José Luis Rodríguez Zapatero ha aprovechado las tragedias de los incendios y de la invasión de Ceuta para permanecer pertrechado, escondido y callado. El 17 de junio prometió al juez Calama que “en una semana o a la sumo 10 días” explicaría con la documentación pertinente el origen de las joyas encontradas en su despacho. Han pasado dos meses y el silencio es la única respuesta.
Aquel 17 de junio, Zapatero se sentó en el banquillo de los acusados de la Audiencia Nacional ante el juez Santiago Pedraz para testificar sobre los presuntos delitos de tráfico de influencias, cohecho y blanqueo de capitales. El expresidente socialista sólo contestó a las preguntas de su abogado sobre el rescate de la aerolínea, negando tajantemente que hubiera participado en la operación y eludió comentar el origen del botín hallado por la UCO en la caja fuerte de su despacho. Se comprometió a aclararlo y remitir al Juzgado la documentación sobre el origen de las joyas. Como decíamos, aún no ha aportado la menor prueba sobre la procedencia del botín. Lo que resulta más que sospechoso. El juez Calama acusa a Rodríguez Zapatero de contrabando y delito contra la Hacienda Pública tras conocerse la tasación de las joyas halladas en su caja fuerte. Pues, según el magistrado, el origen del botín “en estos momentos no está justificado”. En caso de ser condenado por estos delitos, Zapatero se enfrentaría a una posible condenan de hasta 6 años de cárcel.
La España de Pedro Sánchez ha sufrido una oleada de devastadores incendios y a continuación la invasión de Ceuta por, al menos, 80.000 inmigrantes enviados por Marruecos, como acaba de reconocer el Gobierno. Pero ni el juez Calama ni la opinión pública se olvidan de la promesa de Zapatero. No sólo por conocer el verdadero origen de las joyas. Sino también por estar imputado por tráfico de influencias, blanqueo de capitales, cohecho, contrabando y fraude fiscal. Los delitos que han puesto a Zapatero contra las cuerdas. Hay quien sospecha que para atenuar la condena, el expresidente podría tirar de la manta y llevarse por delante al propio Pedro Sánchez por ser conocedor y más que cómplice de los supuestos delitos del que está acusado, entre ellos el rescate de Plus Ultra. El presidente del Gobierno, sin embargo, sigue disfrutando como nunca de sus lujosas vacaciones. Pero cuando vuelva, tendrá que enfrentarse, primero, a la tragedia humanitaria de Ceuta. Después, a las consecuencias del juicio a su maestro de andanzas y turbias maniobras políticas.