Opinión

Mundial 2026. Una final en español.

DESDE ULTRAMAR

Marcos Marín Amezcua | Jueves 16 de julio de 2026
No se ha dejado nada pendiente este certamen de órdago. No queda mayor cosa ya en las alforjas. Las banastas repletas de sorpresas y sin alientos ya casi se copan, colmadas de emociones diversas; y termina y languidece un campeonato de campeonato.
La esperada final hablará en español. Ya veremos si asoma buen fútbol. Todos hacemos votos para que así sea. Ya hace tiempo que se oye que se ha buscado la oportunidad de enfrentarse ambas escuadras, española y argentina, y ha llegado la ocasión. También hay quien dice que se rehúyen. Su encuentro sí es para contener el aliento y no adelanta un resultado, porque veremos técnica, pero sobre todo, veremos estrategia –o eso esperamos– y será un partido de aguante que promete ser sofocante. De mi se acuerda. La rapidez española contra el agotamiento de ataque final, argentino. Pero ambas y las que se proyecten en el terreno de juego, deberán anotar más goles. Considero que deben anotarse goles que separen el marcador y no retrotraerse, como Inglaterra.
El Mundial 2026 ofrecía muchas incógnitas y las han ido resolviendo, superando escollos, afrontando retos propios del jaloneo intrínseco de la política mundial tan enrevesada que nos toca vivir en estos tiempos. La FIFA, ya se sabe, rebasada, mangoneada, entregada al dinero de manera tan grosera. Decía mi abuelo: hay que ser puercos, pero no trompudos... Vamos, tantito decoro y discreción, tantita simulación, siquiera, que no hubieran sobrado. Pero, no. Atascándose de dinero sin recato y negándolo, teniendo más cara que espalda. Y falta ver el protocolo en la ceremonia final y con Trump.
A mí me ha divertido sobremanera este campeonato, he tenido a la oportunidad de disfrutar sus momentos, sus goles, la emoción que acompaña cada partido, lo mismo que las publicaciones ad hoc o la oferta museística de la capital mexicana que sigue abriendo expos alusivas repletas de objetos mundialistas, verdaderas piezas extraordinarias y formidables que difícilmente veremos de nuevo, tanto por la ocasión, como por la oportunidad que brinda el tema, abordándolo desde múltiples visiones. Yo celebro que la museografía mexicana llegara a tiempo y ha sido muy afortunada en su oferta y su planteamiento.
Por otra parte, puedo decir que mis alumnos, que por edad no vivieron el Mundial del 86 y estaban expectantes por ser país sede, se han involucrado de muchas maneras. Lo han disfrutado. Todos queríamos que la Selección mexicana fuera a más, pero siempre se ofreció llegar a un quinto partido y lo consiguieron. No tuvieron rivales sencillos y eso cuenta. La gente ha hecho el Mundial. Dentro y fuera de los estadios. Y en México, con gente de todas las condiciones. En el caso mexicano, no se quedó en los estadios ni se circunscribió a las calles y la anfitrionía ha sido bien reconocida.
Los 4 semifinalistas supusieron ser equipos complicados. Cualquier quiniela podía ser elocuente y retadora. Todas, magníficas. Ya sabemos quiénes se medirán en la final y promete.
Llegar a esa final no fue sencillo, como no suele serlo. Arbitrajes cuestionables, rivales dudosos, desempeños en duda. Sí me habría gustado ver mejor fútbol. Muy aparte, a mí me distraen los rizos de Cucurella, el histrionismo de uno que otro jugador argentino. Supongo que son cosas de la cancha. Ambos equipos tienen ahora un gran reto. No sé si habrían preferido otro rival. ¿Repetir la final de 2022, unos? ¿mejor Inglaterra que la Argentina de Messi, los otros? quizás nunca lo sabremos.
Para mí sí ha sido un Mundial de muchas faltas, expulsiones, jugadas que no debieran ser propias de un supuesto "mejor fútbol del mundo", considero. Y se han dado muchos casos. Ya luego las quejas por deficientes arbitrajes han sido otra constante. Yo no recuerdo tanto cuestionamiento en otras ediciones. Así que quien deba, que atienda estos reclamos. Son importantes. Lo que sí sucedió fue el despido de tantos directores técnicos. Siempre lo mismo, defenestrados, linchados. Dan penita.
Como nota al margen comentarle que semanas atrás se presentó en México una delegación de Arabia Saudita, para conocer detalles de la organización y la dinámica del Mundial. Tiene la mirada puesta en su sede, 2034. Me pareció magnífico y sumamente previsor. Qué bueno. No he sabido de visitantes delegados del Mundial 2030 buscando asesorías y consejos. Confiemos en que no se estén creyendo que las tienen todas consigo. Sería no solo un acto de soberbia, sino un error garrafal. Hasta las ciudades olímpicas se consultan y se visitan para saber cómo viene la cosa para la siguiente. No olvide usted que, además, Riad será la sede de la Exposición Universal de 2030, así que el Mundial 2034 no es sino enlazar una cosa con otra. Y sin embargo, y acaso por la misma causa, quieren oír opiniones. Muy loable de su parte.
No bastará perder con honor. Ese es extensivo a lo que venga luego de que no todos acepten la derrota, como corresponde sí hacerlo al deportivismo. Es un reto, sin lugar a dudas. Ya en otras finales sí faltó la elegancia del vencedor. Tienen los ahora finalistas, la exquisita oportunidad de no cometer el mismo error. Ahora podrían ganar y perder con clase. Esa se tiene, no se adquiere. Y va para todos, jugadores, aficiones, países. Acaso sea el mayor reto.