Editorial

El falso “relato” del Gobierno sobre la “normalidad” en Ceuta ha terminado en una guerra real

EDITORIAL

EL IMPARCIAL | Viernes 28 de agosto de 2026

El Gobierno, entre apático y cobarde, se ha empeñado en calificar de “normalidad” lo que ocurre en Ceuta desde que cerca de 100.000 inmigrantes invadieron la ciudad. Una “normalidad” como el ataque de varias decenas de extranjeros con el lanzamiento masivo de piedras contra un blindado del Ejército que hirió a varios soldados. Una “normalidad” como las 16 denuncias de violación de menores que investiga la Fiscalía. O “la normalidad” de los miles de ceutíes que, ante la pasividad de la Policía y hartos de la inseguridad de las calles por los asaltos a los ciudadanos o la desfachatez de marroquíes y subsaharianos de instalarse con tiendas de campaña y chabolas en las playas como la del Trampolín, han decidido emprender la guerra por su cuenta para expulsar de sus asentamientos a los asaltantes. La “normalidad” de la tensión, de la ira y del odio que se está fraguando entre una gran mayoría de los españoles que se ven desplazados y humillados de su ciudad sin que nadie les proteja. Menos aún de un Pedro Sánchez que comenta los hechos como “cosas que ocurren”.

Porque la llamada “guerra híbrida” cada día se parece más a una guerra de verdad. Porque el Gobierno prometió que expulsaría a todos los invasores y aún quedan más de 10.000 deambulando por Ceuta, otros han huido a la Península y ahora unos miles, entre ellos menores, van a ser “repartidos” por las Comunidades Autónomas, en especial las gobernadas por el PP. Porque a Sánchez ni se le ocurre enviar a un solo inmigrante a Cataluña o el País Vasco. Pues esas cosas “no ocurren”.

Ocurre, sin embargo, que el Gobierno ni se ocupa ni preocupa de la tragedia que están sufriendo los ceutíes, que se sienten acorralados e intimidados por los miles inmigrantes que han decidido quedarse en la ciudad sin que nadie se lo impida. Que campan a sus anchas instalándose en una suerte de campings en las mejores playas donde gritan sin cesar, se pelean con inusitada violencia entre ellos, hacen hogueras para calentarse o cocinar y esparcen toneladas de basura por la arena. Han tomado la ciudad sin que los pocos agentes de las Fuerzas de Seguridad enviados se acerquen a ellos, cumpliendo así las órdenes de sus superiores, temerosos de irritar a Marruecos.

El Gobierno sólo se preocupa de construir su “relato” con la ingenua intención de convencer a la opinión pública de esa falsa “normalidad”. Sólo se preocupa de salvar el pellejo de Grande-Marlaska por su pasividad, torpeza, o complicidad, después de que Margarita Robles confirmara que el CNI supo y avisó de la invasión. Pero el ministro del Interior no envió a un solo agente de las Fuerzas de Seguridad para proteger la frontera. Apenas una docena de guardias civiles asistieron impotentes a la entrada en tromba de los casi 100.000 inmigrantes.

En efecto, la guerra híbrida es otro cuento del Gobierno para tapar la guerra de verdad. La que ha emprendido, y hasta reconocido Marruecos para invadir en tromba la ciudad autónoma; ahora de Ceuta y mañana, de Melilla y Canarias. Pero ni el presidente ni los ministros quieren reconocer que no son “cosas que ocurren” por casualidad. Que se trata de una invasión premeditada y organizada de un país extranjero contra la integridad territorial de España. De un atentado contra la soberanía de nuestra nación. Que se trata de una guerra que no ha hecho más que empezar.

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