En un artículo anterior propuse la eliminación en nuestra actual Constitución de las provincias como distritos electorales, y la instauración de un distrito electoral único para todo el territorio nacional (Cfr. “Reformar la Constitución”, El Imparcial 13/07/2026). Por cierto, así se hace ya en las elecciones para el Parlamento Europeo. No es algo enteramente nuevo en España. Y ya existen países que en sus elecciones generales se atienen al criterio del distrito único.
La razón allí aducida era incidencia del valor ético de la Igualdad. El voto de un ciudadano debiera ser independiente de la provincia en que viva. Pero el número de votos para obtener un diputado varía de provincia a provincia. Hay una escandalosa contradicción entre la igualdad teórica en derechos de todos los españoles, que figura en la Constitución como principio fundamental, y a la vez tomar la provincia como distrito electoral para votaciones de ámbito nacional.
En este artículo quisiera poner de relieve otro aspecto, que quizá sea tan importante a la larga como el valor ético de Igualdad. Se trata del efecto educativo o didáctico que tienen las todas las elecciones, pero sobre todo las de alcance político general.
En unas elecciones generales, de un modo u otro y en mayor o menor grado, siempre se toma conciencia de ser español, de pertenecer a una nación soberana e independiente. Un distrito electoral único enfatiza la idea de que se vota como ciudadano español y nada más que como ciudadano español. Si se añade el complemento forzado de vivir en una provincia u otra, se distorsiona esa conciencia de votar como ciudadano español y nada más que por ese motivo. Con el distrito electoral provincial otras intenciones más o menos locales, pero en todo caso
inoportunas aunque fueran justas, interfieren en el acto de votar en unas elecciones generales, que debiera ser sólo expresión de la soberanía del pueblo como origen del poder político. Esa es la esencia de la Democracia. Ser conscientes de que se está ejercitando el acto supremo de soberanía del pueblo en una nación independiente.
Es contradictorio convocar unas elecciones para gobernar el entero país, y al mismo tiempo obligar a cada votante a vincular su voto con el sitio en que vive y los problemas locales que le afectan de manera inmediata. No son éstos los problemas que se ventilan en unas elecciones generales, los problemas de todos. Con el distrito electoral por provincias se mezclan a destiempo los problemas de algunos.
Unas elecciones generales debieran ser la ocasión propicia para potenciar la conciencia de votar como ciudadano español, con independencia del sitio en que se viva. Por eso mismo se acepta el voto de aquellos ciudadanos españoles que se encuentren en el extranjero cuando se celebran elecciones generales. Que no se pierda el derecho a votar porque se está en el extranjero en el momento de la votación es justo el criterio contrario a vincular por provincias el voto de los que están en España cuando tienen lugar las elecciones.
Por otra parte, hemos logrado consolidar un Estado de las Autonomías. Cuando en las elecciones autonómicas se vota, eso se hace precisamente como ciudadano andaluz, catalán, gallego o lo que sea. Esa conciencia de votar como ciudadano autonómico será en la práctica más o menos consciente en las mentes de los votantes actuales. Nuestras autonomías son muy recientes. Pero no hay duda de que el hecho mismo de celebrarse unas elecciones autonómicas fomenta y estimula esa conciencia. Y éste el tema que tratamos de enfatizar. ¿No estimaríamos ahora ridículo que las elecciones autonómicas se fraccionasen por provincias igual que hacemos con las generales?
Lo mismo cabe decir de unas elecciones municipales, en que durante la campaña electoral salen a relucir los problemas o carencias de una determinada ciudad, pueblo o comarca. Quizá en este ámbito la conciencia de votar como miembro de un determinado municipio o localidad pequeña esté en la práctica más arraigada en la mente de los votantes españoles.
Así pues, habría que preguntarse ¿qué pintan las provincias en unas elecciones generales? La respuesta no puede ser otra que ésta: sólo estorbar y distorsionar el sentido mismo de las elecciones generales, que de suyo debieran propiciar el aumento de la conciencia de ser ciudadano de un país soberano e independiente.
Dejemos de lado la cuestión de hasta qué punto conviene o no conservar las Diputaciones provinciales y sus competencias. No entramos aquí en esta cuestión. Unicamente tomamos nota de que no se contemplan en la actual legislación unas elecciones provinciales en el mismo sentido en que las hay autonómicas y municipales.
Volviendo a nuestro tema, este aspecto didáctico de todas las elecciones en cuanto tales debiera extenderse a las elecciones para el Parlamento Europeo. Sin duda es ya un gran avance que estas elecciones se hagan en cada país miembro de la Unión Europea con un criterio, que afortunadamente ha superado ya el obsoleto y absurdo sistema de las provincias, departamentos, o unidades inferiores parecidas.
Con todo, la conciencia de ser ciudadano europeo se vería igualmente impulsada y reforzada, si las campañas electorales se hiciesen en nombre del Partido Popular Europeo y no de modo independiente por los partidos populares de los distintos países. Pongo este ejemplo, porque se trata de los partidos nacionales que de hecho más han avanzado en este aspecto. Pero es obvio que todos los partidos, d cualquier color que sea su ideología, pueden hacer el mismo esfuerzo para unificar su mensaje en unas elecciones europeas.
Y hasta la fragmentación en partidillos ridículos en España se combatiría en la misma medida en que crezca entre nosotros la conciencia de que también votamos como ciudadanos europeos. El desarrollo efectivo de esta conciencia supranacional ayudaría también a superar la mentalidad de vía estrecha que caracteriza nuestra tendencia a crear partidillos con 1 o 2 diputados.
Un distrito electoral único europeo, en vez de las actuales elecciones separadas en cada país miembro, significaría un gran paso adelante hacia una Europa verdaderamente unida. Un avance comparable con el desmantelamiento de las fronteras o la instauración de la moneda única del euro, los dos grandes saltos adelante que ya se han conseguido.
En conclusión, todas las elecciones llevan consigo siempre un componente educativo o didáctico en la formación de nuestra conciencia como miembros pertenecientes a los diversos niveles de la vida civil. Votar por provincias en unas elecciones políticas generales es algo que distorsiona claramente ese componente educativo.