Opinión

Terror en Oriente Medio

Domingo 28 de diciembre de 2008
El ataque israelí sobre Gaza, cuyas cifras superan los 200 muertos y 750 heridos, amenaza con recrudecer un conflicto que llevaba algún tiempo menos activo de lo habitual. Durante 6 meses, Hamas e Israel estuvieron en tregua. Dicha tregua, distando mucho de ser efectiva, era al menos un punto de partida. En cualquier caso, los últimos días de alto el fuego, Hamas ya había anunciado que volvería a las hostilidades contra Israel. Y lo hizo. Cohetes Al Kassam y Katiusha fueron lanzados por sus milicianos desde la franja de Gaza. Su objetivo, causar la mayor destrucción posible en las localidades israelíes cercanas. Providencialmente, el escaso alcance de los proyectiles lanzados y una buena dosis de fortuna bastaron para que “sólo” muriera una mujer israelí.


Desde que Israel construyó el llamado por los palestinos “muro de la vergüenza” en Cisjordania, se han reducido prácticamente a cero los “hombres bomba”. Antes, suicidas con el cuerpo cargado de explosivos provocaron más de una masacre en suelo israelí. Daba igual el lugar: autobuses, centros comerciales, cafeterías…lo de menos era que allí hubiese personas inocentes. De eso se trataba. Cuantas más víctimas provocase en terrorista, mejor. Israel adoptó medidas para protegerse. No sólo el muro; también, el bloqueo de los pasos fronterizos de Gaza, para evitar que fuesen franqueados por terroristas. Pero no bastaba. Ya el Mossad había advertido a Tel Aviv que Hamas tenía la intención de volver a las andadas de modo contundente. Por eso han atacado en Gaza comisarías, cuarteles y sitios de entrenamiento del grupo terrorista. Todos, por cierto, objetivos militares, que no civiles. Se ha reprochado en multitud de ocasiones el uso desproporcionado de la fuerza que hace Israel y, en efecto, parece que también esta vez se ha extralimitado nuevamente. Israel se defiende, nunca mejor dicho, aduciendo que avisó reiteradas veces a Hamas que dejase de atacar poblaciones israelíes. En este sentido, conviene reseñar el contraste con la “otra” Palestina, Cisjordania. Aquello es feudo moderado, y Mahmoud Abbas no permite los desmanes a que nos tiene acostumbrados Hamas. Ni los israelíes simpatizan con los palestinos de Cisjordania, ni al revés. Lo mismo sucede con Egipto y Jordania. No se quieren, pero se respetan y toleran, sin atacarse. En el momento en que Hamas deje de hostigar a Israel, el Tsahal -ejército israelí- dejará de actuar. Y ya es hora.