Hace ya un par de años que los sectores políticamente más inteligentes del sanchismo modificaron su punto de vista y empezaron a atacar de forma furibunda y preferente a Isabel Díaz Ayuso. Alberto Núñez Feijóo presidia ya al Partido Popular, pero eran muchos los que aventuraban el trasvase del liderazgo político desde Genova a Puerta del Sol. De forma muy sencilla, pero con carisma personal y aciertos multiplicados, Isabel Díaz Ayuso, eficazmente respaldada por el gran Miguel Ángel Rodríguez, consolidaba un liderazgo que el tiempo ha robustecido.
El frenesí de los ataques sanchistas contra Isabel Díaz Ayuso se ha centrado en los hospitales Quirón y Ribera Salud. Pedro Sánchez orquestó contra Ayuso una sucia batalla despiadada y, entre otras muchas cuestiones, lanzó sobre el Tribunal de Cuentas la relación de la presidenta madrileña con los hospitales Quirón y Ribera Salud. Vidrioso asunto, como todos los relacionados con el mundo de la Sanidad Pública.
Y bien. El Tribunal de Cuentas ha archivado la denuncia presentada el pasado mes de febrero por el Grupo Parlamentario Socialista de la Asamblea de Madrid. El carpetazo del prestigioso Tribunal ha ensordecido a los diputados socialistas y ha provocado un estruendoso silencio en el Palacio de la Moncloa.
Isabel Díaz Ayuso ha derrotado una vez más a Pedro Sánchez. “No existe responsabilidad contable, ni perjuicio económico para las arcas públicas” en la gestión de la presidenta de la Comunidad Autónoma madrileña, relacionada con los hospitales Quirón y Ribera Salud. Los magistrados del Tribunal de Cuentas han sentenciado de forma contundente y sin fisuras: la gestión de la Comunidad “se ha ajustado en todo momento al marco normativo vigente”. Isabel Díaz Ayuso ha ganado; Pedro Sánchez ha perdido. Y su derrota, que le ha hecho considerable daño, ahonda las llagas abiertas en el cuerpo presidencial y devasta todavía más su imagen que, nacional e internacionalmente, se encuentra atrapada en las alambradas de su incierto poder.