Argentina es uno de los países mejor dotados para jugar al fútbol. No hay duda en eso. En sus canchas brotaron talentos tan descomunales como Alfredo di Stéfano, Diego Armando Maradona y Lionel Messi. Tres de los cinco o diez mejor futbolistas de la historia, según la edad del analista. La calidad se desborda en la amplísima lista de artistas oriundos que han sacado lustre al balompié internacional (desde Omar Sívori y Ángel Labruna a Mario Kempes, Ariel Ortega o Juan Román Riquelme). Además, sus clubes han reinado en América y girado los ojos del mundo hacia su latitud, y su influencia en el propio pensamiento de este deporte es tan grande que dos de sus ideologías características ('Menottismo' y 'Bilardismo') forman parte del selecto compendio de planteamientos que cambiaron la piel al propio fútbol.
Esa es una parte de la realidad del balompié argentino. La brillante y luminosa. La que ha entregado disfrute y goce a los aficionados del todo el planeta desde tiempos ancestrales. Pero también hay otra cara. Una vertiente que empuja a reflexionar: ¿por qué poseyendo semejantes virtudes y capacidades para ganar de forma brillante han elegido el fango, el engaño, la provocación y la ponzoña para competir? Las razones son múltiples y redundan en la propia antropología (ahí no vamos a entrar en este texto) de una sociedad que en estos días no se explica cómo es posible que España les barriese en la final del pasado Mundial y la comunidad futbolística planetaria les ha puesto una diana, construyendo lo que ellos llaman una "campaña antiargentina".
Sobre esto último no deja de sorprender que la nación que palpita por los designios de una de las selecciones más deshonestas que jamás ha conocido este deporte ahora reclame a los demás respeto, prudencia y dignidad. Si uno revisa con calma analítica el historial de la 'Albiceleste' podrá comprobar que sus tres entorchados mundialistas arrastran una sombra pantanosa. La primera Copa del Mundo alzada fue la de 1978, en un torneo que ellos mismo organizaron bajo el yugo de la dictadura de los generales durante el terrible "Proceso de Reorganización Nacional". La manipulación que el régimen ejecutó en aquella competición es notoria y ha sido corroborada desde todos los puntos de vista, también el interno. Argentina debía ganar y lo hizo. Johann Cruyff, el líder de la 'Naranja Mecánica' se negó a participar del atropello y no acompañó a la favorita Países Bajos. Precisamente, por aquel entonces también se denunciaba una "campaña antiargentina".
(Santiago Caputo es la mano derecha de Javier Milei en la Casa Rosada (Imagen: X)
El repaso cronológico avanza hasta México 1986, el Mundial de Maradona. El genio de Villa Fiorito cuajó la mayor exhibición individual en una Copa del Mundo y proclamó a sus compatriotas campeones con todo merecimiento. Pero en el mismo partido en el que dejó asombrado al personal, con su maravillosa carrera que dejó atrás a varios ingleses antes de poner la guinda al mejor gol visto en un estadio, abrió el marcador con una diana anotada con un manotazo ilegal. En el relato lo transformaron en 'La mano de Dios' y en Argentina nadie clamó por dicha injusticia. Del mismo modo que tampoco pusieron el grito en el cielo cuando su seleccionado, por orden de Carlos Bilardo, le entregó agua adulterada con somníferos a los jugadores brasileños durante un encuentro en Italia 1990. Todo en regla. Muy 'canchero'.
En Catar 2022 la 'Albiceleste' ofreció un pelaje similar al desarrollado este verano en Estados Unidos, Canadá y México. Y en la intrahistoria estadística de ese triunfo asoma un dato sospechoso: jugaron siete partidos, desde la Fase de Grupos hasta la final, y les señalaron cinco penaltis a su favor. En primero, para inaugurar el electrónico en la sorprendente derrota frente a Arabia Saudí; el segundo, fallado ante Wojciech Szczesny; el tercero, en la ajustadísima victoria de cuartos de final ante Países Bajos; el cuarto, en el 1-0 de las semifinales contra Croacia; y el quinto, en el partido por la gloria. Sea como fuere, en este evento llegaron a la orilla y alzaron el trofeo... y por el camino dejaron un reguero de gestos lamentables. Festejaron con furia las victorias en la misma cara de los rivales, redondeando un juego sucio que no rima bien con la calidad técnica y que han repetido en estos meses con un desenlace diferente gracias al tanto de Ferran Torres que ha festejado casi todo el globo.
Ha sido esa multiplicación de desplantes maleducados de sus jugadores hacia los oponentes y su acompañamiento con una ola masiva de insultos racistas, homófobos y xenófobos en las redes sociales por parte de los aficionados e incluso de miembros del Gobierno de Javier Milei lo que ha alimentado la reacción mundial que están experimentado ahora en su contra. Cuando estaban en la cima no han sabido ganar y en el presente están pagando las consecuencias. Porque los hinchas afligidos de otras naciones están paladeando la 'venganza' discursiva, yendo más allá del propio deporte. Les están plantando un espejo para que vean su reflejo real en términos sociales, políticos y económicos.
La final de Qatar bajaron del micro totalmente desaforados, arrasaban.
Algo paso, alguna discusión con Scaloni, Tapia les comunico algo, alguna sanción de la FIFA, nose.
Estaban destruidos física y anímicamente.
