Opinión

La oficina siniestra

TRIBUNA

Jesús Carasa Moreno | Martes 01 de septiembre de 2026

No creo que se haya hecho el verdadero homenaje a aquella gran publicación que fue LA CODORNIZ. Es difícil reconocer lo que significó en aquella posguerra atroz. LA CODORNIZ descubrió, nada menos, que los españoles teníamos dos cejas.

Recientemente he visto una de aquellas viñetas, de Pablo San José, que se titulaban LA OFICINA SINIESTRA, en la que hacía crítica a la burocracia de posguerra y me ha recordado la que tiene este régimen “progresista” y de la que os voy a hablar.

España es como un imán ideológico. Si se emite una idea, sea la que sea, su opinión pública se divide, automáticamente, en dos, una mitad corre a situarse en el polo de la aceptación y la otra mitad en el de la repulsa.

Y no se sabe desde cuando ni por que, cada una de sus mitades se dedica, incesantemente y sin ningún escrúpulo ni objetividad a atacar, descalificar, desmoralizar y si es posible, anular o destruir, el pensamiento, las obras y hasta la existencia de la otra mitad. Españolito que vienes al mundo…..Parece un antiguo castigo, una maldición.

Es la sectarización, una enfermedad incurable. No se sabe de nadie que haya cambiado de un polo a otro drásticamente. Fijaos si será raro y difícil que, históricamente, se señala algún caso, como el de San Pablo. que pasó de aniquilar cristianos a ser uno de ellos. Pero, para eso, el mismo Dios tuvo que obrar el milagro.

Es un arma poderosísima utilizada, con mayor o menor intensidad, en todas partes y en todo tiempo, por los que mandan, para atraer y retener adeptos. Ahora mismo, tenemos el problema de que nuestros gobernantes no sólo no tratan de curar este antiguo vicio nuestro, sino que, desvergonzadamente tratan de fomentarlo y aprovecharlo en su propio beneficio.

Esta es una de las puertas que abrió. el amigo Zapatero, de par en par. La técnica de la captación y conservación de votantes excitando sus sentimientos, odios y pasiones y no su criterio sobre la eficacia en la gestión. Digo de par en par porque, todos los gobernantes, mantienen esa puerta más o menos entreabierta.

Un poco de esperanza representó el mandato de Rajoy, que dedicó sus esfuerzos a la política de gestión/administración para recomponer el Estado que, el amigo Zapatero, había desguazado.

También trató, con su fino humor y su oratoria, de poner en evidencia a los herederos de la fórmula Zapatero. Pero su magistral oratoria era, ya, un leve rocío que no llegaba a calar en aquellos duros y secos terrones.

Y ya, el amigo Sánchez, perdedor de las elecciones, apuesta, por dos fórmulas, vergonzosas, para conseguir el poder y mantenerlo, a toda costa: La compra de votos a las fuerzas nacionalistas y la sectarización, aprendida de su amigo Zapatero, quien, además, le ha insuflado las teorías “progresistas” y “woke”, que trae de Iberoamérica, con las que, el comunismo, intenta darle la vuelta a su derrota.

Aunque es una evidencia, conviene repetir que el amigo Sánchez es una persona extraordinariamente dotada para el mando, para su conquista y retención, pero nada interesado en el bien común, ni en el resultado de su mandato. Solo en su permanencia y en su pasión narcisista.

Es un hombre amoral, que se rodea, desde el principio, de colaboradores sin alma dispuestos a obedecer, ciegamente, sus órdenes. Él, a cambio, deja hacer; pero si te cogen ahí te quedas.

Pero lo que me ha llevado a escribir estas líneas es su fórmula de gobierno para su único objetivo: mantenerse en el poder.

Desinteresado de la gestión, ha desarrollado un gobierno paralelo que, mirando, de reojo, a la veleta de la opinión pública, elabora, cada día, eslóganes, frases, preguntas y contestaciones, que sus ministros e infinitos acólitos y paniaguados se encargan de difundir.

Es un tinglado donde se elaboran los discursos, eslóganes, respuestas, “relatos”, frases de propaganda, de sectorización y demás ruedas de molino con que nos invitan, diariamente a la eucaristía, en los infinitos medios de comunicacion, llenos de paniaguados con la consigna de alimentar al sectarizado y enredar al contrario, con sus sinrazones y energumentos y el “no me interrumpas cuando te estoy interrumpiendo”, embarrando el mensaje del oponente.

Los tiempos cambian; pero la denominación de OFICINA SINIESTRA sigue siendo muy apropiada para este nuevo tinglado.