Opinión

La nada absoluta

TRIBUNA

José María Méndez | Jueves 03 de septiembre de 2026

El concepto o idea de nada absoluta es no existe Dios, no existe este mundo, no existe mundo alguno.

¿Hay en el lenguaje ordinario alguna expresión que permita trasmitir esa idea de una mente a otra? Sí la hay. Se usa la palabra imposible. Y no hay equívocos. Todo el mundo entiende correctamente el alcance de este vocablo. Nada absoluta equivale a la frase es imposible que exista algo.

La dificultad está en que imposible no es una palabra simple. Está compuesta de no y de posible. Se ha formalizado la lógica. La exigencia mínima para un lenguaje riguroso es una palabra simple para cada realidad individual, y sólo una. Hay que excluir las polisemias -varias cosas para una sola palabra- y las sinonimias -varias palabras para una sola cosa-. Y no valen palabras compuestas como imposible. Menos aún nada absoluta, pues se trata descaradamente de dos palabras.

En los idiomas que conozco no existe una palabra simple cuyo significado exacto responda a imposible que exista algo. No es muy arriesgado suponer que tampoco existe esa palabra en todos los idiomas del mundo, tanto vivos como muertos. En realidad, la ausencia de tal vocablo simple sólo se ha hecho notar cuando se ha empezado a filosofar con ayuda de la Lógica formalizada reciente. Nunca antes alguien la había echado en falta en el lenguaje filosófico; no digamos en el ordinario hablado en la calle.

En vista de todo lo cual he propuesto el neologismo latino nullitas como vocablo simple que denote la idea o concepto de nada absoluta. Hace falta una sola palabra simple y sólo una, y que además pueda abreviarse en un símbolo dentro de una formalización. Así pues, se pide al lector que, cuando vea escrito nullitas, haga un esfuerzo por pensar en lo que trasmite la antes mencionada frase es imposible que exista algo.

El paso siguiente es el concepto más familiar de posible, pensado al mismo nivel lógico que el de nullitas. Desde el habitual y corriente imposible se llega a posible por doble negación. Con un negador delante, imposible se convierte en no imposible, o sea, no no posible, y finalmente posible a secas.

Pero si disponemos ya de nullitas, escribimos simplemente no nullitas = posible. Aunque empleamos el habitual signo matemático = , lo que se intenta decir es que nullitas con el negador delante significa en Lógica lo mismo que posible. Y al revés, con el negador delante, no posible equivale a nullitas.

Así pues, posible y nullitas son conceptos antónimos con el negador delante. Y dan lugar a dos igualdades: 1) no nullitas = posible y 2) no posible = nullitas Una vez en posesión de posible, el paso siguiente es llegar al comprometedor pero inevitable concepto de necesario. Todos aceptamos la igualdad de significado entre la frase es necesario hacer esto así y la frase esto no se puede hacer de otra manera. La relación lógica llamada dualidad liga los conceptos de posible y

necesario.

Para enfatizar la importancia de lo que van a afirmar, los políticos italianos suelen comenzar con la expresión non possiamo non dire. Y en lengua alemana, sin duda donde más se ha escrito sobre metafísica, para necesidad y necesario se usan el sustantivo Notwendigkeit y el adjetivo notwendig. Siempre se les atribuye la mayor relevancia filosófica, aunque de manera por fuerza imprecisa, a menos que la lengua alemana ordinaria sea mejorada con la lógica formalizada moderna.

Pero sobre todo, el adjetivo necesario lo atribuimos a Dios como Ipsum Esse, el ser que no ha recibido la existencia de nada ni de nadie, y por tanto la posee en sí mismo. Aristóteles anticipó esta idea cuando habló del motor inmóvil. Detrás de necesario ponemos siempre, implícita o explícitamente, el predicado existe.

Volviendo a lo estrictamente formal, observamos que en la citada igualdad dual no posible no = necesario el negador aparece dos veces, y no una sola vez como al principio. Estamos ante el fundamental vínculo lógico de la dualidad. Como intervienen dos negadores, resultan cuatro igualdades: 1) no posible = necesario no; 2) no posible no = necesario ; 3) posible = no necesario no; 4) posible no = no necesario.

¿Se puede cerrar el ciclo y pasar desde necesario al punto de partida nullitas? Ciertamente. Necesario y nullitas son conceptos antónimos con el negador detrás. Hay dos igualdades: 1) necesario no = nullitas y 2) nullitas no = necesario.

Como siempre, el lenguaje ordinario nos ofrece algo más inmediatamente comprensible: imposible que no suceda es igual a necesariamente sucederá. Eso dice la segunda igualdad. Y en cuanto a la primera, necesariamente no sucederá es lo mismo que imposible que suceda, lo que en lenguaje ordinario equivale otra vez a nada absoluta.

Las anteriores ocho igualdades formales (2+4+2) entre las tres nociones de necesario, posible y nullitas se visualizan cómodamente en un triángulo óntico, por llamarlo así. Sus tres vértices son esos tres conceptos.