Insisto, algo muy fulero paso ahi y nos vamos a enterar de acá a 40…
La hinchada ha quedado atrapada por la derrota mundialista y desde el aficionado más llano hasta los grandes comunicadores se encuentran improvisando arranques patrióticos para salir a flote, reivindicando las corruptelas como un valor identitario y con giros retóricos que incluso los argentinos que viven en el exterior no le encuentran sentido. Muchos de ellos han dejado clara su distancia con las proclamas y escorzos de aquellos que viven constreñidos en la 'burbuja' del país. Éste grupo de personas que han visto y vivido más allá de las fronteras de esa nación obsesionada con la bandera y la camiseta del equipo nacional también se han desligado de la 'locura' que se ha adueñado de sus paisanos. Una 'locura' que se ha evadido de la realidad para encontrar consuelo en teorías de la conspiración que les permitan convivir con el hecho de no haber rematado a portería hasta la prórroga en una final del Mundial. Una pesadilla que ha vivieron en el 90. Las tretas que durante décadas llevaron a cabo para ganar les parecen lo más normal del mundo (incluso algo que festejar, de lo que presumir por ser más listos que nadie) pero ahora, que no hay indicios de nada extraño, denuncian un robo organizado también en programas televisivos de máxima audiencia.
El esperpento colectivo se resume con el lema "algo pasó". Por rocambolesco que parezca, un grueso porcentaje de la población ha dado cabida lógica a que les han hurtado el trofeo con maniobras orquestales en la oscuridad y han arrinconado el hecho certero, que su equipo había llegado tocado físicamente al campeonato y le costó la vida eliminar a selecciones débiles como Cabo Verde, Egipto y Suiza. El delirio se ha vuelto moneda común y la teoría más compartida explica que el FBI, ni más ni menos, le confirmó a la Asociación de Fútbol Argentino (AFA) que iba a detener al presidente Claudio 'Chiqui' Tapia en pleno torneo. Para evitarlo, debían dejarse ganar en la final.
La 'percha' que ha derivado en esta conjetura es un extracto del discurso de Messi antes del saltar al césped en el que recomendaba a sus compañeros "olivarse de lo que pasó" para centrarse sólo en el partido. Esos pocos segundos de filmación se volvieron rivales y saltaron a la mesa de casi cada hogar del país. Pero no se queda ahí el desenfreno, ya que se airean también explicaciones que aluden a un supuesto enfrentamiento físico, en el vestuario y justo antes acceder al verde, entre Lautaro Martínez y Julián Álvarez cuando el delantero del Inter se enteró que no iba a ser titular. La creatividad envenenada estaba servida y en la conspiranoia cabe todo, también que Estados Unidos hubiera premiado a España con el Mundial por permitir el uso de las bases militares de Rota y Morón al Ejército de Donald Trump para atacar Irán (todo lo contrario de lo expresado por Moncloa y Washington durante meses).
Caro Calvagni, esposa de Tagliafico, subió un video en Tik tok poniendo una canción que dice “Silencios que prefiero callar” y está likeando comentarios que dicen que “que algo pasó”.
CONFIRMADO MUCHACHOS. pic.twitter.com/pFgagIWgv1
Poco importa la realidad en estas elaboraciones. Por eso se da por bueno que la FIFA haya obligado a los jugadores argentinos a dejarse ganar por una supuesta sanción tras haber mostrado una bandera con la inscripción "las Malvinas son argentinas" después de la semifinal que ganaron ante Inglaterra. La estrambótica teoría relata que Gianni Infantino (el artífice de unos arbitrajes claramente condicionados en favor de la 'Albiceleste') ha amenazado con suspender a la selección argenta durante 10 años por exhibir dicha pancarta y que les ofreció anular dicha penalización a cambio de una derrota en la final del pasado domingo. Siendo que en ninguna parte del Código Disciplinario de la FIFA figura semejante sanción. La literalidad expone que los castigos no pasan de las advertencias, las multas económicas o la suspensión de unos pocos partidos. Pero a la hinchada no le importa dejar a sus propios jugadores en una situación deshonrosa. Sus conjeturas colocan a sus futbolistas en la peor ofensa posible para un campeón del mundo: perder adrede en el partido más importante de este deporte. Pinchar su sueño sin rebeldía. El absurdo absoluto.
Por supuesto que está tendiendo espacio el esoterismo, como buena salida conspiranoica que se precie. No hay proclama de un plan oculto sin una sazón mística. Y todo vale. La fotografía tomada en 2007 durante una campaña solidaria de UNICEF que muestra a Messi bañando al bebé Lamine Yamal es, para muchos ciudadanos argentinos, la evidencia de un ritual masónico de iniciación que ha derivado en esta tragedia nacional. Y, claro, en un principio de transposición de manual, se está denunciando un teórico arbitraje desfavorable en la final. Y el exceso de agresividad de Nahuel Molina que permitió a Nico Williams asistir a Ferran para el 1-0 definitivo, también forma parte del contubernio. Porque, claro, el lateral juega en España, en el Atlético, de modo que quiso ayudar a los españoles a ganar empujando al extremo navarro para que llegase a la pelota. Denuncia similar padece Giuliano Simeone, que se despistó en el marcaje del atacante azulgrana. Así se las gasta una sociedad incapaz de usar el raciocinio cuando se trata de su prepotencia y que ya ha reclutado más de 50.000 firmas para que se repita la final del Mundial porque el arbitraje fue "corrupto y comprado".