Con sobria rotundidad, sin vehemencias, Alberto Núñez Feijóo ha colocado al ministro Puente en su sitio. José María Aznar ha ido más lejos y ha vuelto a subrayar que lo que quiere Pedro Sánchez es un cambio de sistema. El órdago constituyente se lanzará en las próximas elecciones. Puente no es más que la avanzadilla de un meditado plan sanchista. No vale la pena especular. Hay que hacer frente a lo que se esta tejiendo entre los tórpidos muros del Palacio de la Moncloa.
Bien, en todo caso, por Alberto Núñez Feijóo, que ha empleado las palabras exactas y necesarias para desenmascarar ante la opinión pública el exabrupto de Puente. Y no solo eso. Frente a la lenidad, la parsimonia, la ligereza de Sánchez y su Gobierno ante la gravísima situación de Ceuta, el líder del Partido Popular, por encima de holguras y vacaciones, ha mantenido una actitud de firmeza y claridad. Seguramente esa posición le ha sumado muchos votos. Pero no es eso lo importante. Lo importante es que el líder popular ha tenido conciencia clara de lo que el atropello marroquí en Ceuta significa. Y en visitas y declaraciones ha dicho y hecho lo que Pedro Sánchez no ha sabido hacer.
Feijóo ha barrido políticamente de la escena nacional al presidente del Gobierno, que ha demostrado insolidaridad, incompetencia y desdén durante una crisis que exigía interrumpir las vacaciones y ponerse en frente de la gestión ejecutiva. Sánchez no lo ha hecho. No ha sabido hacerlo. Como aseguran algunos, el rey de Marruecos dispone de informaciones devastadoras sobre el líder sanchista y le mantiene aprisionado por los bajos. El tiempo, en fin, esclarecerá todo lo que se dice o insinúa.