dándole gusto a unos cuántos. Inaceptable.