Cultura

El aniversario, de Andrea Bagnani: un descarnado retrato de la sumisión femenina

RESEÑA

José Manuel López Marañón | Lunes 03 de agosto de 2026

En su última novela, el premiado novelista Andrea Bajani (Roma, 1975) –también autor de Saludos cordiales (Siruela, 2015), Mapa de una ausencia (Siruela, 2017), y El libro de las casas (Anagrama, 2022)– refiere la vida de una madre italiana desde el júbilo que a su narrador le produce el tiempo pasado sin verla (a ella y a su padre): «han sido los diez mejores años de mi vida».

Contada por el hijo varón, la vida de su madre, esta mujer cuarentona protagonista de El aniversario, queda diseccionada sin contemplaciones a punta de bisturí: «Si nunca he escrito sobre mi madre, ni nunca me he parado a pensar en ella, es porque para hacerlo hace falta extirparla de mi padre. Lo que implica una operación delicada que requiere una actitud quirúrgica específica, una frialdad de pulso».

Desdibujada, humillada y maltratada por un marido empeñado en hacer de menos a su mujer, y que recurre a la violencia física en no pocas ocasiones, el hogar formado por el matrimonio y sus dos hijos se ha convertido en un verdadero infierno.

«Lo que vivía mi madre era un patriarcado diferente, más cercano a un totalitarismo: mi padre llevaba las cuentas, conducía, establecía las pautas de la educación de los hijos, se ocupaba de nuestra instrucción, y a ella le quedaba la calderilla de la gestión del cambio de sábanas, de la cocina y de la limpieza».

Aunque los maltratos físicos ocurran fuera de campo, su tensión y sus resultados permean una existencia que venía ya marcada por la desolación y la frustración: «Él quería que ella no fuera nada para poder ser él algo, y ella no quería ser nada porque ser nada al menos era algo». Estamos ante un cuadro psíquico complejo, ante un legado de origen fascista esencial en la conducta paterna que difiere muy poco del que, por ejemplo, caracterizaba al brutal padre de Pier Paolo Pasolini al acabar la guerra.

Andrea Bajani no ha escrito una novela sobre la lucha de una mujer contra el patriarcado en esa Italia que, sorprendentemente, aún a finales de los años setenta del pasado siglo, en lo que fueron aquellos años de plomo del terrorismo, negaba todavía derechos básicos a la mujer (como tener una cuenta bancaria propia, por poner un lacerante ejemplo). Lejos de cualquier forma de rebeldía, la sumisión era la norma y lo que el texto deja plasmado.

«Su degradación iba acompañada por su distracción, que era de hecho la forma que esa degradación adoptaba en la vida ordinaria. Mi madre estaba distraída porque, con tal de salvarse, se había trasladado a otra dimensión, a un espacio intermedio entre el acontecer de las cosas y su toma de conciencia».

Bajani muestra cómo el protagónico personaje de El aniversario –la madre del narrador– no enfrenta, en ningún momento, su cotidiana realidad de humillaciones con un proceso de empoderamiento. Esta mujer, tantas veces desesperante en su inacción, busca el refugio en rutinas domésticas cercanas a la servidumbre. Y siempre bajo la mirada severa e intolerante de su cónyuge, quien no deja escapar oportunidad para menospreciarla o atacarla. Cualquier excusa es buena y hay que aguantarle, porque él es quien sustenta a una familia que debe apoyarle en todo momento.

«La violencia era el medio cuando todos los demás medios –sobre todo el miedo– se habían revelado fallidos para conseguir alguna muestra de afecto, aunque fuera insincera».

Es el triunfo de la sociedad patriarcal, mantenida con igual intensidad y fuerza que se daba en la península itálica sumida en la pobreza tras el final de la Segunda Guerra Mundial.

Los únicos instantes de tranquilidad de esa madre y esposa, que llegó a ir a la universidad y tuvo amor por la lectura, a fuerza de servir a su marido, acaban reducidos a hacer crucigramas en un sofá y a mirar la televisión. Hay unos intentos, de poca duración, por encontrar fuera la felicidad que la casa niega a esta mujer. Su breve empleo como cajera en un supermercado familiar conlleva esos momentos de gozo que aportan el sentirse útil y colaborar en los gastos domésticos.

También su amistad con un grupo de amigas, madres que llevan a sus hijos al mismo colegio al que va el suyo, parece vaya a resultar beneficiosa, sobre todo a través de la relación que tiene con una de ellas –la más desinhibida, moderna y sofisticada, que trata de hacerla cambiar en su forma de ver la vida y tratar a su esposo. Pero todo queda en agua de borrajas: la sutil maldad del marido aborta esos intentos de su mujer a la hora de encontrar alguna forma de esparcimiento vital, aunque sea mínimo, que él se ha empeñado en negarle.

«Lloraba porque las cosas habían sido como habían sido y no se le podía hacer nada».

Así, lo que pudiera haber sido una oda a las pequeñas grandes batallas individuales, que, con sus pequeñas grandes victorias, han hecho avanzar la lucha de la emancipación femenina (como se ve en una buena película italiana de 2023 –Siempre nos quedará mañana, Paola Cortellesi–), queda en la crónica de un presente sin esperanza sobre el que las derrotas de esta esposa y madre hacer prever un futuro sin modificaciones para soñar y avanzar.

La elección de situar la narración en aquel Piamonte setentero (la familia deja Roma para vivir en pequeñas localidades próximas a Turín) como marco ambiental revela otro acierto del autor a la hora de contar la vida de esa madre atrapada en un matrimonio abusivo y con dos hijos que poco hacen por ella. Asumido el desconcierto al enterarnos de cómo en Italia pervivían esas formas de maltrato hacia la mujer, en esos entornos rurales –más opresivos siempre que la gran ciudad– el esfuerzo para dinamitar el sojuzgamiento varonil resulta mayor.

La voz narradora, la del hijo –desde un cinismo comprensible– madura reconociendo una culpa por su ruptura con el vínculo familiar que, avanzando la edad, va a necesitar de terapia psicológica.

Y es que la narración de Bajani, en paralelo a la negación y/o imposibilidad de una madre para modificar su estatus matrimonial, describe, con igual grado de intensidad, este sí efectivo proceso de emancipación de alguien desbordado por las permanentes situaciones de abuso vividas en su hogar. El título de la novela, ese aniversario, conmemora el triunfo del primogénito: el decenio de libertad conseguido tras haberse podido liberar de un padre dictatorial y violento (también con él), y de una madre desesperante en su inacción.

La presencia de la hija en el texto es de escasa trascendencia: ella va a lo suyo sin el menor grado de implicación hacia lo que sucede dentro de su familia.

Para este agosto vuelvo a recomendarles una obra con la que puedan descansar de crímenes a resolver, mamotretos históricos y vertiginosos thrillers de temporada. El aniversario tiene 150 páginas escritas desde una serenidad muy afilada y sin concesiones que quedan grabadas a fuego. No sería de extrañar que, pasados unos meses, recuerden sus días vacacionales por las emociones provocadas por esta novela hoy reseñada en El Imparcial. Apuesten por Andrea Bajani. Nadie me va a pedir el libro de reclamaciones,