Pospongo el comentario de actualidad para conmemorar en este día 19 de julio la efeméride de la muerte de Juan Manuel Durán, protagonista de una de las hazañas aeronáuticas más célebres del siglo XX. Su biografía me atañe personalmente, porque el alférez de navío Juan Manuel Durán, seleccionado para la primera promoción de la Escuela de Aeronáutica Naval creada en 1920, obtuvo el título de piloto aeronáutico en 1921 cuando mi padre, alférez de navío Antonio Núñez amigo y compañero suyo, fue seleccionado para merecer de la escuela el mismo título en la segunda promoción de 1922. No podían presentir, entonces, que aquella selecta Escuela de la marina española que añadiría la navegación aérea a la tradición de la Armada, hermanaría un 19 de julio a ambos amigos por su abnegada heroicidad.
Si el lector conserva rescoldos memorísticos del famoso vuelo del Plus Ultra, el primer avión que atravesó el Atlántico por el hemisferio sur, asociará el nombre de Juan Manuel Durán al de esta histórica aventura capitaneada por el comandante del ejército Ramon Franco, hermano menor del general, y en la que también participaron el capitán Julio Ruiz de Alda y el mecánico Pablo Rada. El periplo del Plus Ultra se adelantó en un año al afamado vuelo de Charles Lindsberg en El Espíritu de San Luis, que recorrió un camino inverso por el hemisferio norte para llegar a París desde Nueva York tras volar 3500 kilómetros sobre el océano.
No son equiparables una y otra gesta. Lindbergh cruzó el mar Atlántico en solitario partiendo de Nueva York sin hacer escalas, mientras que los 4 tripulantes del Plus Ultra, programaron un vuelo de varias escalas, durante el cual el célebre hidroavión tuvo que salvar 2300 kilómetros de un solo tramo sobre el Atlántico. Lindberg voló mil trescientos kilómetros más sobre las aguas porque su desafío público era no detenerse. En cambio, el Plus Ultra realizaba una travesía cuajada de simbolismo en una circunstancia política en que España aspiraba a salir de su desaliento por la pérdida colonial. El Plus Ultra centralizaba el ensueño político de recuperar la autoestima nacional despegando desde Palos, en las inmediaciones de donde salió Colón. El simbolismo no se limitó a esta proximidad, el Plus Ultra voló a Gran Canarias, de donde partieron las naos para cruzar el océano. El hidroplano despegó el 26 de enero de 2026 de Gando, se dirigió a Cabo Verde y atravesó 2300 kilómetros del Atlántico hacia Pernambuco. Llegó a Buenos Aires el 10 de febrero de aquel año.
La gira asociaba la proeza a una proyección técnica y científica. El hidro Dornier pasaba por ser uno de los más avanzados de la época. Las siete escalas que concluían en Buenos Aires comprendían 10000 kilómetros de recorrido correspondientes a la longitud del cuadrante del meridiano terrestre que une los polos norte y sur pasando por París, en cuyo Conservatorio de Oficios se guarda el patrón del metro materializado en una rígida barra de platino iridiado cuya medición es la diezmillonésima parte del cuadrante parisino. El Plus Ultra fue el primero en recorrer la distancia del cuadrante.
Las circunstancias personales se confabularon tristemente con la involución política para que ninguno de los héroes del Plus Ultra pudiera disfrutar de su hazaña. Pasado un decenio, Julio Ruiz de Alda fue asesinado en 1936 por las turbas durante el asalto de la cárcel Modelo. Su asesinato atribuló a Ramón Franco, que optó por pasarse al bando comandado por su hermano Francisco. Dos años después naufragó al capotar su aparato mientras bombardeaba Valencia. El héroe republicano Pablo Rada falleció al poco tiempo de que se le permitiera volver a España en 1966. El más apresurado por la muerte fue Juan Manuel Durán que pereció tras un accidente aéreo a los cuatro meses de regresar de Buenos Aires, un 19 de julio de hace un siglo en unas maniobras aéreas en el puerto de Barcelona en las que participaba como piloto naval.
Asistía como observador y fotógrafo de la Armada a aquellas mismas maniobras el teniente de navío Antonio Núñez. Fotografiaba las peripecias desde la barquilla de un dirigible que navegaba sobre el puerto. Al ver que el capotaba tras haberle rozado el ala otro avión de la cuadrilla, mandó bajar al zepelín, que circulaba a cincuenta kilómetros por hora, hasta aproximarlo a medio centenar de metros cercanos al aparato que se sumergía desvencijado. Pidió ayuda para despojarse parcialmente de la vestimenta. En el expediente de concesión de la más alta condecoración militar, la Cruz Laureada de San Fernando, rubricada en juicio contradictorio por todos los miembros del tribunal, consta que “luchó denodadamente en el agua buceando tres veces en busca del cuerpo del desgraciado aviador, sin lograr encontrarlo y, cuando ya sus fuerzas se agotaban y los restos del aparato se sumergían, se agarró fuertemente a un ala, sacudió con violencia aquellos restos y consiguió que el cuerpo sumergido se desprendiese y saliera a la superficie, donde se sostuvo a flote en los pocos instantes que tardó en llegar el primer bote de auxilio”. Aparte la mención de laureado, Antonio Núñez mereció la Medalla de Oro de Salvamento de Náufragos. La crónica de esta proeza complementó tristemente la de la apoteósica llegada del Plus Ultra a Buenos Aires en las principales portadas del mundo. La vida del teniente Durán quedó impresa en la del teniente Núñez.
Cuenta el sobrino del aviador, Federico de la Cuadra Durán, autor del libro Cuatro meses de gloria, la hazaña del Plus Ultra, del que se ha presentado nueva edición, que, cuando después se celebró, ante un gran gentío que esperaba o acompañaba por las calles, el sepelio en Barcelona, seguían a la comitiva dos dirigibles. En uno iba el teniente de navío Núñez que descendió hasta el límite de seguridad sobre el carruaje. Como “el cielo y los pétalos era el modo tradicional de despedir a los compañeros muertos en accidente de aviación, Núñez no dudó en descender hasta el punto donde quedara asegurada la despedida y dicen quienes vieron el espectacular vuelo que multitud de flores quedaron sobre el féretro de Durán”.