Andrómeda, hija de Cefeo y de Casiopea, iba a ser entregada como ofrenda y sacrificio público, espléndidamente desnuda y encadenada a una roca, al monstruo marino Ceto, que Dios sólo sabe lo que le hubiera hecho – recuérdese a la Psychê de Apuleyo –, para salvar a su pueblo, sobre el que reinaban sus padres. Deber entonces, en el tiempo mitológico, de las hijas de las familias reales sería ser utilizadas como víctimas propiciatorias por el bien público, si los dioses supraterrenales querían saborear el femenino pastel regio con deleite y orgullo fiero. Perseo, finalmente, la salvó de la lascivia del monstruo, y se casó con ella. Tres milenios después Francisco Nieva llevó el boccato di cardinale de Ágata Lys, cuerpo para erotomachias interminables, de deseo nunca satisfecho, como sacrificio y ofrenda del castizo pueblo de Madrid, siempre tan orate y ambiguo, al monstruo Mal-Rodrigo, tirano al que la villa y corte tributa cada cierto tiempo dulce carne de mujer, y éste, inexplicablemente, contradiciendo los instintos de las formas policleteas de Ceferina, que así se llamaba el personaje de Ágata, rechazó aquella suculenta carne de diva, una hembra de las más frescas que culeteaban por España; guapa, tonta y popular, como las españolas de postín. Así comienza la reópera Pelo de tormenta, estrenada el 21 de marzo de 1997 en el Teatro María Guerrero.
Pues bien, desde el 10 de abril del pasado año, al 19 de julio del presente, en el Centro Cultural de la Villa Fernán Gómez, se nos ha ofrecido una espectacular exposición-homenaje a Nieva, del montaje, la escenografía, el figurinismo, la música y la fotografía de la obra. La belleza de algunas indumentarias femeninas no se ven siquiera en ningún palacio, ni en los trajes de novias reales que podemos ver en el Real Sitio de Aranjuez. Lástima que el precioso traje con lunares de la impresionante Ágata Lys se haya perdido.
Tuve la suerte de visitar esta exposición de la mano del hombre que más ha conocido al genio valdepeñero, el pintor José Pedreira, quien conviviese con Paco más de treinta años y quien me comentó con todo lujo de detalles los dibujos escenográficos, casi transmundanos o inframundanos, del gran maestro José Hernández, así como la ejecutoria que tuvieron los distintos actores y actrices que participaron en la obra ( las distintas interpretaciones sobre el mismo personaje, la Duquesa, de Rossy de Palma/Mª del Carmen Conesa, la maestría de Pilar Bardem, como Abadesa, que le pega mucho, la espléndida actuación de Fernando Chinarro, la interpretación poderosa de Francisco Maestre, con un maquillaje que me recuerda a los de Gianetto De Rossi, etc. ). Era la época en que el INAEM, Instituto Nacional de Artes Escénicas y de la Música, era dirigido por el muy taurino Andrés Amorós, con quien comparto su admiración de Morante de la Puebla. La obra estuvo en cartel, con gran éxito, dos temporadas en el María Guerrero. Fue tan bien recibida por el público que se propuso hacer una gira con ella por toda España. Para ello, la mayor parte de sus casi cuarenta actores – mejor utilizar en las obras de Nieva el término etrusco de histriones - tuvieron que dejar su agenda en blanco durante los meses que durara la gira, y cuando se disponía la caterva a aquella correría y apostólica aventura, he aquí que el INAEM entiende que la expedición de Melpómene y Talía iba a resultar ruinosa para las arcas públicas, y suprime la gira. “¡Fuera, fuera! ¡Desalojen! Ya está apagada la caldera.” Entonces, el corazón de gran tribuno de la indomable Pilar Bardem, toda una Cornelia en el mundo del teatro, se llena de justa ira, y denuncia el asunto a los tribunales laborales, puesto que muchos actores habían disuelto importantes compromisos laborales para poder emprender aquella marcha titánica bajo las banderas y estandartes de Nieva. Mas aquella divina caterva, cortejo babilónico, perdió la querella, y la España más racial fue privada de una de las más grandes obras del dramaturgo español que más debió merecer el Premio Nóbel. A un amigo se le mata con educación y maneras. El pueblo español siempre se acomoda en el zumbido de las grandes expectaciones. Ilusión de humo, impotente fantasía. Ha llegado la hora de aburrirse. ¡Ay, pobre pueblo burlado, pobre víctima toreada!
Sin embargo, mucho nos llama la atención el hecho de que las grandes obras de Nieva, todas ellas ya obras maestras y triunfos rotundos de la libertad creadora, hayan sido estrenadas y aupadas bajo el poder político de la derecha. Así, La Carroza de Plomo Candente, 27 de abril de 1976, se estrenó siendo alcalde de Madrid Juan de Arespagochaga, y Ministro de Educación y Ciencia, que asumía también la Cultura, Arias Salgado. La Señora Tártara, obra especialmente querida por Nieva, remembranza de impresiones biográficas parisinas que quedaron indeleblemente marcadas en su alma, se estrenó el 3 de diciembre de 1980, bajo el Ministro de Cultura Íñigo Cavero. Coronada y el Toro, el 9 de abril de 1982, y la Ministra de Cultura Soledad Becerril, y nuestro Pelo de Tormenta bajo la égida de la intrépida Ministra de Cultura Esperanza Aguirre, y siendo alcalde de Madrid José María Álvarez de Manzano. En realidad, la izquierda es el sector ideológico que más ha temido el significado emancipador del teatro de Nieva – sólo hay que leer lo que decían sus críticos de él – y yo creo que lo es porque precisamente la izquierda es quien mejor ha entendido a Nieva; un amigo incondicional de la libertad, que sabe maldecir como un rey egipcio, es siempre un peligro para las ideologías de prejuicios inmutables y teatrales, emboscadas en penumbras igualitarias y fantasmales, de rancia modernidad. Gracias a Dios, el pecado y las malas costumbres nos mantienen todavía en conserva.
Hay más realidad en el Madrid de Pelo de Tormenta de lo que nos pueda parecer: por debajo de su estética aparentemente vanguardista lo podemos rastrear en el Madrid del siglo XVII, cuando todo un Conde-Duque de Olivares, el patriota don Gaspar, intentaba engendrar hijos cabalgando a su legítima, rodeados ambos de monjas que muy piadosas rezaban durante el “acto” el Santo Rosario. O en el Madrid costumbrista de Mesonero Romanos, el autor que mejor ha representado el casticismo chulapa madrileño. Madrid está hecho de trozos mal cosidos, en donde sus vecinos son como niños que quieren ocultarse detrás de una servilleta.