Un estudio de investigadores japoneses, realizado con más de 82.000 niños de ese país, concluye que los neonatos alimentados con lactancia materna durante el primer año duermen más y mejor. Desmienten la creencia de que los bebés amamantados duermen peor que aquellos alimentados con fórmula farmacéutica.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda desde hace décadas que la madre alimente a su bebé de forma natural desde el nacimiento hasta que cumpla seis meses, por una serie de beneficios para el neonato incluyendo la protección contra infecciones y el apoyo a un desarrollo saludable a largo plazo.
Ahora, los autores del estudio que aparece en European Journal of Clinical Nutrition examinaron un total de 82.918 parejas madre-hijo, para investigar si las prácticas de alimentación durante los primeros seis meses de vida se asociaban con la duración del sueño al año de edad.
Concretamente, investigaron la relación entre la alimentación y la duración del sueño, y analizaron el mecanismo subyacente de los efectos observados, en particular “el papel de los nutrientes presentes en la leche materna y la fórmula, así como el del eje intestino-cerebro”.
La falta de sueño durante la infancia también se ha relacionado con la obesidad, problemas de comportamiento y un menor rendimiento cognitivo en la edad adulta. Por lo tanto, un sueño adecuado durante este periodo se considera fundamental por parte de los expertos para un desarrollo físico y psicológico saludable.
Es bien sabido que los bebés desarrollan gradualmente periodos de sueño más largos y consolidados, algunos cuidadores optan por la alimentación con fórmula, en parte, debido a la preocupación por el sueño de sus hijos.
Para comprender mejor la relación entre la alimentación infantil y el sueño, la doctora Yuri Nakagawa y su equipo, de la Universidad de Toyama, analizaron datos del Estudio Nacional sobre el Medio Ambiente y la Infancia de Japón (JECS), uno de los estudios de cohortes de nacimiento más grandes del mundo.
Como describen los autores, a los seis meses del parto las madres recibieron cuestionarios sobre las prácticas de alimentación que siguieron sus bebés durante ese periodo. Posteriormente, los niños se dividieron en cuatro grupos según su método de alimentación.
En el primer grupo estaban los bebés alimentados exclusivamente con fórmula. El segundo incluía a los amamantados durante menos de seis meses. En el tercero figuraban los amamantados durante los seis meses y que también recibieron suplementos de fórmula. Y en el cuarto, los amamantados exclusivamente durante seis meses.
Cuando los niños cumplieron un año, los padres completaron otro cuestionario informando sobre la duración del sueño de sus hijos. Se consideró que los que dormían menos de 11 horas al día tenían un sueño insuficiente, según las recomendaciones de la Fundación Nacional del Sueño de Estados Unidos.
Todos los bebés de los grupos que recibieron leche materna mostraron una menor probabilidad de sueño insuficiente en comparación con los alimentados exclusivamente con fórmula. Mientras que los que recibieron solo fórmula durante los primeros seis meses tuvieron una probabilidad del 12,2 % de tener sueño corto, el riesgo en los bebés amamantados durante menos de 6 meses fue solo del 10,2 %.
Cuando se les amamantó durante los seis meses completos y complementados con fórmula, el riesgo disminuyó aún más al 9,7 %. El menor riesgo de sueño insuficiente al año de edad fue para los amamantados exclusivamente durante los primeros seis meses, con un 8,8 %.
Después de ajustar por una amplia gama de factores maternos, infantiles y ambientales, los bebés a los que se les amamantó exclusivamente durante seis meses tuvieron una probabilidad un 23 % menor de duración corta del sueño en comparación con aquellos alimentados solo con fórmula.
Estos hallazgos también mostraron una asociación gradual con una mayor duración de la lactancia materna asociada con una probabilidad progresivamente menor de sueño.
Otro aspecto importante de este trabajo es que sus autores propusieron varias explicaciones posibles. Si bien la composición nutricional de la fórmula se mantiene relativamente constante, la de la leche materna se adapta a las necesidades cambiantes del bebé.
Para ayudar a establecer y regular el reloj biológico y el ciclo de sueño-vigilia del bebé, la melatonina -una hormona que favorece el inicio del sueño y mejora su calidad- se secreta en la leche materna durante la noche.
Dado que los neonatos producen solo pequeñas cantidades de su propia melatonina, la melatonina presente en la leche materna puede contribuir al desarrollo de ritmos de sueño saludables.
Además, la leche materna contiene triptófano, un aminoácido utilizado para producir melatonina. Curiosamente, también se ha observado que las concentraciones de triptófano en la leche materna son más elevadas durante la noche.
Con todo, cada vez hay más evidencia científica que respalda el eje intestino-cerebro, una red de comunicación que vincula las bacterias intestinales con la función cerebral. Se sabe que la lactancia materna influye positivamente en el desarrollo de una microbiota intestinal saludable en los bebés.
Las diferencias en la microbiota intestinal entre los bebés amamantados y los alimentados con fórmula también pueden contribuir al desarrollo de patrones de sueño-vigilia saludables y a una mejor calidad del sueño.