Partamos del vértice nullitas. El concepto de nullitas es igual a la vez a no posible y a necesario no. Dos cosas iguales a una tercera son iguales entre sí. Llegamos así al primer caso de dualidad, no posible = necesario no. El lector puede llegar a los otros tres casos de la dualidad partiendo de nullitas no, no nullitas y no nullitas no. Eso le convencerá de la decisiva importancia de que nullitas sea una palabra simple, en lugar de imposible.

Ahondemos un poco más en la dualidad entre necesario y posible. Si explicitamos el afirmador, para lograr una formalización completa, y usamos Ne por necesario y Po por posible, escribiremos así los cuatro casos de la dualidad: 1. (-Po+) = (+Ne-) ; 2. (- Po-) = (+Ne+) ; 3. (+Po+) = (-Ne-) ; 4. (+Po-) = (-Ne+). En todas estas igualdades se dan tres pasos: A) cambiar + por - o al revés. B) cambiar Ne por Po o al revés. C) cambiar + por - o al revés.

Todo lo anterior es enteramente formal. Falta añadir a continuación de estos tríos de símbolos (± Ne/Po ±) alguna noción de tipo material como predicado. Antes se ha propuesto como ejemplo de predicado hacerlo así. Pero se trata ahora de usar como predicado la palabra que siempre se ha tomado como fundamento de la Metafísica, o sea, existir.

Obviamente necesario existe denota lo que desde siempre hemos entendido por la palabra Dios. Observamos enseguida que la frase habitualmente empleada, tanto en el lenguaje ordinario como en el filosófico -Dios existe- resulta ser ambigua por incompleta. Lo correcto es escribir Dios necesariamente existe.

Hablando en general, el carácter de necesario hay que otorgarlo a la totalidad del triángulo óntico y a las ocho igualdades que lleva consigo. En realidad, todo el cálculo lógico formalizado, que ha hecho posibles nuestros ordenadores, debe ser considerado como necesario. Incluso 2 + 2 = 4 y las demás verdades matemáticas merecen el calificativo de necesarias. Este es el sentido amplio del tan usado adjetivo alemán notwendig, antes aludido.

Todo lo anterior, aunque prolijo, era obligado para abordar lo esencial de este artículo.

La frase usada al principio -es imposible que exista algo- se hace falsa por el mero hecho de pensarla, pronunciarla o escribirla. En las tres situaciones existe algo. Así pues, nullitas es una conquista de la máxima importancia en Filosofía, un jalón en la historia del pensamiento. Nullitas, con el negador detrás, es el antónimo de Dios en cuanto Ipsum Esse. Así como la contradicción lógica, con el negador delante, es el antónimo de Dios en cuanto Ipsa Veritas. Por tanto, no debiera sorprendernos el hecho de que gracias al hallazgo de la palabra simple nullitas se pueda llegar a una nueva y válida exposición del famoso argumento ontológico.

En efecto, San Anlselmo se equivocó al creer que la idea de Dios implicaba su propia existencia. Lo mismo que Gödel, cuando intentó formalizar lo que decía San Anselmo, pero sin alterar su erróneo planteamiento. En cambio, no hay error posible al afirmar que la idea de nullitas implica su propia inexistencia. Si existe la idea de nullitas, existe algo, esa idea. El que dice la frase nullitas existe es un ser existente, y contradice ipso facto su afirmación. Lo mismo ocurre si alguien afirmase “imposible que exista algo” es verdad, cuando existen esas cuatro palabras entre comillas.

La Lógica formalizada moderna ha rehabilitado la genial intuición de San Anselmo de una prueba directa de la existencia de Dios. No deja de ser genial, porque no acertara plenamente. De hecho hay que partir de la idea de nullitas, y no de la idea de Dios, como erróneamente pensó San Anselmo.

En nuestros días, lo esencial del argumento ontológico, debidamente planteado, puede presentarse así:

Primera premisa. La idea de nullitas implica su propia inexistencia. nullitas → nullitas no existe.

Segunda premisa. nullitas es el antónimo de Dios con el negador detrás. nullitas = Dios no (antes escribimos nullitas = necesario no) Conclusión: La idea de nullitas acaba implicando la existencia de Dios nullitas → (Dios no) no existe → Dios existe O si se prefiere, la frase necesariamente verdadera nullitas no existe puede ser leída así: (nullitas no) existe, o sea, Dios existe. La via anselmiana no puede ser más directa.

Disponemos por tanto de dos grandes enunciados, que se conectan mediante el coimplicador ↔ .

Dios necesariamente existe Nullitas necesariamente no existe

Las ocho igualdades del triángulo óntico sólo son expresables con exactitud gracias a una palabra simple como nullitas. Por otra parte. la anterior coimplicación permite llegar a dos frases más sencillas, que también se enlazan por el símbolo ↔. Podemos hacer gracia en este último paso del adverbio necesariamente. Tenemos entonces:

Dios no existe nullitas existe

Hemos aplicado la validez lógica (A ↔ B) ↔ (-A ↔ -B).

En conclusión, quien afirma Dios no existe se coloca en el mismo nivel de racionalidad, o de coherencia lógica, que el que afirma nullitas existe. Supongo que es ésta la necedad a que alude el primero de los versículos del Salmo 14: Piensa el necio en su corazón que Dios no existe.