Los resultados semestrales de Stellantis, Ford y Renault dejan una conclusión difícil de ignorar: el automóvil mundial vuelve a ganar dinero, pero no todos los mercados tiran con la misma fuerza. Mientras Estados Unidos se consolida como el gran motor de la recuperación, Europa sigue mostrando síntomas de debilidad, con ventas prácticamente estancadas y una creciente presión sobre los fabricantes tradicionales.
Las tres compañías han presentado beneficios, han mejorado sus previsiones o han confirmado sus objetivos para 2026, pero el origen de esa recuperación es muy diferente en cada caso.
Stellantis obtuvo un beneficio neto de 670 millones de euros durante el primer semestre, frente a las pérdidas de 2.256 millones registradas un año antes. El grupo también incrementó un 10% su facturación, hasta los 81.614 millones de euros, y triplicó su resultado operativo ajustado hasta los 1.733 millones.
Sin embargo, basta analizar el origen de ese crecimiento para entender dónde está hoy el verdadero negocio.
Norteamérica volvió a convertirse en el gran soporte financiero del grupo, con unos ingresos de 34.307 millones de euros, un 21% más que hace un año.
Europa, en cambio, apenas avanzó un 1%, hasta los 30.801 millones, reflejando un mercado incapaz de recuperar el dinamismo perdido pese al crecimiento de la electrificación y a los programas públicos de ayudas.
Durante el segundo trimestre la tendencia incluso se reforzó. Los ingresos crecieron un 13%, impulsados por un espectacular aumento del 32% en Norteamérica, mientras Europa permanecía prácticamente plana.
Pese a ello, Stellantis mantiene sus previsiones para 2026 y confía en que la ejecución de su estrategia FaSTLAne 2030 permita seguir mejorando la rentabilidad y el flujo de caja.
La lectura que deja Ford es muy similar. El fabricante estadounidense ganó 1.200 millones de dólares (1.053 millones de euros) durante el primer semestre, un 0,8% más que hace un año, elevó su facturación hasta 91.500 millones de dólares y mejoró su resultado operativo (Ebit) un 2%, hasta los 6.000 millones.
Pero el dato más significativo llegó tras la publicación de las cuentas. Los inversores premiaron los resultados con una subida superior al 5% en Wall Street después de que la compañía decidiera elevar sus previsiones para todo el ejercicio.
Ford espera ahora un Ebit ajustado de entre 10.000 y 11.000 millones de dólares, por encima de las previsiones anteriores, y también mejora sus expectativas de generación de caja.
Su consejero delegado, Jim Farley, resumió el momento de la compañía asegurando que Ford se está convirtiendo en una empresa «más rentable, más disciplinada y genuinamente diferente».
El mensaje vuelve a apuntar en la misma dirección: Estados Unidos continúa ofreciendo el entorno más favorable para los grandes fabricantes tradicionales.
Preshow Renault Clio 6, August 30th 2025 at Aubervilliers, France – Photo Clément Choulot / DPPILa situación de Renault es distinta. El grupo francés volvió a beneficios con 705 millones de euros, aunque la comparación con 2025 está claramente condicionada por el impacto extraordinario de 11.600 millones provocado entonces por el cambio del tratamiento contable de su participación en Nissan.
Más allá de ese efecto, Renault mantiene una rentabilidad sólida. Los ingresos crecieron un 9,5%, hasta 30.252 millones de euros, mientras que el resultado operativo permaneció prácticamente estable en 1.567 millones.
Sin embargo, el crecimiento comercial sigue siendo la gran asignatura pendiente. El grupo vendió 1,16 millones de vehículos en el mundo, un 0,4% menos que hace un año. En Europa, las matriculaciones descendieron un 1,3%, hasta 821.092 unidades.
La marca Renault logró crecer un 2,6% gracias, entre otros factores, al éxito del nuevo Renault 5, convertido en el eléctrico más vendido del segmento B europeo.
Pero Dacia, uno de los principales pilares de rentabilidad del grupo, redujo sus ventas un 8,7%, un dato que refleja que incluso las marcas de bajo coste empiezan a sufrir la desaceleración del mercado europeo.
Solo Alpine rompió la tendencia con un crecimiento del 67,6%, aunque su peso dentro del grupo sigue siendo todavía reducido.
Los tres fabricantes coinciden en un aspecto: mantienen sus previsiones para 2026 o incluso las mejoran.
Sin embargo, los resultados también ponen de manifiesto una realidad que preocupa cada vez más a la industria europea.
Mientras el mercado estadounidense vuelve a generar crecimiento, beneficios y confianza entre los inversores, Europa continúa inmersa en un escenario mucho más complejo, marcado por una demanda débil, la incertidumbre regulatoria, el elevado coste de la electrificación y la creciente competencia de los fabricantes chinos.
En el caso de Stellantis, el crecimiento procede claramente de Norteamérica. Ford confirma que el mercado estadounidense sigue respondiendo mejor de lo esperado. Y Renault demuestra que es posible mantener la rentabilidad mediante una estricta disciplina de costes, aunque ello no sea suficiente para recuperar el volumen perdido.
En definitiva, las cuentas del primer semestre dejan una fotografía muy reveladora: los fabricantes vuelven a ganar dinero, pero el verdadero motor del automóvil ya no está en Europa. Ese desplazamiento del centro de gravedad hacia Estados Unidos plantea un desafío estratégico para una industria europea que necesita recuperar competitividad si no quiere quedar relegada en la nueva etapa del sector.