Los Lunes de El Imparcial

Adriana Riva: Ruth

Novela

Domingo 26 de julio de 2026

Destino. Barcelona, 2026. 192 páginas. 18,90 €.

Por Soledad Garaizábal



Me ha encantado la novela de la escritora Adriana Riva (Buenos Aires, 1980). Por ahora ha conseguido superar las diez ediciones en Argentina y ha ganado la mención especial del Premio Sor Juana Inés de la Cruz en la en 2025, pero merece otros honores y miles de lectores más. La obra, publicada por Destino, resulta muy agradable para leer. Es relajada, sincera, equilibrada en sus pretensiones, cercana, amable, alegre, curiosa, inteligente, divertida… Se puede definir con todas estas características porque son también las que adornan la personalidad de su protagonista octogenaria, Ruth. Un encanto de señora. Ojalá todos alcanzáramos la ancianidad con valores altos de Ruth en los chequeos.

El personaje principal se convierte a lo largo de sus páginas en alguien real. Está muy bien trazado como protagonista, tratada con cariño, modelada en sus gestos. Adriana Riva ha creado un personaje creíble, cercano y cálido, con tirón, apto para exportar a las pantallas.

Ella es libre por fin. Tal vez lo haya sido siempre, aunque ahora que sus dos hijos son adultos más que funcionales, su marido ha fallecido y todo indica que no queda mucho tiempo, Ruth comprende que cada minuto de felicidad cuenta. Es bastante urgente ir haciendo lo que le dé verdaderamente la gana, en la medida de sus posibilidades. Por ejemplo, ha decidido: “No cocino ni lavo ni hago ningún trabajo vinculado a las tareas del hogar, salvo preparar café instantáneo”. Puede pagar a Emperatriz para que le ayude en esas cosas.

Ruth estudió medicina y trabajó como doctora. Hace tiempo que ya no trabaja, aunque sigue estudiando: “El resto del día me lo paso sentada junto a la heladera, en camisón, estudiando movimientos artísticos”. Le apasiona comparar luces y volúmenes, clasifica los colores, imagina las texturas. Va a la ópera siempre que puede, bastante, y está apuntada a clases de lenguaje artístico.

Sale a almorzar y visita museos, le gusta conocer la obra de sus más admirados creadores, especialmente de los que comparten con ella la ascendencia judía. Acude a conferencias y se divierte revisando mapas y accidentes geográficos. Además, visita a un terapeuta psicológico y asiste con puntualidad a las citas con los médicos o la familia, pero cuando no tiene en la cabeza a Hilma af Klint, la pionera del abstracto, está pensando en una frase de Apocalypse now o se pregunta si es realmente válida la expresión arte Kitsch. Se acuerda mucho de Lucian Freud, Andy Warhol y Bill Viola. Constantemente relee a Pessoa. Es muy peculiar. Alejada de estereotipos. Única y genuina.

“Consumo drogas desde que tengo memoria”. Ya que su carrera profesional le facilitó el acceso a un menú químico tan amplio como el vademécum, en la ancianidad continúa extendiendo recetas para sus amigas en pánico existencial y se automedica todo lo que considera necesario. Además, tiene otros remedios: “August Sander es uno de mis fotógrafos favoritos. Sus retratos me aceleran la circulación de la sangre”.

Le quedan muy buenas compañeras de vida y con ellas los diálogos son hilarantes, llenos de confianza y múltiples afinidades, aunque a veces las conversaciones se conviertan en auténticos mensajes de auxilio. El valor de la novela es haber conseguido encarar desde el humor inteligente cuestiones muy serias. Lejos de dramatismos, ofrece la ironía como camino para abordar situaciones cotidianas que, por circunstancias de la edad, tienden a ser penosas.

La soledad, el deterioro físico o la proximidad de la muerte son temas solo circunstanciales en las charlas que mantiene con Fanni, Luisa, Nora o Lili, aunque estas conversaciones envuelvan un punto de agudeza punzante, haciéndonos reflexionar sobre cómo la sociedad y la familia corta las alas de sus mayores y rebaja su independencia, impidiéndoles tomar decisiones sobre sus propias vidas o forzándoles a un estilo de vida que les aburre soberanamente: “- ¿Vos estás bien? -Mejor. Estoy con psicotrópicos -¿Con quién estás?”

En España tenemos un dicho que se ajusta muy bien al caso, Ruth será genio y figura hasta la sepultura.

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