La utilización de insecticidas en jardines privados para combatir a insectos, entre ellos el mosquito tigre, está incrementando su resistencia a estos aerosoles según dos nuevos estudios de investigadores de la Universidad estatal de Carolina del Norte (EE UU).
El trabajo observacional que aparece en Royal Society Open Science se refiere concretamente a Aedes albopictus (mosquito tigre), una especie invasora ya establecida en más de 40 provincias españolas, destacando su expansión por toda la costa mediterránea, Andalucía, el valle del Ebro y algunas zonas del norte como Galicia. Este mosquito prolifera en entornos urbanos y suburbanos, donde se reproduce en pequeños recipientes y otros lugares donde se acumula agua.
En Carolina del Norte, los hogares pueden contratar empresas privadas de control de mosquitos o utilizar insecticidas por sí mismos para reducir las picaduras molestas en sus jardines. Los estudios sugieren que estas decisiones individuales, repetidas en distintos vecindarios, pueden crear condiciones que favorecen la evolución de la resistencia a los insecticidas.
“Los propietarios con recursos económicos pagarán para fumigar contra los mosquitos, lo que selecciona la resistencia localizada”, anuncia la profesora Martha Burford Reiskind, autora principal de los dos estudios.
La investigación se centró en los piretroides, una clase de insecticidas comúnmente utilizados para aniquilar mosquitos adultos, relativamente económicos y considerados entre los más seguros para usar cerca de personas, mascotas y hogares.
En lugares donde las enfermedades transmitidas por mosquitos son comunes, los piretroides pueden desempeñar un papel importante en la limitación de la transmisión.
Los investigadores descubrieron que los mosquitos en el condado de Wake desarrollaron y mantuvieron mutaciones asociadas con la resistencia a los piretroides. El primero de los estudios utilizó muestras de mosquitos archivadas de 2016 a 2024 para rastrear la rapidez con que apareció y se propagó una de esas mutaciones. El otro examinó si los factores socioeconómicos ayudaron a predecir dónde era más común la resistencia a los insecticidas.
Los investigadores no encontraron mosquitos resistentes en sus muestras del condado de Wake de 2016 y 2017. Los primeros mosquitos resistentes aparecieron en 2018. En 2023, la resistencia se había extendido ampliamente por toda la zona de muestreo: los científicos encontraron mutaciones asociadas a la resistencia en el 84 % de las zonas residenciales analizadas, y el 39 % de los mosquitos muestreados portaban la mutación.
El segundo estudio halló que la resistencia era mayor en vecindarios con valores inmobiliarios totales más altos, que los investigadores utilizaron como indicador de la riqueza de los propietarios.
Si bien los investigadores no midieron directamente el uso de insecticidas en los hogares, los hallazgos sugieren que los hogares más ricos podrían ser más propensos a utilizar servicios privados de control de mosquitos u otros tratamientos químicos con insecticidas, lo que genera una presión de selección localizada para la resistencia.
Este equipo de la Universidad estatal de Carolina del Norte utilizó un método de análisis génico para identificar una mutación en el genoma del mosquito. Esta mutación se asocia con la resistencia al derribo (kdr), que puede reducir la sensibilidad de los mosquitos a los insecticidas piretroides y suele ser la primera en aparecer cuando hay resistencia a los aerosoles.
Los mosquitos tigre son agresivos y pican durante el día, pudiendo transmitir virus como el dengue, el Zika y el chikungunya, así como la dirofilariasis canina. Los estudios se centraron en la resistencia a los insecticidas en lugar de la transmisión de enfermedades, pero los hallazgos son importantes porque la resistencia puede reducir la eficacia de las herramientas utilizadas para controlar los mosquitos cuando surgen riesgos para la salud pública.
Michael Reiskind, profesor de entomología y coautor de ambos estudios, afirma que el siguiente paso es ampliar el muestreo a una gama más amplia de vecindarios.
El objetivo -detalla- es estudiar una diversidad de vecindarios, edades y niveles socioeconómicos para extender nuestros hallazgos “y ver si funcionan en diferentes densidades de vivienda y niveles de riqueza», matiza.
Los hallazgos señalan la necesidad de estrategias integradas de manejo de plagas que reduzcan la dependencia de los insecticidas químicos por sí solos. Para los propietarios de viviendas, esto incluye atacar a los mosquitos en las primeras etapas de su ciclo de vida eliminando o limpiando cualquier objeto que pueda acumular agua de lluvia, donde se desarrollan las larvas de mosquito.
Para Reisking, «depender únicamente de los insecticidas químicos nunca es la mejor manera de controlar una plaga. Realmente queremos integrar prácticas de manejo de plagas que consideren todo el ciclo de vida de la plaga».