Opinión

¿Bajar a súbditos o subir a ciudadanos?

TRIBUNA

Miquel Escudero | Martes 18 de agosto de 2026

Ya hace cinco años que Estados Unidos abandonó Afganistán, donde había entrado en 2001 para derrocar al régimen de los talibanes que cobijaba a Bin Laden. Aquella decisión de retirarse se llevó a cabo a los pocos meses de llegar Joe Biden a la presidencia, y fue deplorada con tibieza. Los propios estadounidenses ejecutaban la consigna de ‘Yankees Go Home’, tan repetida desde la guerra del Vietnam, pero ¿qué les aguardaba a las personas que vivían en esos territorios, especialmente a las mujeres? Una catástrofe descomunal (tanto en el plano individual como en el social), al estar regidos por unos fanáticos despiadados e intransigentes; también en esto hay grados a considerar. Sus vidas están invadidas por la sharía (ley islámica que regula todos los aspectos públicos y privados), con normas de todo tipo interpretadas por la dictadura talibán. No hay nada que discutir: a callar y a obedecer, pero no ante arbitrariedades inocuas, sino ante la tiranía. A partir de los doce años, a las mujeres se les deja fuera de las escuelas, se toleran o promueven matrimonios infantiles, se castiga brutalmente a quien vista ‘incorrectamente’ o tenga relaciones sexuales ‘inconvenientes’. Ya pueden los actuales afganos perder la esperanza de salir de ahí durante el resto de sus días. Es atroz. Sólo unos pocos privilegiados han podido salir de esa pesadilla continua e irse, sin miedo a la libertad, a otras sociedades mucho menos malas. Lo queramos o no, todos estamos interconectados y lo que sucede en un lugar incuba efectos, por tardíos que sean, en cualquier otro.

Hay entre nosotros, gente que adopta de forma retrospectiva el criterio de Luis XIV, el Rey Sol, sobre las fronteras naturales; así los Pirineos. Dado que Ceuta, Melilla y Canarias están en África, algunos indocumentados creen que no pueden seguir siendo españolas. En particular, están convencidos de que Ceuta y Melilla son marroquíes y que deben ser devueltas al Reino Alauita. No tienen ni idea. Melilla fue una colonia fenicia siete siglos antes de Cristo, próxima a Gibraltar, la puerta del Mediterráneo. Con una extensión de doce kilómetros cuadrados hoy tiene unos 87.000 habitantes. España fundó propiamente la ciudad de Melilla cuando la realidad marroquí era inexistente. Era una plaza para combatir a los bereberes que saqueaban nuestras costas y raptaban en masa. Recordemos que Cervantes quedó libre de su cautiverio tras el pago de un rescate a los berberiscos.

Por su parte, Ceuta fue también un asentamiento fenicio del que Cartago se adueñó cuatro siglos antes de Cristo. Tiene unos veinte kilómetros cuadrados y, vista como llave de España, fue el trampolín de la invasión musulmana en el siglo VIII. Portugal la reconquistó para la cristiandad en 1415, y desde Felipe II es española.

En sus memorias, Lluís Prenafeta, quien fuera mano derecha de Jordi Pujol (secretario general de la Presidencia de la Generalitat durante más de diez años), afirmaba con total desprecio y malicia que a Pasqual Maragall le importaba Cataluña tanto como a él le importaban Ceuta y Melilla; esto es, nada. Prepotencia y estupidez.

Hace cinco años, en 2021, unos 8.000 marroquíes se metieron a las bravas en Ceuta, gobernaba Pedro Sánchez. Ahora, este mes de agosto, esa invasión se ha reproducido pero multiplicada por diez. Sin embargo, nuestro Gobierno -siempre sincronizado- no deja de repetir, condescendiente, lo que sabemos falso: que Marruecos es un ‘socio fiable’. Vaya por Dios. Resulta que es un ‘socio privilegiado’ de Estados Unidos e Israel y nos está comiendo la tostada desde hace años, en especial con Sánchez; lejos queda el mes de julio de 2002, cuando Aznar abortó de inmediato la ocupación del simbólico y vacío islote de Perejil (a 10 kilómetros de Ceuta y a 200 metros de la costa marroquí).

El coordinador federal de Izquierda Unida ha sido claro al acusar a Marruecos de cometer una acción criminal con muertes. Lo cierto es que el Gobierno, donde está representado su partido por la ministra de Juventud e Infancia, se ha mostrado cínico e insensible a la realidad de Ceuta: desprotegida, exhausta, invadida por casi tantas personas como ceutíes hay. ¿Se lo pueden imaginar los habitantes de cualquier otra ciudad? ¿Se cree alguien que esta invasión en masa ha sido organizada por las bandas que trafican con seres humanos? ¿Con qué beneficios? El pasado 15 de agosto, anunciada una nueva oleada de asaltantes, Marruecos demostró que mandan ellos y que, si quieren, no pasa nadie.

El Gobierno español, rotundamente ineficaz e irresponsable, sigue tratando a los ceutíes como a ciudadanos de segunda. El asunto es que, si cayeran en manos de Marruecos, pasarían a ser vasallos o súbditos. Me parece oportuno señalar que el término latino súbditus viene de súbdere, y significa someter. Están en juego la libertad y la igualdad de unos seres humanos que son compatriotas nuestros. (Seguirá)